Barcelona tiene un Museo Picasso. Aquí pasó una parte de su adolescencia y se inspiró en su vida aquí para dar vida a algunos de sus cuadros más famosos.
La etapa catalana del pintor, en cualquier caso, no se redujo a su estancia en la capital. El malagueño pudo descubrir otros rincones de Cataluña de los que también quedó prendados y que lo inspiraron a la hora de encontrar su estilo.
Las rutas de Picasso por Cataluña que se escapan de Barcelona, sin embargo, no son de las más conocidas.
El malagueño pasó buena parte de su infancia y juventud en Barcelona y, además, tuvo tiempo de recorrer el territorio para conocerlo, pasearlo e inspirarse.
Cataluña, de punta a punta
Si la época de Gósol fue conocida por el gran trayecto que tuvo que hacer hasta allí, más lo fueron los cuadros que pintó en aquel lugar y que fueron su mejor puerta de entrada en Francia. Su arte llegó a otro nivel. Pero ese no fue el único municipio que le inspiró.
En una de sus visitas a la provincia de Tarragona, el artista dio con un pequeño pueblo catalán, con un importante legado medieval que llegó a inspirarle. Se trata de Horta de Sant Joan.
Primera visita
La primera vez que se acercó allí fue con tan solo 18 años. Iba con su amigo Manuel Pallarès, quien también se dedicaría a la pintura más adelante. Ambos se acercaron hasta la montaña de Santa Bàrbara para pasar allí unos días.
Era 1898, la juventud les desbordaba y las ganas de vivir la vida también. Se alojaron en una cueva de ese paraje que servía de refugio para los pastores de la zona. La experiencia le quedó marcada. Y pintada.
De aquella época son cuadros como La caverna, El mas de Quiquet, La procesión del convento y Mujeres lavando, entre otros, todavía con un estilo poco vanguardista para lo que llegaría a ser.
Una prueba más de la importancia que tuvo aquella primera estancia es que once años después, en 1909, Picasso regresó allí con su novia de entonces, Fernande Olivier. Esta vez, no durmieron en una cueva.
Nueva estancia
La pareja se alojó en el Hostal del Trompet, en la plaza de la Missa. Allí mismo, Picasso alquiló un estudio para trabajar.
Era el desván del panadero del pueblo, Tobies Membrado. Aquel espacio le permitió trabajar durante su segunda estancia en Horta de Sant Joan y desarrollar algunas de las obras que marcarían su evolución artística.
Los cuadros de Picasso
Entre ellas destaca Casas d’Horta. Las calles, casas y plazas del municipio lo inspiraron de una manera poco antes vista.
Ahora, varios facsímiles de aquellas obras, así como fotografías de las dos estancias del artista, se pueden contemplar en el Centre Picasso del pueblo.
¿Pero qué tiene este lugar que hizo tanta mella en el pintor? Para empezar, su ubicación. El municipio se encuentra encaramado a una suave colina. Lo segundo, su entorno, con las grandes extensiones de viñedo de la Terra Alta.
Una vez se pasea por las calles, el visitante se encuentra con una arquitectura que conserva buena parte de su carácter medieval. Sus casas de piedra y sus calles estrechas permiten recorrer a pie el núcleo histórico.
Cómo es el pueblo
Los amantes de la historia y la cultura encuentran también muchos alicientes. Todo el casco antiguo está declarado Conjunto Histórico Artístico. El mismo ayuntamiento, que se puede visitar, es una construcción de estilo renacentista que, en su día, fue una antigua cárcel.
El patrimonio de Horta de Sant Joan no se queda dentro del casco urbano. A unos 600 metros del pueblo se encuentra Lo Parot, un olivo monumental con una antigüedad estimada de unos 2.000 años.
El olivo milenario
Su tamaño y longevidad lo han convertido en uno de los elementos naturales más singulares del municipio.
El árbol está considerado el olivo más antiguo de Cataluña y añade otro capítulo a la historia de un lugar que conserva huellas de épocas muy diferentes.
A poca distancia, la iglesia de Sant Joan Baptista, edificada a finales del siglo XIII en estilo gótico, se alza con sus seis campanas.
Y, obviamente, el Centre Picasso, desde el que parten rutas que recorren los pasos del pintor y permiten conocer los lugares vinculados a sus dos estancias en Horta.
El museo
Entre los caminos para explorar está el que lleva a la Residència Delme. Se trata de un palacio de tres pisos, fortificado y con influencias renacentistas.
En la actualidad es un hogar para una familia, aunque a lo largo de su historia tuvo distintos usos, incluyendo albergar a la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XIV.
Picasso y Horta
Por estas cosas y más, Picasso quedó prendado de Horta de Sant Joan. El pueblo conserva todavía los escenarios que conoció en sus dos estancias.
Así, uno puede pasear por las calles que recorrió el artista, el paisaje que pintó y un patrimonio que permite entender por qué aquel rincón de la Terra Alta terminó ocupando un lugar importante en su trayectoria.
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