La iglesia roja de la Garrotxa: del siglo XII, románica y resistente a los terremoto

La iglesia roja de la Garrotxa: del siglo XII, románica y resistente a los terremoto

Viajes

La iglesia roja de la Garrotxa: del siglo XII, románica y resistente a los terremotos

El templo pertenecía a una antigua fortificación medieval de la que no queda ni los restos

Otras noticias: La ruta imperdible al corazón de Cataluña: cascadas de más de 30 metros y piscinas naturales a 40 minutos de Lleida

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

La Garrotxa ya es conocida por su tierra volcánica y sus más de 40 conos dormidos desde hace milenios. No le falta de nada, ni tan solo uno de los hayedos más imponentes de España, la Fageda d’en Jordà. Pero aún hay más.

En medio de este terreno fértil, no solo crece una vegetación espectacular, también se erige un edificio de una belleza imponente. Data del siglo XII y su estilo románico permanece protegido, a pesar de la virulencia de los terremotos que la sacudieron.

Todo se remonta a 1079, cuando los vizcondes de Besalú, Udalard Bernat y su esposa Ermessenda, cedieron una vieja iglesia a la abadía de Sant Víctor de Marsella. Los monjes de la orden benedictina aprovecharon la riqueza de esta tierra para levantar su iglesia.

Lo hicieron usando los materiales del entorno, un terreno rico en basalto que le da un color especial al lugar y, por ende, a esta ermita que aún resiste.

De cuándo es

La iglesia, como el monasterio, se consagró en 1117. Queda poco de él. Una serie de terremotos sucedidos en 1427 y 1428 arrasaron casi toda la comarca, y el conjunto monástico no fue una excepción.

La iglesia, en cambio, sobrevivió. Quién sabe si porque estaba cimentada sobre la roca volcánica, que actuó como amortiguador natural, o por un milagro, como dicen los creyentes.

La iglesia

El claustro, las dependencias de los monjes y el refectorio del monasterio desaparecieron para siempre bajo el peso de la tierra. Pero la iglesia roja permaneció intacta, con sus tres naves, sus tres ábsides y la nave central cubierta por bóveda de cañón apuntada, y quedó como un faro rojo de la historia.

Por su material, pero también por todo el conjunto arquitectónico que alberga, la iglesia fue restaurada en 1991 y declarada Monumento Histórico-Artístico de Interés Nacional. Solo hace falta entrar y comprobarlo.

Iglesia de Sant Joan Les Fonts

Iglesia de Sant Joan Les Fonts

Su estructura de tres naves se organiza bajo una bóveda de cañón apuntada en la nave central, mientras las laterales se cierran en elegantes cuartos de círculo.

Los ábsides, decorados con esas arcuaciones lombardas que los monjes importaron del norte de Italia como quien conserva un recuerdo de familia, dotan al conjunto de una simetría casi musical.

Primeras reformas

Aunque el tiempo y las reformas del siglo XVIII se llevaron por delante uno de los tres ábsides originales, lo que permanece en pie tras la restauración de 1991 es suficiente para entender por qué fue declarada Monumento Histórico-Artístico de Interés Nacional.

Al cruzar el umbral, la sobriedad del románico se ve interrumpida por destellos de una creatividad desbordante. La portalada, con su arquivolta interior decorada con motivos geométricos, sirve de preludio a un interior donde la piedra parece cobrar vida.

Los detalles

Los capiteles son un catálogo del imaginario medieval: máscaras humanas que asoman entre el follaje, cabezas de león de mirada fija y rostros grotescos que parecen vigilar al fiel.

La única pega es su Cristo. No es original, sino una réplica del que hubo en su día. Su valor artístico era tal que, tras sobrevivir a los saqueos de la Guerra Civil, se decidió preservarlo en un espacio seguro.

Desde 1979, esta figura sagrada original se encuentra en el Museu d'Art de Girona, donde ahora se exhibe para el visitante y amante del arte.

Pero si hay una pieza que reclama el protagonismo absoluto, esa es la pila bautismal. De dimensiones imponentes, esta joya del siglo XII presenta una cenefa trenzada y personajes tallados que la convierten en uno de los tesoros escultóricos más importantes de Cataluña.

Cómo llegar

Uno puede acercarse a verla. Está a solo una hora de Girona, yendo por la C-66 en dirección a Besalú y, una vez allí, seguir por la A-26 hacia Olot. Tras pasar Castellfollit de la Roca, basta con tomar la salida hacia Sant Joan les Fonts y seguir las indicaciones hasta la iglesia.

Desde Barcelona, el viaje alcanza la hora y media o una hora y cuarenta y cinco minutos, dependiendo del tráfico. La ruta más directa es salir por la AP-7 en dirección Girona y tomar la salida hacia Banyoles-Olot para ir por la C-66.