Bodega Güell

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La joya olvidada de Gaudí a 30 minutos de Barcelona: una catedral del vino levantada en el año 1.895

Este complejo de estética neogótica y aire de fortaleza medieval fue el laboratorio de pruebas donde el genio ensayó las técnicas que definirían su obra cumbre

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De todos los mecenas que impulsaron la carrera de Antoni Gaudí, la familia Güell ocupa el trono indiscutible. Estos burgueses ejercieron como los auténticos Medici de Cataluña y ofrecieron al arquitecto de Reus un presupuesto ilimitado junto a una libertad creativa absoluta para desafiar la lógica constructiva de su tiempo.

Gracias a esta simbiosis nacieron iconos mundiales como el Park Güell o el Palau Güell, hoy saturados de turistas. Sin embargo, la relación entre el magnate y el genio dejó otras obras arquitectónicas mucho menos conocidas que permanecen esparcidas por la geografía catalana y eclipsadas por la fama de la Sagrada Familia.

Capricho burgués

Una de las más fascinantes se levanta en un lugar improbable, al borde de un acantilado y encajonada entre la carretera y la montaña. Se trata de las Bodegas Güell, un deseo personal del patriarca Eusebi que soñaba con elaborar su propio vino frente al mar y lejos de la tradición vitivinícola del Penedès.

Esta es la obra más desconocida de Gaudí, la bodega Güell

Esta es la obra más desconocida de Gaudí, la bodega Güell WIKIPEDIA

Para encontrar esta joya hay que alejarse del asfalto urbano y adentrarse en el corazón del Garraf, concretamente en la antigua finca La Cuadra. Allí proyectó Gaudí en 1895 un edificio que rompe los esquemas de lo que entendemos por modernismo, pues se aleja del color para abrazar la severidad de la roca.

Mimetismo total

Lejos de la explosión cromática habitual, aquí reina la piedra caliza grisácea extraída del mismo terreno. La voluntad del arquitecto era lograr una fusión perfecta con el entorno árido del macizo, de tal manera que el edificio pareciera haber brotado geológicamente de la propia montaña en lugar de ser una construcción humana.

La estructura resulta imponente a la vista. Con un perfil frontal piramidal y cubiertas de gran verticalidad, el edificio recuerda más a una fortaleza medieval o a una tienda de campaña militar hecha de roca que a una bodega, todo ello bajo un aire neogótico suavizado por las curvas que anticipaban el futuro.

Autoría debatida

Durante décadas, una sombra de duda ha planeado sobre estas piedras y ha alimentado debates académicos. Muchos historiadores atribuyeron la obra a Francesc Berenguer, la mano derecha y discípulo más aventajado del maestro, bajo el argumento de que Gaudí solo supervisó el proyecto sin mancharse las manos.

Bodegas Güell

Bodegas Güell Arquitectura Catalana

Sin embargo, los documentos históricos no mienten. El Arxiu Històric de Sitges custodia el plano original del proyecto y en él aparece una única y firme rúbrica, la de Antoni Gaudí. Aunque es probable que Berenguer ejecutara gran parte del trabajo técnico, la concepción genial del espacio lleva el ADN inconfundible del genio.

Laboratorio técnico

Visitar las Bodegas Güell es ver a Gaudí ensayando para el futuro. El edificio de cinco plantas está repleto de soluciones innovadoras como los arcos parabólicos o la asombrosa capilla del piso superior, cubierta con una bóveda catenaria que actúa como un mirador espiritual hacia el Mediterráneo.

También sorprenden los matacanes y las formas defensivas que otorgan al conjunto ese aire de castillo inexpugnable. Por desgracia, el negocio vinícola de Eusebi Güell fue un desastre, pues la cercanía excesiva al mar y la salinidad del ambiente estropeaban los caldos y los volvían imbebibles.

Ruta costera

Llegar hasta este monumento a la estética es sencillo, aunque requiere atención. Quienes opten por el vehículo privado deben tomar la mítica C-31, conocida popularmente como la carretera de las Costas del Garraf. El edificio aparece imponente a mano derecha si se circula en dirección a Sitges, justo en el kilómetro 24.

Para los que prefieran el transporte público, la opción más sostenible es la línea R2 Sud de Rodalies hasta la parada de Garraf. Desde el pueblo costero se puede caminar con precaución unos quince minutos hasta la entrada del recinto, que actualmente alberga un restaurante y permite disfrutar de la arquitectura mientras se come, manteniendo vivo el legado de Gaudí frente al mar.