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Sira Vilardell, vicepresidenta de ECAS / (Luis Miguel Añón / Crónica Global)

Sira Vilardell (ECAS): “Tenemos una desigualdad estructural que no hemos sido capaces de revertir"

La vicepresidenta de la federación de entidades sociales advierte de que las políticas públicas deben ir dirigidas a la prevención y no solo responder cuando hay situaciones de emergencia

15 min

ECAS es una federación de entidades de acción social que trabajan con personas en riesgo y exclusión social, una situación que afecta a una de cada cinco personas en Cataluña. Sira Vilardell, vicepresidenta de ECAS y portavoz en temas de pobreza, protección social y garantía de rentas, advierte en una entrevista con Crónica Global de que las políticas públicas deben ir dirigidas hacia la prevención y reducir el laberinto de ayudas que contribuyen a estigmatizar a estos colectivos. ECAS, que asesora desde hace años al Gobierno catalán, agrupa a 114 plataformas y atiende a 966.140 personas.

 

--Pregunta: Un reciente informe de ECAS [se puede leer en este enlace] demuestra que la pobreza crece en Cataluña, pero el PIB también. ¿Cómo es posible?

--Respuesta: El dato importante son los índices de desigualdad y eso lo vemos desde hace muchos años. Aumentan los índices de pobreza, pero también un sector de la población acumula riqueza. Hay una distancia mayor entre ese sector reducido y una gran masa de población que aumenta su situación de vulnerabilidad. Tenemos índices de desigualdad cada vez mayores. Y van creciendo progresivamente. Son muchas las personas que van pasando por una situación de dificultad. Cada crisis que tenemos está impactando siempre en las personas con más factores de vulnerabilidad, pero no en las que tienen un mayor poder adquisitivo. Estamos hablando de personas inmigrantes, excluidos del mercado de trabajo, jóvenes, mujeres… siempre impacta en la misma porción de población que tiene más factor de vulnerabilidad.

--¿Cuáles son las causas?

--Hay factores muy estructurales. Cuando hay una crisis o una situación de emergencia, como hemos visto en la pandemia, se profundizan estas situaciones. Pero hay una base muy estructural donde existe esa desigualdad, situaciones que no hemos podido revertir y que a pesar de que tenemos datos económicos de crecimiento, estas situaciones continúan muy latentes y no somos capaces de revertir. No hemos hecho políticas muy transformadoras. Lo que hace falta son políticas de prevención que identifiquen estas situaciones. Ver por qué tenemos un mercado de trabajo que excluye a determinadas personas, con una brecha salarial que perjudica a las mujeres, y no hemos sido capaces de reducirla, sino al contrario, estamos en una brecha salarial elevadísima. Tenemos un sistema de protección social que siempre deja fuera a las mismas personas, a las personas más vulnerables. Ahí es donde tenemos que poner el objetivo y establecer políticas de prevención de situaciones que forman parte de un modelo político y social que se sustenta en una base de desigualdad. Se favorece a quienes están en una situación de inclusión, con más oportunidades, pero deja fuera a las personas con mayor vulnerabilidad.

--¿Es un problema de recursos o de organización?

--Son las dos cosas. Hay una necesidad de aumentar recursos. El Estado del Bienestar se sustenta en tres grandes pilares, la salud, la educación y los servicios sociales, pero el reparto de recursos es muy desigual. Tenemos una gran partida presupuestaria para salud y educación, que no digo que no sea necesario pues lo es y mucho, pero los servicios sociales siempre tiene un reparto mucho más minoritario. Lo hemos visto en la aprobación de los nuevos presupuestos una dotación mayor, pero continuamos siendo el pilar con menos recursos. Hay una necesidad de mayores recursos, pero también de cómo se reparten. Nosotras desde ECAS siempre decimos que las políticas de prevención son muy importantes. Tenemos un sistema de protección social muy enfocado en solucionar la emergencia social, a dar respuesta a situaciones con una lógica muy paliativa, pero estos recursos deberían destinarse a la prevención. Cuando hablamos de desigualdades hay que trabajarlas desde la raíz, por lo que hay que destinar recursos desde la prevención para generar un modelo diferente, generar oportunidades para todos los colectivos que quedan fuera de las oportunidades. Políticas que vayan a transformar esa base estructural de desigualdad es lo que necesitamos.

