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Vicent Sanchis, director de TV3, habla de los medios y del poder en Cataluña desde su despacho de la cadena de televisión pública / LENA PRIETO

Vicent Sanchis: "Aquí se critica al poder igual que en cualquier parte del mundo"

El director de TV3 discrepa de los catalanes y vascos que echan en falta una actitud más agresiva de los medios de comunicación con el poder político

25 min

Vicent Sanchis está al frente de TV3 desde marzo de 2017, o sea que ha pilotado la televisión pública durante el periodo más duro del procés, incluida la aplicación del artículo 155 de la Constitución, una intervención de la Generalitat que para sorpresa de muchos no alcanzó a la televisión pública catalana.

Nacionalista convencido, coloca a la lengua en el eje de la política catalana. Buen polemista y periodista agresivo, tiene tendencia a corregir a sus interlocutores, probablemente por un rasgo de su personalidad que él mismo reconoce: le encanta llevar la contraria.

Si tuviéramos que atenernos a la literalidad de su discurso, el procés no gozó de apoyos mediáticos en Cataluña. Ara y el PuntAvui, simplemente, se habrían limitado a no estar en contra. Mientras que La Vanguardia y El Periódico de Cataluña sí fueron hostiles a un movimiento que empezó por las bases y que arrastró a los gobernantes.

--Pregunta: ¿Qué opinión le merece el hecho de que grupos regionales traten de comprar lo que podríamos llamar grupos nacionales, como ha ocurrido en el caso del Grupo Prisa y hace algún tiempo con el Grupo Zeta?

--Respuesta: Bueno yo corregiría la mayor porque eso de grupos regionales me suena un poco grupos y danzas regionales de la sección femenina. Son grupos que tienen alcance estatal pero que lo obtienen desde su sede en Barcelona o el País Vasco. ¿Se podría calificar de regional a Vocento? No estar en Madrid no equivale a ser regional.

 

 

Vicent Sanchis, director de 'TV3', durante la entrevista con 'Crónica Global' / LENA PRIETO

A partir de ahí, que Javier Moll se preocupe por El Periódico y acabe haciéndose con él entra dentro de una lógica normal. Desde 1979 ha ido adquiriendo diarios buenos de lo que era la prensa del movimiento y luego una serie de cabeceras importantes en distintos sitios para formar la estructura de comunicación global que está tejiendo en todo el Estado. Me parece perfecto que ese tipo de grupos tome la iniciativa. Y respecto a El País, ya sabemos que hace unos años que le va mal.

--¿Y eso qué supone para los grupos clásicos, estén o no en la capital?

--Los dos o tres grupos tradicionales que están en Madrid no van bien. De lo contrario, comprarían ellos. Ustedes mismos [Crónica Global], ¿dónde están? Están en Barcelona, y tienen una vocación española que más sería imposible. Los grupos clásicos no van bien, y los que hacen las ofertas no están allí. Si están en Coruña, perfecto, y si están en Barcelona, también.

--¿Cómo ve a las empresas de diarios en papel que se pasan al mundo digital?

--Hay un libro muy interesante de un periodista catalán sobre el proceso de cambio de The New York Times que presenta a este diario como un modelo. Los de Madrid o de Barcelona evidentemente no son un modelo porque, primero, no lo han hecho bien y, segundo, porque para un idioma como el inglés es mucho más fácil. The New York Times se ahorra unos costes tremendos para llegar a Europa o a Australia a través del soporte digital, y además ingresa unas suscripciones que en esta parte del mundo, en Europa, resultan muy complicadas.

--Claro, la cuestión es la base…

--La cuestión de base es que hay idiomas para comunicarse con el mundo y otros que no sirven. Alguien del mundo financiero pensará en Financial Times y no en Expansión, por ejemplo. Hay poquísima gente dispuesta a pagar por contenidos y llevamos desde 1993 dándole vueltas al asunto, pero al final vemos que son grupos que han nacido como digitales los que se llevan el gato al agua.

Vicent Sanchis, director de TV3, durante la entrevista con el equipo de 'Crónica Global' / CG
 
Vicent Sanchis en su despacho con el cartel de Tàpies dedicado al primer aniversario de TV3 a su espalda  / LENA PRIETO

--¿Esa resistencia a pagar por contenido responde a la racanería del lector o a la falta de calidad de esos contenidos?   

--¿Por qué la gente paga por Netflix o Movistar, pero no quiere hacerlo por su diario de toda la vida? Quizá sea porque no lo hacen suficientemente bien y porque no existe la costumbre.

--Pero en papel sí se pagaba, y se paga.

