Acabamos de guardar los turrones y la mayoría de los catalanes ya ha vuelto a la oficina con una pestaña del navegador abierta discretamente en el calendario laboral. Es un ritual de enero tan sagrado como las rebajas: buscar cuándo caen los próximos puentes para sobrevivir mentalmente a la cuesta de invierno. Sin embargo, al revisar los meses finales del año, muchos se están llevando una sorpresa desagradable.
Existe una fecha en concreto que en Cataluña se da por garantizada, un escudo protector contra el estrés laboral que suele alargar la Navidad. Pero la matemática de los días tiene sus propios caprichos y este 2026 ha decidido jugar una mala pasada a los trabajadores con jornada estándar de lunes a viernes. El calendario viene con letra pequeña y nos roba una jornada de descanso que dábamos por segura.
Caprichos del calendario
El gran robo de este año tiene nombre y apellidos: Sant Esteve. Efectivamente, el tradicional 26 de diciembre, segundo plato fuerte de la Navidad catalana, cae en sábado este 2026. Al ser un festivo autonómico no recuperable en muchas empresas, la coincidencia con el fin de semana supone, a efectos prácticos, la pérdida de un día libre para el grueso de los oficinistas y trabajadores de la administración.
Una mujer mira un adorno de Navidad
Este detalle, aparentemente menor, rompe la dinámica habitual de las fiestas en Cataluña. Acostumbrados a encadenar el día de Navidad (25) con Sant Esteve (26), creando a menudo puentes de cuatro días o fines de semana extralargos, este año la celebración se verá truncada. El día 25 será viernes —ese festivo sí se salva—, pero el sábado 26 nos devolverá a la realidad del calendario ordinario.
Duelo gastronómico
La pérdida de Sant Esteve como festivo entre semana duele más en Cataluña que en el resto de España, donde este día es laborable. No es solo una cuestión de descanso, sino de logística familiar. Es el día de los canelones, de la reunión con la otra parte de la familia y de la sobremesa infinita. Que caiga en sábado no impide la celebración, pero elimina la sensación de regalo extra que suele tener esta fecha.
Una persona marca un festivo en el calendario
Para el sector servicios y el comercio, el impacto es diferente, pero para la economía doméstica del trabajador asalariado, el 2026 se presenta como un año algo más exigente en su recta final. La sensación de perder este baluarte de la identidad catalana se suma a que el día 1 de enero de 2027 caerá en viernes, lo que nos hace mirar con lupa el resto del calendario en busca de compensaciones.
Pequeñas compensaciones
No todo son malas noticias en la hoja de ruta del 2026. Si bien diciembre nos falla, el resto del año ofrece oportunidades interesantes para la llamada "ingeniería vacacional". La compensación más inmediata llega con la Semana Santa, que este año cae relativamente temprano, a principios de abril, permitiendo un respiro tras un trimestre invernal largo.
Además, hay otro festivo intocable que sí juega a nuestro favor: la Diada del 11 de septiembre. En 2026, la fiesta nacional de Cataluña caerá en viernes. Esto garantiza un fin de semana largo de tres días automáticos sin necesidad de gastar días de vacaciones, un bálsamo perfecto para suavizar el síndrome postvacacional de septiembre.
Ingeniería vacacional
Para los barceloneses, hay una carta extra en la manga: La Mercè (24 de septiembre). Este año caerá en jueves, lo que abre la puerta a uno de los puentes más golosos del año para quienes puedan pedirse el viernes 25, convirtiendo una fiesta local en cuatro días de desconexión total antes de afrontar el otoño.
Aunque perder Sant Esteve como día libre entre semana es un golpe moral para la tradición del descanso navideño, el 2026 exige estrategia. Toca marcar en rojo los viernes festivos y aprovechar al máximo las escapadas de primavera, asumiendo que, al menos por esta vez, los canelones se comerán en sábado.
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