Ruta y Cesc Escolà

Ruta y Cesc Escolà CG

Viajes

La ruta favorita de Cesc Escolà con espectaculares paisajes: miradores, cascadas y saltos de agua de hasta 25 metros

Se encuentra en Osona, una de las comarcas del interior de Cataluña, y es una de las más atractivas para quienes buscan itinerarios tranquilos

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A poco más de una hora de Barcelona, el paisaje cambia por completo. El ruido urbano deja paso a bosques, riscos y pueblos de piedra donde el tiempo parece avanzar más despacio. En ese escenario se encuentra Osona, una de las comarcas del interior de Cataluña más atractivas para quienes buscan naturaleza, miradores y rutas tranquilas.

Ese ha sido el destino elegido por Cesc Escolà, entrenador conocido por su participación en Operación Triunfo y otros formatos televisivos. El divulgador de bienestar ha decidido aparcar por un día los entrenamientos intensos y las agendas apretadas para disfrutar de una escapada pausada.

Y lo ha hecho acompañado de alguien muy especial: su madre, África, de 71 años, con quien suele compartir actividad física en redes sociales y con quien esta vez ha recorrido algunos de los paisajes más emblemáticos de la zona.

Inicio de la ruta

El punto de partida de la ruta es Tavertet, un pequeño municipio situado en el macizo del Collsacabra. Rodeado de bosque mediterráneo y asomado a impresionantes acantilados, este pueblo conserva intacto el encanto de las antiguas villas de montaña.

Sus casas de piedra, muchas de ellas levantadas entre los siglos XVII y XVIII, se alinean en calles estrechas y empedradas que invitan a pasear sin prisa.

En el centro destaca la iglesia románica de Sant Cristòfol, uno de los elementos patrimoniales más representativos del municipio. Con apenas un centenar de habitantes, ofrece un ambiente tranquilo que contrasta con el ritmo de las grandes ciudades.

Preciosos miradores 

Desde el núcleo urbano parten varios puntos panorámicos que permiten contemplar algunos de los paisajes más espectaculares de Osona. Entre los más conocidos se encuentran el Mirador del Silenci, el Morro de l’Abella o el mirador de Vilanova de Sau, cada uno con una perspectiva distinta sobre el entorno natural.

Este último, situado a unos diez minutos en coche, se abre hacia el embalse de Sau, uno de los lugares más icónicos del interior de Cataluña. Desde allí se obtiene una vista privilegiada del pantano y de la silueta que lo ha hecho famoso: el campanario de una iglesia que sobresale entre las aguas.

Bajo el agua

La imagen del campanario emergiendo del embalse es mucho más que una postal turística. Forma parte de la historia del antiguo Sant Romà de Sau, un pueblo que quedó inundado cuando se construyó la presa del pantano hace seis décadas.

El proyecto obligó a sus habitantes a abandonar sus casas, aunque algunos resistieron durante meses antes de marcharse definitivamente. Bajo el agua quedaron las calles del antiguo núcleo urbano y también un puente románico que atravesaba el río Ter.

La iglesia de Sant Romà, levantada en el año 1062, es el único elemento que aún puede verse parcialmente cuando el nivel del pantano desciende. Más de mil años después de su construcción, el templo se ha convertido en uno de los símbolos paisajísticos más conocidos de la provincia de Barcelona.

Deportes y naturaleza

El entorno del pantano de Sau ofrece numerosas opciones para quienes desean explorar el territorio de forma activa. Durante los meses de verano, el Club Nàutic Vic-Sau organiza actividades como rutas en kayak o canoa, además de propuestas deportivas como windsurf o esquí acuático.

Para descubrir la comarca sobre tierra firme también existen itinerarios de BTT o nordic walking, organizados por empresas especializadas en turismo activo. Y quienes buscan una experiencia diferente pueden contemplar el paisaje desde el aire gracias a los vuelos en globo de Aircat, que permiten observar desde las alturas la plana de Vic, el embalse y el monasterio románico de Sant Pere de Casseres, situado en un meandro del río Ter.

Cascadas y senderos

Los alrededores de Tavertet también esconden varios saltos de agua, especialmente vistosos tras periodos de lluvia o durante el deshielo. Uno de los más conocidos es el salto de Tirabous, situado a unos dos kilómetros del pueblo y con una caída de aproximadamente 25 metros.

En épocas de abundante agua, el salto del Molí Bernat, en el barranco del arroyo Balà, se convierte en otro de los enclaves más llamativos del entorno. A ellos se suman otros parajes naturales como la Foradada, l’Oabeurador, el salto del Pozo de los Demonios o el Tornall, pequeñas joyas naturales escondidas entre bosque y roca.