--Sí, en papel sí, pero cuando empezó el digital no. ¿A usted le entra en la cabeza que ahora se pida a la gente que pague por la radio? La gente se acostumbró a no pagar por el digital, y cuando alguien cerró contenidos --El País-- se encontró con que la gente no pagaba. También es verdad que hay un cierto cambio de mentalidad. Si tú miras en Cataluña y analizas qué recursos tienen para financiarse los medios digitales, Vilaweb, Elmon, Naciodigital, Elnacional o Crónica Global verás que cada uno tiene un sistema diferente; y para complicarlo aún más resulta que el concepto que tienen de la información cada uno de estos medios ha ido cambiando. Han pasado de competir con la radio, a una velocidad de vértigo, a buscar una información diferenciadora y singular.

--El hecho de que todos los medios hayan cerrado sus contenidos puede ayudar en esa línea.

--Puede ser positivo, y otra cosa que puede ayudar es que hemos superado aquella etapa en que lo que primaba era lo último que llegaba, y ahora el lector parece fiarse más de una marca. O incluso coteja en varios medios de confianza. Con el coronavirus se ve bien por la cantidad de información que nos llega de diferentes fuentes.

Cuando la gente es madura tiene una opción política, una opción nacional, se informa por un medio que le cuenta lo que quiere oír, pero también es consciente de que allí hay unos responsables. Quiero pensar que al final todo el mundo tiene claro dónde está; y que sería deseable que los periodistas, además de criticar a los medios públicos, hicieran un análisis de cómo tiene que ser su función.

 

 

Vídeo de Vicent Sancis, director de 'TV3, durante la entrevista con 'Crónica Global' / LENA PRIETO

 

--La relación entre los medios y las redes sociales es muy compleja. Compiten, pero se necesitan mutuamente.

--Claro, por eso creo que la irrupción digital ha generado un periodismo más dudoso. Lo que no entiendo es por qué esa necesidad de conseguir una audiencia que sabes que es falsa, como la antigua lucha de los diarios de papel por las promociones, la venta en bloque o la suscripción colectiva. Una trampa de la que todos eran conscientes, y ahora estamos haciendo lo mismo con las audiencias.

--Parece que la publicidad digital aumentará de forma notable, pero que el protagonismo de los buscadores y de las redes será mayor.

--Esa situación será peor que la de antes, porque antes un diario local sabía que tenía allí una publicidad de su ámbito, mientras que los diarios de Madrid o Barcelona podían dirigirse a las empresas del Ibex, aunque los de Barcelona siempre recibían el trato de regional por más que se vendieran en todo el Estado. Pero ahora todas empresas hablarán con un delegado de Facebook, de Youtube, etc. Para hablar con ellos directamente tendrás que ir a Los Angeles, y no te recibirán.

--La publicidad que escapa de ese esquema es la institucional, a la que se acaba de referir el Parlamento Europeo como mecanismo de control de los medios por parte de los Gobiernos, que en nuestro caso se extiende a las autonomías, las diputaciones y los ayuntamientos.

--O no. Quizá ellos se acojan también a la tendencia general y lo canalicen a través de Facebook, por ejemplo.
 
--Pero va a ser difícil que una red o un buscador como Google ofrezca el retorno político a esas inversiones.

--Si los medios son digitales y Google sabe dónde llevar esa publicidad puede hacerlo con la misma efectividad. Pero, contra lo que cree mucha gente en el sentido de que la publicidad institucional está pensada para influir, manipular medios y periodistas, creo que no siempre ha sido así y que hay muchos matices. ¿Alguien considera que la importantísima cantidad de publicidad pública e institucional que ha recibido en los últimos 20 años el diario más influyente de Cataluña, La Vanguardia, ha condicionado su línea editorial más de lo que tendría que condicionarla la proximidad con aquellos políticos y aquellas instituciones que autorizan esas mismas inserciones publicitarias? Un diario siempre tiene en cuenta a sus lectores, que no son imbéciles. Si consideramos que se dejan manipular y que los periodistas son corruptos tendremos una idea magnífica de la realidad, pero que no se corresponde con la realidad.

Vicent Sanchis, director de TV3, durante la entrevista / CG
 
Vicent Sanchis, director de TV3, durante la entrevista / LENA PRIETO

--¿Me está diciendo que la postura que ha mantenido La Vanguardia con la independencia tiene más que ver con motivos ideológicos que económicos?

