Vista aérea de varias mansiones

Vista aérea de varias mansiones PEXELS

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La ruta de las mansiones de la costa del Maresme: un paseo por antiguas embajadas convertidas en casas de lujo

La tragedia de la Guerra Civil provocó el traslado de los cuerpos consulares fuera de Barcelona

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No se entra, pero solo con ver las fachadas uno ya puede imaginarse quién vive y quién vivía allí. Son auténticas mansiones y se encuentran repartidas por varios pueblos costeros del Maresme.

Tal vez eso ha propiciado que estos municipios tengan la fama de ser los rincones más pijos de la costa de Barcelona. Aunque tiene una explicación. En parte, trágica.

Durante la Guerra Civil, Barcelona se convirtió en uno de los principales objetivos de los bombardeos aéreos. Entre 1937 y 1938, los ataques se intensificaron hasta alcanzar su punto más dramático en marzo de 1938.

La capital catalana sufrió miles de víctimas y graves daños materiales. La inseguridad en la retaguardia llevó a una decisión poco conocida: movilizar embajadas y consulados extranjeros fuera de Barcelona.

Dónde están

Fue entonces cuando embajadores y cónsules buscaron refugio en la costa del Maresme. Los lugares elegidos fueron Sant Andreu de Llavaneres, Sant Vicenç de Montalt, Arenys de Mar, Premià de Dalt y, sobre todo, Caldes d’Estrac.

Estos pueblos, ahora convertidos en ciudades, se transformaron. Casi de la noche a la mañana, devinieron inesperadas y auténticas capitales diplomáticas.

Cómo son

Cumplían todos los requisitos: estaban bien comunicados por carretera, tren y mar, contaban con un parque de viviendas señoriales y se encontraban lejos de objetivos militares.

Muchas de aquellas residencias, levantadas como casas de veraneo de la burguesía, pasaron a ser embajadas. Las calles de estos pueblos empezaron a vestirse con las banderas de distintos países y, décadas después, todavía se mantiene ese halo de lujo.

Can Bastos, en la Ruta de las embajadas del Maresme

Can Bastos, en la Ruta de las embajadas del Maresme

Hoy, en el Maresme no quedan embajadas ni consulados. La mayoría de esas antiguas sedes diplomáticas han recuperado su función residencial o se han reconvertido en hoteles, equipamientos o viviendas de alto nivel.

En cualquier caso, el lujo se respira. Son muchas las personas que acuden a estos municipios para ver estas increíbles mansiones y la comarca ha elaborado la llamada Ruta de las embajadas.

Cómo seguir la ruta

No hace falta hacerla a pie: se puede ir en coche y conocer su historia. Recorrer este itinerario es, en realidad, una forma singular de leer la historia del Maresme.

De todos los municipios hay uno que destaca por encima del resto: Caldes d’Estrac. Este pueblo, ya conocido por sus aguas termales, fue uno de los principales focos de este traslado.

Caldes d’Estrac, epicentro diplomático

Allí se concentraron consulados y embajadas de países como Francia, el Reino Unido, Costa Rica, Bulgaria, Países Bajos, Argentina o Dinamarca.

En pleno centro del municipio todavía se encuentra Can Bastos, un edificio neoclásico de 1880 situado en la calle Major, que fue residencia del cónsul francés tras los bombardeos de Barcelona.

Interior de Can Boada

Interior de Can Boada

La embajada, en cambio, se situó en una zona más elevada del municipio, en Can Marcelino Coll, un chalet de estilo colonial construido en 1917, rodeado de jardín y orientado al sur. Desde este enclave se coordinaron repatriaciones y evacuaciones durante los momentos más críticos de la guerra.

Muy cerca, Can Boada, también conocida como Can Sans, una casa del siglo XVIII, albergó la embajada de Costa Rica.

Embajada trasladad

El Reino Unido tuvo una presencia especialmente destacada. La embajada ocupó las Torres Garriga y Mercè, dos casas gemelas de estilo neoclásico afrancesado frente al mar, en el paseo marítimo.

