La ciudad romana que puedes recorrer a pie, Tarragona PEXELS
La ciudad romana que puedes recorrer a pie: es del siglo I a.C. y tiene un espectacular anfiteatro frente al mar
El municipio catalán es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias al extraordinario estado de conservación de muchos de los monumentos de esa época
También te puede interesar: El castillo templario mejor conservado de España: 900 años de historia, batallas y guerreros e ideal para una escapada
Noticias relacionadas
- El mercado ambulante ideal para visitar cada lunes: más de 70 puestos, oportunidades en ropa y casas modernistas
- El refugio de Mario Vaquerizo: 9 kilómetros de playas, más de 100 restaurantes y una gran calidad de vida al lado del mar
- Mario Picazo, meteorólogo: "Se prevé un agosto de calor intenso y muchas tormentas secas"
España debe hasta el nombre a los romanos. A pesar de que griegos, íberos y pueblos prehistóricos habitaron estas tierras, el legado romano es el que más ha quedado impregnado.
Mérida, Barcelona, Sevilla, Cartagena… Las ciudades son varias, pero solo una fue la capital de la Hispania romana: Tarraco.
Conocida ahora como Tarragona, esta capital catalana es hoy un museo al aire libre, un libro de historia que se puede consultar y recorrer a pie.
Su anfiteatro frente al mar, el circo, las murallas, el templo de Augusto… Enumerar algunos de sus vestigios no sirve para hacerse una idea de su belleza.
Importancia de Tarraco
La magnitud de todas estas construcciones, aunque no todas se mantengan intactas, aún impresiona. Son pocas las ciudades fuera de Italia donde se ve algo igual.
Esto se debe a que Tarragona fue una de las ciudades más importantes del Imperio romano en la península ibérica y la primera gran fundación romana en Hispania.
Quién vivió aquí
Una prueba clara es que tanto Adriano como Caius Valerius Avitus y su esposa, Faustina, llegaron a pasar algunos veranos en sus afueras, en la villa de Els Munts.
Era difícil no querer quedarse aquí. Primero, por sus paisajes, llenos de viñedos, de donde extraían los caldos dionisíacos. Después, por el mar, donde establecieron un puerto comercial de vital importancia
Restos del Pretorio romano AYUNTAMIENTO DE TARRAGONA
Todo ello hizo crecer a la vieja Tarraco, que pasó de ser un mero asentamiento militar en el siglo III a.C. a convertirse en la capital de Hispania entre los siglos I y II a.C.
Hoy, 2.000 años después, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias al extraordinario estado de conservación de muchos de los monumentos de esa época.
La joya romana de Tarragona
Las construcciones que aún se mantienen en pie y los cuidados que han recibido han ayudado a ello. Pocos lugares ofrecen, por ejemplo, una imagen tan reconocible como el Anfiteatro Romano de Tarragona.
Esta construcción del siglo II d. C. se levantó junto al mar para acoger algunos de los espectáculos más populares de la época. Aquí se presenciaban combates de gladiadores e incluso luchas con animales salvajes.
Un anfiteatro con vistas
La mayoría de ciudades romanas tenían un espacio así, sí, pero el de Tarragona es especial. Su ubicación, a escasos metros del Mediterráneo, le confiere una espectacularidad que pocos pueden esquivar fotografiar.
Además, en su interior guarda un secreto que pocos conocen. Como el cristianismo quiso acabar con este tipo de espectáculos y la adoración politeísta romana, siglos después se construiría allí, sobre la arena, una basílica visigoda.
Vistas del anfiteatro de Tarragona CANVA
Esta solo fue una base. Posteriormente, una iglesia medieval, cuyos restos todavía pueden contemplarse durante la visita, se erigiría en medio del anfiteatro.
Pero esto es solo el principio. El viaje a pie sigue por las cercanas murallas romanas, consideradas las más antiguas y mejor conservadas de la península ibérica.
El pretorio
Otro de los grandes símbolos de la ciudad es el Pretorio Romano, una torre que permite comprender la organización del antiguo complejo monumental. Todavía se puede acceder a ella, no tanto para defender la ciudad como para disfrutar de una de las mejores panorámicas sobre el casco antiguo y el mar.
Siguiendo intramuros se avista el antiguo circo, del que se conserva buena parte de sus galerías. Hoy se ven integradas bajo edificios y plazas del casco histórico.
El olvidado templo de Augusto
Dentro también estaba el antiguo templo dedicado al emperador César Augusto. Apenas queda rastro de él, ya que los visigodos lo usaron también como base para erigir la actual catedral de Tarragona.
En cualquier caso, este edificio de culto habla también de una figura clave en el desarrollo de Tarraco. El emperador romano descubrió aquí un lugar donde vivir mientras dirigía las campañas militares del norte peninsular.
Exterior del Pretorio Romano TARRAGONA TURISME
En ese tiempo, Augusto no solo vivió aquí, sino que convirtió la ciudad en un destacado centro político, comercial y religioso del Imperio. De ahí también la magnitud de sus construcciones.
Solo hace falta conocer el Foro Provincial romano, del que aún se observan algunos restos. Ocupaba una inmensa superficie distribuida en terrazas que aprovechaban la pendiente natural del terreno.
Más allá de la muralla
Los romanos se extendieron a su voluntad y con todo su poder. Lo revelan también algunas de las construcciones que hoy han quedado en los márgenes de la ciudad, como la ya citada villa de Els Munts.
También, a pocos kilómetros, está el hoy conocido como Pont del Diable, pero que en realidad se llama Acueducto de les Ferreres. Se trata de una obra de ingeniería romana que ayudó a abastecer de agua a la antigua Tarraco.
Pont del diable TARRAGONA TURISME
Ya más lejos están la Necrópolis Paleocristiana, el Arco de Berà, la Torre de los Escipiones o la antigua cantera del Mèdol. Todos ellos integran el Conjunto Arqueológico de Tarraco, reconocido por la UNESCO.
Lo mejor de todo es que, a excepción de estas últimas edificaciones situadas a las afueras de la ciudad, la mayor parte de esta vieja ciudad romana aún se puede recorrer a pie y yendo al Museo Nacional Arqueológico de Tarragona, donde se conservan mosaicos, esculturas, inscripciones, objetos cotidianos y piezas recuperadas durante décadas de excavaciones.
Cómo llegar
Además, no hace falta tener vehículo privado para conocer esta ciudad. Los servicios de la línea R17 de Rodalies y los trenes regionales de Renfe la conectan con el resto de Cataluña. Desde Barcelona solo es una hora y 20 minutos de viaje en tren. Incluso se puede llegar en Avant y AVE en media hora.
Si, aun así, se quiere ir en coche, la AP-7 es la carretera que se ha de tomar. Aunque también puede realizarse el trayecto por la C-32 y enlazar posteriormente con la autopista. En este caso se tarda una hora y diez minutos en llegar.