--Sí, en el sentido de que estaba contra el procés. Y también por motivos ideológicos propios. En un momento se produce un cambio de director porque se consideraba que estaba en esa línea, que había tenido una proximidad con algunos de los protagonistas del procés. El cambio de dirección, no tanto de línea --que también-- se establece por criterios ideológicos, por la ideología del editor y por lo que él pensaba que estaba haciendo mal el director. Si conociéramos qué cantidades recibió el diario durante 2017, 2018 y 2019, la pregunta tendría que ser cómo es que su línea editorial no tenía nada que ver con los señores que concedían esas ayudas. Y, efectivamente, no tenía nada que ver, incluso en un momento dado fue abiertamente hostil. Todo el mundo lo sabe. En esta ciudad se editan cuatro diarios: Ara y el PuntAvui no estaban en contra, por decirlo así, del proceso hacia la independencia, y El Periódico y La Vanguardia sí que estaban en contra.

--¿La Vanguardia estuvo contra el procés? ¿Y El Periódico también?

--Clarísimamente, en contra. La Vanguardia es un diario muy elegante. En palabras del padre del actual conde de Godó, la cabecera es como una señora muy mayor y muy seria que no puede ir en bikini. Siempre juega a lo que tiene que jugar. Cualquier persona ecuánime y neutral que se lea los editoriales de estos dos diarios llegará a unas conclusiones más parecidas a las mías que a las suyas.

--Hace 10 años, la prensa catalana hizo un editorial conjunto. ¿Se podría producir en estos momentos?

--Hoy, de ninguna manera. Yo leí comentarios entonces en Madrid sobre prensa adocenada, sectaria; barbaridades. En la transición, algunos diarios se pusieron de acuerdo en cosas muy importantes; y los Pactos de la Moncloa se firmaron en Madrid por gente muy distinta, por poner otro ejemplo. Los editoriales del 24 de febrero de 1981, tras el intento de golpe de Estado, seguro que se podían suscribir todos.

Ese editorial al que se refiere responde a una estrategia de mínimos, había quien quería mucho más y otros un poco menos, pero en algunos temas se podía establecer un acuerdo. Los diarios digitales no, pero hoy en día los diarios de papel sí podrían ponerse de acuerdo en el apoyo a la lengua y en contra de la visión que se quiere dar ahora de que el español retrocede en Cataluña.

--Usted es de los pocos periodistas de Barcelona que son críticos con otros medios, como hacen los de Madrid. ¿Por qué se producen esas diferencias entre la prensa de Madrid, mucho más agresiva respecto a cualquier tipo de poder, y la de Barcelona?

--Sí, agresiva respecto al poder que no comparte. Con su poder, a veces; y poquito, con muchos matices. Pero, sí, es una prensa más de poder. No nada y guarda la ropa tanto como la catalana. Cuando uno está cerca del poder pierde la vergüenza, y al final no sabes si la de Barcelona está adocenada o a la de allí el contacto con el poder de verdad le da una fuerza que aquí no tenemos.

 

 

Vicent Sanchis, director de 'TV3', durante la entrevista con 'Crónica Global' / LENA PRIETO

Personalmente, me gusta llevar la contraria muchísimo y no soy de Barcelona. Si estuviera en Madrid quizá trataría de civilizar las relaciones. Lo que no me gusta de aquí es que parece que respeten las normas, pero por detrás son bastante más canallas. Espero no escribir mis memorias, pero si lo hiciera tendría que reflejar las amenazas que recibí cuando el Parlament se encaminaba hacia el referéndum por parte de compañeros de oficio, que escribían entre líneas. La actitud que han tenido algunos diarios con TV3 y conmigo mismo solo por dirigir la cadena es repugnante. He tenido que oír como me decían que estábamos en guerra, que yo estaba en el bando perdedor y que lo mejor que me podía pasar es que acabara en el paredón. O sea, a diferencia de la prensa de Madrid, hay que leer más entre líneas, los titulares son diferentes, todo es más suave, pero por detrás somos los mismos miserables que en otros puntos del mundo. No somos mejores aquí.

--La diferencia está más en la presentación que en el fondo.

--Sí, y luego también pesa cómo son las empresas. En Madrid, la mayoría de las empresas eran tarifadas, dependían del BOE. Y aún hoy en día, si miramos el Ibex 35 veremos que solo hay dos compañías no tarifadas. Todas las empresas de Madrid viven de eso, lo que condiciona el carácter, infiere desparpajo y agresividad.

Vicent Sanchis explica a 'Crónica Global' la situación de los medios de comunicación en Cataluña / CG
 
Vicent Sanchis explica a 'Crónica Global' su opinión sobre la situación de los medios de comunicación en Cataluña / LENA PRIETO

--Según un sondeo de GAD3 y la Fundación Axa, los ciudadanos vascos y catalanes consideran que los medios de sus territorios deberían ser más críticos con el poder.