Posteriormente, la embajada británica se trasladó a Can Soler, también conocida como Sol i Mar, una imponente finca noucentista situada sobre un acantilado, con vistas privilegiadas al Mediterráneo. Hoy, esta antigua embajada es una de las residencias más exclusivas de la zona.

También en Caldes se instaló la embajada neerlandesa. Fue en la singular Casa de Fusta, una construcción trasladada desde la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Su estructura de madera y su origen efímero la convierten en una de las piezas más curiosas de esta ruta histórica.

Sant Andreu de Llavaneres

Siguiendo hacia el norte, Sant Andreu de Llavaneres concentró varias delegaciones diplomáticas de primer orden. Allí se establecieron las embajadas de Estados Unidos, Bélgica y Bolivia, entre otras.

La Torre Gran, una gran casa de veraneo edificada en 1909, fue sede de la embajada estadounidense tras varios traslados forzados durante la guerra. Hoy funciona como hotel, manteniendo buena parte de su estructura original.

Torre Gran de Sant Andreu de Llavaneres

Torre Gran de Sant Andreu de Llavaneres WIKIPEDIA

Su arquitectura ecléctica, con tribunas, patios y jardines, refleja el lujo de las residencias que acogieron a diplomáticos en el Maresme. Unos espacios que el nuevo alojamiento para turistas todavía mantiene.

Muy cerca se encuentra Casa Romanyà, una torre modernista rodeada de jardín, que albergó la embajada de Bolivia. Y en el paseo Verge de Montserrat se sitúa Can Rivière, una masía del siglo XVIII que fue cedida a la embajada belga por orden directa de la Generalitat.

Sant Vicenç de Montalt y Arenys

En Sant Vicenç de Montalt destacan también Can Pellicer, que alojó la embajada de Suecia, y Can Valls, utilizada por la embajada francesa en la fase final de la guerra.

Arenys de Mar acogió la embajada de Brasil en Villa Carmen, una casa de veraneo aislada, con torre mirador y jardín, construida entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Premià

Durante la guerra, la finca no solo funcionó como sede diplomática, sino también como espacio de ayuda humanitaria, con comedores infantiles impulsados por el propio embajador brasileño.

En Premià de Dalt, Panamá se adelantó al resto de países y estableció su embajada en Castelldaura, también conocida como Villa Trias.

Se trata de un edificio ecléctico del siglo XIX, con un gran jardín y vistas abiertas, hoy convertido en una de las propiedades más emblemáticas del municipio.

Villa Carmen de Arenys de Mar

Villa Carmen de Arenys de Mar DIPUTACIÓN DE BARCELONA

De embajadas a casas de lujo

Lo que une a todas estas fincas no es solo su pasado diplomático, sino su evolución posterior. Finalizada la Guerra Civil, las delegaciones extranjeras abandonaron el Maresme y estas casas regresaron a manos privadas o a nuevos usos.

Algunas se transformaron en hoteles, otras en equipamientos, pero muchas se consolidaron como viviendas de alto nivel.

Patrimonio

Hoy, estas mansiones forman una ruta patrimonial discreta pero fascinante. Tampoco hay un mapa claro que se pueda seguir a pie.

En las mansiones no hay placas oficiales ni banderas ondeando. En cambio, sus fachadas, jardines y ubicaciones privilegiadas siguen hablando de poder, representación y estrategia.

Historia de Cataluña

Pero aquí no se trata de envidiar o admirar la riqueza de esas mansiones o de las personas que viven allí. Seguir la Ruta de las embajadas implica conocer la historia de Cataluña y las consecuencias de la guerra.

Hubo quienes acabaron en las cunetas, otros en el exilio, los hubo que no sobrevivieron. Los embajadores, por su parte, encontraron su lugar. Y lo hicieron en estas tranquilas localidades que, de manera inesperada, se convirtieron en refugio diplomático y hoy albergan algunas de las casas más codiciadas del litoral catalán.