Chachi experiences
Miguel Xurigué y el crecimiento de Chachi en el ecosistema de movilidad compartida
La aplicación de realidad aumentada que el emprendedor puso en marcha desde Barcelona y recompensaba a quien los capturaba, una idea que exploró la intersección entre lo real y lo virtual años antes de que el metaverso la situara en el centro del debate tecnológico
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Cuando el cruce entre el entorno real y los contenidos digitales todavía era un terreno reservado a los grandes estudios internacionales, el emprendedor Miguel Xurigué puso en marcha desde Barcelona una aplicación de realidad aumentada que buscaba precisamente eso.
Aquella propuesta llegó en un momento en el que la intersección entre lo físico y lo virtual apenas empezaba a explorarse fuera de las grandes compañías tecnológicas. El desarrollo demostró que también desde el ecosistema emprendedor español podían surgir productos capaces de moverse en ese campo, y lo hizo con una idea reconocible pero ejecutada con recursos propios, lejos de la infraestructura de los estudios internacionales que dominaban entonces el sector.
La apuesta temprana de Miguel Xurigué por la realidad aumentada
El planteamiento de Chachi partía de un principio sencillo de enunciar y difícil de ejecutar bien. Dentro de la mecánica del juego, el proyecto creado por Miguel Xurigué sumó un componente solidario poco habitual en desarrollos de este tipo. Parte de la actividad de los usuarios quedaba vinculada a causas dedicadas al cuidado del planeta, de modo que el incentivo del juego conectaba con un propósito que iba más allá de la recompensa individual. En un entorno donde el entretenimiento digital no solía asociarse a fines de impacto social, aquella decisión aportaba a la aplicación una identidad diferenciada y un sentido añadido a la experiencia.
El recorrido de la app también refleja la manera de trabajar de su creador. La misma curiosidad que llevó a Xurigué a interesarse por la tecnología, después de una etapa profesional dedicada al comercio electrónico de moda, se tradujo en un producto pensado para que el usuario lo entendiera sin necesidad de manuales. Ese criterio, el de construir desarrollos accesibles y comprensibles de forma intuitiva, atraviesa buena parte de los proyectos que el emprendedor abordaría más adelante.
Del reconocimiento académico a la conversación sobre el metaverso
El trabajo de Miguel Xurigué con Chachi despertó interés más allá del ámbito comercial. El Gabinete de Tele-Educación de la Universidad Politécnica de Madrid analizó la aplicación por su potencial educativo y la describió como un desarrollo español que sumaba gamificación a la realidad aumentada, con utilidad para disciplinas como la arquitectura, la historia, el arte, la literatura o las ciencias. En aquel análisis, la comparación con experiencias como Pokémon GO ayudó a situar el producto dentro de una corriente tecnológica reconocible y a subrayar su valor por encima del simple entretenimiento.
El reconocimiento académico llegó cuando la realidad aumentada empezaba a ganar tracción, pero antes de que la mezcla entre lo físico y lo virtual ocupara el lugar central que tendría después. Años más tarde, la conversación sobre el metaverso pondría en primer plano exactamente el tipo de intersección que la aplicación había explorado en su día, lo que convierte su recorrido en una referencia temprana al hablar de innovación tecnológica española.
Visto con perspectiva, el proyecto encaja dentro de una manera de emprender que Xurigué ha mantenido a lo largo de su carrera, marcada por identificar terrenos incipientes antes de que se consoliden y por trabajarlos con productos comprensibles para el usuario final. Esa lógica de anticiparse a tendencias todavía poco exploradas y traducirlas en soluciones accesibles resume bien la forma en que el emprendedor concibió la aplicación en su momento.
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