--ECAS asesora a la Generalitat ¿qué trabajo hacéis en ese sentido?

--ECAS es una plataforma de entidades de toda Cataluña que hace años que trabajamos para visibilizar situaciones de desigualdad y exclusión. En muchas ocasiones decimos que ni son visibles. Nuestro papel es ese. Las entidades de ECAS estamos en primera línea, viendo la realidad a diario y somos muy conscientes de esas situaciones. Debemos visibilizarlas y trabajar con la administración. Siempre nos ofrecemos para acompañar, trabajar de la mano, coordinadamente. Somos una parte imprescindibles a la hora de pensar qué recursos, qué políticas, qué acciones se deben hacer. La administración tiene una gran responsabilidad, pero debe trabajar de la mano de las entidades que representamos. Nosotras sabemos cómo dar respuesta, siempre nos ofrecemos para ir de la mano, para trabajar, para colaborar y hacer política pública también muy enfocada a las necesidades del momento.

--¿Os hacen casos las administraciones?

--Siempre reclamamos el reconocimiento. Nos tienen en cuenta, pero a veces tarde. Con esta lógica de prevención, deberíamos estar presentes mucho antes, no solo cuando hay una situación de emergencia. Lo hemos visto ahora, con la situación de pandemia, muy compleja. Pero todo esto no es nuevo. Los impactos de esta crisis en estas personas no nos ha pillado de nuevas, no ha sido una sorpresa. ECAS lleva muchos años explicando cuál es la realidad. La crisis lo que ha hecho es hacerla más visible y profundizar muchas situaciones que ya teníamos, no partíamos de cero. Debemos estar en ese análisis de la situación, de forma integral, para ver cómo podemos adelantarnos a las emergencias. Tenemos un grado de información y conocimiento que es útil y muy necesario a la hora de pensar en políticas públicas.

--En los últimos años han surgido diferentes ayudas como la Renta Garantizada de Ciudadanía, el Ingreso Mínimo Vital, la Renta Básica Universal… ¿Supone eso un laberinto burocrático para las personas en riesgo de exclusión?

--Uno de los análisis que hacemos es el aumento excesivo y muy complejo de la burocracia. Las prestaciones parten siempre de una lógica fragmentada: hay una necesidad, hay una ayuda para ella. O hay una emergencia y aparece una ayuda para dar respuesta. Hace mucho tiempo que reclamamos ayudas de forma integral y no tan condicionadas. Esto ha añadido complejidad a las personas que ya viven en situación de mucha vulnerabilidad, a la hora de solicitar una prestación. Son muchos los requisitos, los trámites… Los equipos sociales y municipales han tenido que habilitar puntos de acompañamiento para poder realizar esta tramitación de las ayudas por este exceso de burocracia y condiciones, que además añaden una mayor estigmatización a estas personas. Al final es pedirles cuánto de pobres son. Tenemos que ir a una lógica de ayudas y prestaciones que no sean condicionadas, sino ofrecer derechos. Es un derecho de las personas tener las necesidades básicas cubiertas. En ese sentido, tanto la Renta Garantizada de Ciudadanía como el Ingreso Mínimo Vital vienen desde esa lógica de dar respuesta con condicionantes, pero la Renta Básica Universal ofrece un modelo diferente. Creo que en ese caso no estamos hablando de una ayuda más, aquí hay una apuesta clara de cambio transformador y estructural. Ofrece una renta por derecho y justicia social, por el simple hecho de ser ciudadano, sin necesidad de estigmatizar o exigir muchísimos condicionantes. Se trata de favorecer la autonomía de la persona, no pensar solo en ayudar a aquellas personas que ya están en una situación de muchísima vulnerabilidad. Una renta que garantice que nadie esté por debajo de unos mínimos dignos de calidad en la vida de las personas.

