La sorprendente reconversión de una masía catalana en un singular hotel sostenible

La sorprendente reconversión de una masía catalana en un singular hotel sostenible LA GARRIGA DE CASTELLADRAL

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Del vino y el aceite al spa: la sorprendente reconversión de una masía catalana en un singular hotel sostenible

Entre los siglos XVII y XIX, la finca fue un importante centro de producción agrícola

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La gente de ciudad sabe muy bien que, por mucho spa urbano que haya, cada tanto es necesario salir. En Barcelona, opciones hay. Muchas.

Una de ellas es una vieja masía medieval con siglos de historia que ha cobrado una nueva vida. Se ha reconvertido en una casa rural, como viene siendo habitual, pero también en un auténtico ecohotel, con spa incluido.

Este alojamiento capta cada vez más la atención de los viajeros y las revistas especializadas le empiezan a dar visibilidad. Y no es casualidad, ya que destaca por varias características.

En primer lugar, por su emplazamiento. El alojamiento se encuentra a solo una hora de Barcelona, en el pequeño núcleo de Castelladral (Bages).

Pueblo pequeño

El pueblo en sí ya invita a pausar el ritmo. Aquí viven poco más de medio centenar de habitantes, cuyo tempo pausado contrasta con el frenesí urbanita.

Se mantiene intacto el ritmo del mundo rural y se erige esta masía como un nuevo templo de la calma: La Garriga de Castelladral.

Paisaje

El hotel se alza sobre una colina desde la que se dominan amplias vistas del paisaje central catalán. La silueta de Montserrat se dibuja perfectamente en el horizonte en los días claros.

Su entorno es el de los bosques y montañas del Bages, los campos de cultivo y los caminos rurales por los que suelen perderse excursionistas ocasionales y senderistas experimentados.

Piscina de La Garriga de Castelladral

Piscina de La Garriga de Castelladral LA GARRIGA DE CASTELLADRAL

Allí, hace ya centenares de años, se construyó La Garriga de Castelladral, una antigua masía catalana de origen medieval, documentada desde hace siglos y dedicada tradicionalmente a la actividad agrícola.

Entre los siglos XVII y XIX, la finca fue un importante centro de producción de vino, aceite y cereales. Esta actividad definió la distribución de los espacios y todavía hoy se percibe en la arquitectura del conjunto.

Familia

A pesar de que ahora luce como hotel, sus actuales dueños siempre han tenido claro cuál es su factor diferencial: la autenticidad de la casa y la conservación de las tradiciones.

Este fue el objetivo de la familia Roca Barbé, que adquirió la propiedad tras permanecer largos años abandonada.

Sostenibilidad

Los propietarios emprendieron un ambicioso proyecto de restauración debido al estado del inmueble, pero siempre fueron respetuosos con la identidad original del edificio.

Este proceso de rehabilitación dio lugar a un hotel rural con encanto que combina patrimonio, confort y una clara vocación de sostenibilidad; de ahí su condición de ecohotel.

Para empezar, aquí no hay mucha gente. Actualmente, La Garriga cuenta con 20 habitaciones, lo que limita el número de huéspedes. No se trata de explotar el lugar.

Quienes se alojan aquí perciben ese trato cercano. Ayuda el personal, pero también el hecho de que cada dormitorio sea diferente.

Cómo son las habitaciones

Las habitaciones están distribuidas de forma discreta en las antiguas dependencias de la masía.

La decoración apuesta por materiales naturales, muebles restaurados y una paleta cromática sobria que crea espacios cálidos y acogedores.

Instalaciones

En cuanto a las instalaciones, el hotel aprovecha espacios históricos y los reinterpreta con nuevos usos. Uno de ellos es la Era.

Este espacio, que en la Edad Media servía para trabajar el grano, es hoy una amplia explanada de más de 400 metros cuadrados que funciona como zona de descanso y mirador natural.

Restaurante de La Garriga de Castelladral

Restaurante de La Garriga de Castelladral LA GARRIGA DE CASTELLADRAL

Junto a ella se encuentra el antiguo pajar, reconvertido en el comedor principal del hotel. En este espacio luminoso, la gastronomía ocupa ahora un papel central.

La antigua almazara, donde se producía el aceite, se ha transformado en una sala de estar que conserva elementos originales como el molino de piedra y la prensa, integrados en la decoración.

La bodega

Por su parte, la bodega histórica, que aún alberga antiguas barricas, hace ahora las funciones de bar y punto de encuentro, una manera diferente de mantener viva la memoria vinícola de la masía.

Por último, está la biblioteca, un espacio íntimo, acogedor y lleno de libros por descubrir. Tonos cálidos y una decoración austera invitan a los huéspedes a sentarse, descansar y leer.

Calma y spa

Así, cada estancia explica de forma silenciosa el pasado productivo del edificio, sin renunciar al lujo, al confort ni al bienestar.

La Garriga de Castelladral propone una experiencia centrada en la calma y la vida saludable, de ahí que disponga de un spa ubicado en antiguas dependencias agrícolas.

El hotel ofrece circuitos de agua con piscina jacuzzi, sauna, baños de vapor y duchas sensoriales, a lo que se suman tratamientos corporales y masajes.

La gastronomía es otro de los pilares del proyecto. El restaurante apuesta por una cocina basada en el producto de proximidad, con ingredientes de temporada y una clara influencia del recetario tradicional catalán, reinterpretado con sutileza.

Muchos de los productos proceden del entorno inmediato o del propio huerto del hotel, reforzando la conexión entre paisaje, cocina y territorio. Y es que la sostenibilidad es otro de los sellos de identidad del alojamiento.