--Lo que yo conozco de la prensa vasca es bastante plural en el sentido de que hay para todos los gustos, y la prensa hegemónica allí no es precisamente nacionalista. Y aquí, tampoco. Eso lo puede decir un periodista de Madrid: ‘Los medios catalanes están vendidos al separatismo’. Aquí las críticas se hacen con el mismo nivel e intensidad que en cualquier otro lugar del mundo.

--No recuerdo ningún medio de Barcelona, excepto Crónica Global, que haya pedido la dimisión del señor Torra.

--Bueno, con la obsesión que ustedes le dedican no. Pero decir que no lo estaba haciendo bien y que quizá era mejor convocar elecciones, y tanto que ha habido diarios que lo han dicho. Quizá lo que les diferencia a ustedes de otros medios de Barcelona es el tono y el estilo. En eso ustedes quizá son un poquito más madrileños. Lo que es cierto es que allá los bloques están más claros, las diferencias están más abiertas. Ustedes quizá son más contundentes, más obsesivos, y en los otros medios catalanes la gente es más sibilina. No proclama ni exige, sino que pide, insinúa.

--He citado a Torra porque ha estado casi un año en el cargo después de anunciar que la legislatura había acabado. ¿Esa actitud de la prensa catalana no confirma que una parte de ella colabora en la construcción de un relato paralelo al procés?

--Desde Madrid se exigió una militancia que no define a la mayoría de la prensa de Cataluña. Yo vi a La Vanguardia con unos editoriales muy duros, pero no como los querían allá, que era el garrote vil: muerto el perro, se acabó la rabia; y al perro se le mata a patadas. No creo que aquí se tenga que hacer caso a gente con una visión el mundo tan maniquea y totalitaria. 

Aquí no se tenía que construir nada. Había dos millones de personas que pensaban que las cosas se podían hacer de una determinada manera y unos políticos que en aquellos momentos estaban en las instituciones que no lo veían tan claro, pero que acabaron aceptando lo que quería la mayoría. Y eso se puede considerar que es un crimen de lesa humanidad, porque atenta contra la unidad de la patria o como un ejercicio de democracia avanzada. Yo creo que no había para tanto. España ha vuelto a las obsesiones del pasado.

--O sea, aquí no pasó nada.

--Aquí se opinaba diferente; se montó en todo caso un ejercicio de desbordamiento democrático en un Parlament, y si considera que eso va contra las leyes o que es un golpe de Estado puede pensarlo así, pero mi idea es muy diferente.

--Lo más cuestionable de su relato es que dice que se trata de un movimiento que viene de abajo y que los políticos se suman. Creo que es un fuego que se alimenta desde las instituciones.

--Es un fuego que se produce abajo y que los políticos que deben moderarlo en un momento determinado ya no pueden echarse atrás. Y entonces pasa lo que pasa. Si alguien piensa que todo esto ha ocurrido porque hay inmersión lingüística, porque hay unos medios públicos que son el demonio o porque durante un tiempo se ha explicado que en España había una injusticia fiscal clarísima, se equivocan y están condenados a repetir la historia de España porque Cataluña volverá otra vez. Se tendría que haber hecho un esfuerzo de comprensión y no viendo a los otros como unos fascistas, asesinos y golpistas, que es lo que yo he oído que se decía continuamente.

--¿Cuándo echa en falta ese esfuerzo de comprensión?

--Hay dos momentos cruciales antes de que produzca todo esto. Uno, cuando se aprueba el Estatuto de autonomía del 2006 que, primero lo cepilla el Congreso, y luego el Tribunal Constitucional se carga lo que habían aprobado los ciudadanos en las urnas. Y el segundo cuando Artur Mas va a hablar con Mariano Rajoy para poner sobre la mesa una serie de peticiones importantes. En privado le dice que no puede hacerlo, que los suyos le matarían, pero en público critica ‘a esta gente que nunca tiene bastante’.

Aquí, unos errores no se pagan nunca, y otros presuntos errores se pagan con la cárcel. En este Estado de las maravillas habría que hacer desaparecer para siempre dos palabras: la intransigencia y el ‘porque lo digo yo’. Si es posible, nos entenderemos. Y si no, está bien, unos pagarán mucho, muchísimo, pero no les convencerá nadie. Hago mío el discurso de Unamuno en la Universidad de Salamanca que aparece en Mientras dure la guerra. Y me pregunto si esta gente que grita tanto lo hace suyo.

--¿A quién se refiere cuando habla de esta gente? ¿A los 73 jubilados del Ejército de Tierra, a Vox, al PP, al PSOE, Cs a Podemos?

--Me refiero a la gente que dice que esto se arregla con más palo, que solo quiere recurrir al palo.

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