Nevada en el Vall de Boí

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El rincón de España donde el románico es Patrimonio de la Unesco: 9 iglesias medievales en 45 kilómetros cuadrados

Un conjunto arquitectonico en perfecto estado de conservación situado en uno de los valles de montaña más emblemáticos de Cataluña

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Puede parecer poco espacio; sin ir más lejos, Lleida o Tortosa ocupan más, pero a este rincón de España le bastan 45 kilómetros cuadrados para ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Espacio, paisaje y, sobre todo, mucho arte.

Aquí se concentran nueve iglesias que cambiaron la manera de entender el arte. Nueve ermitas cuyo estilo románico las ha convertido en reconocidas internacionalmente. Algunos de sus frescos se exhiben incluso en Estados Unidos.

El lugar en cuestión es muy conocido por los catalanes: la Vall de Boí, un valle pirenaico de naturaleza deslumbrante y con un museo al aire libre concentrado en pocos pueblos.

En Cataluña ya era conocida su importancia, pero su reconocimiento internacional llegó en el año 2000, cuando la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al conjunto formado por ocho iglesias y una ermita construidas entre los siglos XI y XII.

El románico en su esencia

Hay razones suficientes para ello. Este conjunto se encuentra en un excelente estado de conservación y su integración armónica en un paisaje de alta montaña apenas ha cambiado en casi mil años.

El románico de este valle, además, es de influencia italiana. Se impone el románico lombardo, un estilo procedente del norte del país que se expandió por los condados catalanes durante el siglo XI.

Cómo son las obras

Lo hicieron, en cualquier caso, con producto local: piedra extraída de la zona, trabajada en sillares regulares, y madera para las cubiertas.

Con todo ello se erigieron esbeltos campanarios de torre que sobresalen entre el verde de las montañas y los prados que los rodean.

Iglesia Sant Climent de Taüll

Iglesia Sant Climent de Taüll Centre del Romànic

Su altura fue estratégica más que religiosa. Fueron un faro de vigilancia y defensa del territorio, de allí que presenten varios pisos con ventanas que aumentan en número y tamaño a medida que la torre gana altura.

Casi todas las iglesias y ermitas siguen este estilo, y no son pocas. El conjunto está integrado por los templos de Sant Climent y Santa María de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia d’Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Natividad de la Madre de Dios de Durro, Santa María de Cardet, la Asunción de Coll y Sant Quirze de Durro.

Se parecen mucho entre sí, pero los expertos señalan que cada una de ellas posee una personalidad propia. Aunque, sin duda, comparten el mismo lenguaje arquitectónico.

Hay dos iglesias que son las más icónicas. Una de ellas es Sant Climent de Taüll. Consagrada en el año 1123, es famosa por haber albergado en su ábside central el célebre Pantocrátor, una de las imágenes más icónicas y poderosas del románico europeo.

Se habla en pasado porque este fresco original se encuentra desde hace décadas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Lo trasladaron allí a principios del siglo XX para garantizar su conservación frente al expolio y al deterioro de la zona.

Aun así, el visitante de Taüll puede ver un videomapping que proyecta sobre el ábside las pinturas originales. No es lo mismo, pero permite hacerse una idea de cómo eran.

Pantocrator de Taüll

Pantocrator de Taüll MNAC

A pocos metros está la iglesia de Santa María de Taüll. A diferencia de Sant Climent, esta se ubicaba a las afueras; luego fue el centro del núcleo urbano y eje de la vida comunitaria.

Su interior también albergó importantes ciclos de pinturas murales de gran relevancia artística.

Ya fuera de Taüll está Santa Eulàlia d’Erill la Vall, con un campanario de seis pisos, considerado uno de los más refinados y bellos del valle por sus proporciones.

Por su parte, la iglesia de Sant Joan de Boí tiene el atractivo de sus pinturas murales que representan escenas bíblicas y figuras fantásticas. Cada iglesia tiene, en definitiva, su propia singularidad.

Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici

Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici Boí Taüll

Y a esto se suma otro encanto: la propia Vall de Boí. Se encuentra por encima de los 1.000 metros de altitud y, además, es la puerta de entrada al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Cataluña.

Allí no solo hay grandes árboles y vistas espectaculares, sino más de 220 lagos de origen glaciar, cumbres que superan los tres mil metros de altura y decenas de ríos y riachuelos. El conjunto es perfecto.

Está lejos de las principales capitales catalanas, eso sí. Son unas dos horas de viaje desde Lleida, siguiendo la N-230 en dirección al Pont de Suert. Una vez allí, se toma la carretera L-500, que se adentra en el valle y conecta con los principales pueblos de la zona, como Boí, Taüll o Barruera.

Desde Barcelona, el viaje es más largo, de unas tres horas o tres horas y media. En este caso, se toma la A-2 o la AP-2 hasta Lleida, y desde allí la N-230 hasta el valle.