--¿Qué piensa cuando surge algún político hablando de “paguitas”?

--Nosotras nos basamos en los datos. Hay muchas percepciones, lecturas erróneas que se contrastan con la realidad. El papel de plataformas como ECAS es lo que antes decía, visibilizar, ofrecer datos, porque la realidad es la que es. Cuando hablas de cifras y estadísticas ves cuál es la realidad que tenemos. Hay que desmontar ciertas lecturas, hay quien se aprovecha de lecturas muy populistas que pueden dar réditos a determinadas posiciones políticas, pero tenemos que ser muy rigurosos y consecuentes con los datos que tenemos, es la mejor herramienta que tenemos. Y pensar cómo dar respuesta a estas situaciones. Son lecturas que se desmontan rápido.

--Hay gente que no se cree que los índices de pobreza sean tan altos, afirman que, si fuera así, la gente saldría a la calle, que habría revueltas.

--La realidad que se ofrece, incluso con datos, queda lejos de lo que realmente es. Los datos no muestran la realidad, que es mayor. Hay muchas situaciones que no llegan a las estadísticas, que son invisibles. Parece que esta realidad cuesta de creer, pero es así. Hay que hacer mucha pedagogía en este sentido. A no ser que la vivas de cerca, parece que esa realidad queda lejos, que es increíble que una de cada cinco personas está en situación de pobreza. Lo raro es que la gente no salga a la calle porque la realidad es muy grave y complicada, pero afecta siempre a una parte de la población muy vulnerable. Si no formas parte de esos colectivos, parece que está muy lejos. Pero cada vez hay más casos, más cercanos. Hoy en día cuántas veces hablamos de personas que, aún trabajando no llegan a fin de mes. Hay una parte invisible, a veces por vergüenza. En pandemia hemos visto cuántas personas han acudido por primera vez a los servicios sociales. Y lo que ha costado, porque hay una parte de presión social. “Cómo tengo que verme”. La situación afecta a perfiles cada vez más diversos. Hacerlo visible es el primer paso. Hay que romper esa sensación de vergüenza que supone pedir ayuda.

--¿Esa situación cómo nos deja como sociedad. ¿Somos solidarios?

--Somos una sociedad solidaria, eso se demuestra en situaciones de emergencia. En la pandemia han aparecido un montón de entidades, de redes vecinales, de ayuda mutua. Pero la pregunta es ¿cuándo se acaba la emergencia, cómo garantizamos que estas redes sigan existiendo para no llegar a situaciones de tanta complejidad? Necesitamos tener muchos canales garantizados para transformar realmente esas bases sociales, para que no lleguemos a estos índices de pobreza que no hemos sabido capaces de revertir, a pesar de todas las ayudas que han aparecido, de todos los recursos invertidos. No podemos dejarlo todo a la solidaridad, sino poner las bases para hacer un cambio estructural y transformador. Y estamos lejos de lograrlo.

--Hace unos días vimos los incidentes ocurridos durante un desalojo en Badalona, que aflora de nuevo el problema de la vivienda. ¿Por qué cuesta tanto avanzar en esas políticas públicas?

--El tema de la vivienda es uno de los grandes déficits de nuestra sociedad. A la vista está. Ya no son situaciones puntuales, cada vez tenemos más. Responde a la misma lógica. Las políticas de vivienda no han sido capaces de adaptar la oferta a las necesidades. Cada vez hay más personas que quedan fuera del parque de vivienda. Se debería aumentar la vivienda social, pero también pensar cómo elaborar políticas adaptables a la realidad actual. Cada vez hay unidades de convivencia más diversas, personas solas, mujeres monomarentales, personas que no pueden sostener un alquiler ni pensar en la adquisición de vivienda... Hay que ofrecer alternativas. Las necesidades son muy diversas. Este encaje no se ha hecho, seguimos con precios de alquiler elevadísimos, con una reducción sustancial de salarios y esto no se puede sostener. Regular los precios y aumentar el parque de vivienda social es muy necesario.