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Espacios natuales hay muchos, pero poderlos conocer no siempre es fácil. Pero a veces, no hace falta mucho esfuerzo ni recorrer muchos kilómetros para dar con ellos y desconectar de la civilización cuando se vive en Barcelona.

A poco más de media hora en coche se halla un paraje encantado, digno de un cuento de hadas y duendes.

No son pocos los pequeños que se acercan con sus familias e imaginan a los seres que habitan en el Torrent de Colobrers, uno de los espacios naturales que uno se encuentra en el parque fluvial del río Ripoll, a la salida de Sabadell. Justo antes de llegar a un polígono industrial.

De la ciudad al parque

Sí, los espacios con encanto no tienen por qué estar lejos de zonas urbanizadas. Se puede incluso partir de la iglesia de Sant Vicenç de Jonqueres o de su área de ocio cercana e ir a la vera del río en dirección opuesta a la corriente para entrar en otro mundo.

Puentes, saltos de agua, cuevas, naturaleza salvaje y un camino acondicionado para que disfruten pequeños y mayores hacen las delicias de cualquier familia con ganas de escapar del mundanal ruido.

La ruta

Por el camino ascendente, que no es elevado ni tiene grandes desniveles, uno se encuentra la Font de la Tosca, donde el agua brota por distintas cavidades rocosas. Y, unos pasos más allá, se encuentra un lugar mítico y mágico de la zona, la Roca Foradada.

Se trata de una especie de túnel artificial excavado en la roca hace más de un siglo, por el que la naturaleza perfila un meandro. Son muchos quienes, a lo largo de este tiempo, se han acercado allí para refugiarse de la lluvia o sentarse a meditar. Lamentablemente, esto último ya no se puede hacer.

La misma fuerza natural ha recordado al hombre que no todas sus construcciones son perfectas, a pesar de lo bellas que son. Eso, sumado a alguna acción humana irrespetuosa, ha hecho del lugar una zona insegura y ya no se permite su acceso.

Naturaleza extraña

Sí se puede ver a lo lejos y observar cómo, en los meses más fríos del año, corre el agua por allí. Pero el camino no termina en esta cueva.

La ruta prosigue entre balsas de agua cristalina, pasos de madera y caminos repletos de hojas secas y árboles centenarios que parecen de otro mundo, como el pino de las tres ramas o la fuente de Can Moragues, y hasta un horno preindustrial del siglo XIX usado para hacer materiales para la construcción.

La vuelta

Ya cerrando este camino circular de unos dos kilómetros, uno se encuentra con una construcción declarada Bien Cultural de Interés Local. Se trata de la ermita de Togores, datada del siglo XIV, y la masía anexa que tiene a su lado, Can Pagès Vell.

Una vez dada toda la vuelta, y tras pasar por las ruinas de la casa del Canónigo, construcción del siglo XII, se llega al punto de partida. Un paseo por una naturaleza tan encantada como encantadora, ideal para los amantes de las excursiones fáciles.

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