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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el acto del PSC en Barcelona

Sánchez empuja al independentismo hacia el 'abismo' de la derecha

Sánchez se agarra a un relato para ocupar el centro, frente al acuerdo de las derechas en Andalucía y el desafío independentista, para llegar a 2020

13.01.2019 00:00 h.
9 min

Una operación en toda regla. Arriesgada y que generará una oposición interna, o, como mínimo, un debate entre los barones socialistas. Pero el presidente del Gobierno está determinado a cumplir sus planes. Y pasan por agotar la legislatura. Después de diversos análisis, y de que pasaran ya las oportunidades para convocar elecciones, Pedro Sánchez se quiere situar en el centro y empuja al independentismo hacia el abismo que supone para los intereses del PDeCAT y de ERC la llegada de la derecha al poder.

Lo expresó este sábado en Barcelona. Sánchez, que logró subir la temperatura de una militancia socialista que se ha visto arrinconada en los últimos años en Cataluña, --se inició la carrera de Jaume Collboni a la alcaldía de la capital catalana-- lanzó diversos mensajes a todos sus adversarios políticos. Fue el inicio de una campaña electoral larga, de cara al 26 de mayo, donde el PSOE se jugará buena parte de su poder: en municipios y comunidades autónomas, donde, aunque pueda conseguir buenos resultados, puede quedar desalojado de alcaldías y de presidencias autonómicas en beneficio de los acuerdos entre PP y Ciudadanos, y, según en qué territorios, con la ayuda suplementaria de Vox.

Sólo Sánchez convoca las elecciones

Ese es el problema principal ahora del socialismo: concretarse en las elecciones de mayo, y ver, en ese lapso, cómo se lidia con el independentismo, con los presupuestos de 2019 en el aire. Sánchez quiere que el PDeCAT y ERC los apruebe. No es un farol. Si tuviera ese voto tendría la pista libre hasta 2020. Pero si el independentismo se desmarca, el relato ya está creado, siempre y cuando, eso sí, se produzca una relación de pacto llevadero para aprobar lo que sea conveniente en el Congreso.

CRÓNICA GLOBAL ILUSTRACIÓN  (1)

Pese a todo, hay una cuestión que sólo depende de Sánchez. “Tiene el poder de firmar, él sólo, el decreto de convocatoria de las elecciones”, según un dirigente socialista. ¿Que llueve, que las pullas y los gritos de PP y Ciudadanos suben de tono? No pasa nada, se quiere seguir adelante. La frase que ilustra la posición de Sánchez la pronunció en Barcelona: “Que Casado y Rivera esperen sentados hasta 2020”.

Inversión, pese al TC

El mensaje para el independentismo es más claro. En los presupuestos para 2019 se recupera la disposición tercera del Estatut, y el Estado invertirá el 18% de la inversión pública territorializada en Cataluña. Lo hace con otras autonomías, como Andalucía o Valencia, que recogían en sus estatutos las mismas peticiones. Para el PDeCAT y ERC la decisión no tiene mucho valor, porque “se trata de un cumplimiento”, en palabras del diputado postconvergente, Ferran Bel.

Pero no es así exactamente. La disposición tercera se la cargó el Tribunal Constitucional con su sentencia de 2010. Consideró que no era de “obligado cumplimiento” para el gobierno español. Es decir, quien recupera el pacto político, lo que se acordó en el Estatut, es Pedro Sánchez. Y eso el Gobierno y el PSC en particular, lo destacará a partir de ahora con claridad. ¿No es eso un cambio importante respecto a lo que ha ocurrido en los últimos años? ¿No llegará eso al ciudadano catalán? Esa es la tesis del Gobierno y del PSC.

La derecha "voxonera"

Al margen de esa circunstancia, los presupuestos recuperan un fuerte contenido social, que, con los números en la mano, los dos partidos independentistas saben que no pueden rechazar. ¿Pero, y si lo hacen?

Sánchez considera que ha logrado tejer un relato sólido: frente a los partidos de la derecha, que calificó como los partidos del “voxonaro”, jugando con las palabras de Vox y del nuevo presidente de Brasil, Bolsonaro, y frente al independentismo. Pero también es consciente el jefe del Ejecutivo que en España se está definiendo un mapa que lo puede condicionar todo: el PSOE, con la necesidad de llegar a acuerdos con Podemos, y en colaboración con los partidos nacionalistas catalanes y vascos, en una especie de pacto con la periferia. Delante, PP, Ciudadanos y Vox, como si fuera una especie de reedición de la CEDA, los partidos de derecha de los años treinta.

Gobernar ya en Cataluña

Por ello, el tono conciliador con el independentismo fue claro, sin evitar un reproche seco y duro: “Ya va siendo hora de que se gobierne en Cataluña y se atienda los problemas de la sociedad catalana”. Con ello, Sánchez constató que lo mejor para las dos partes, y para intentar solucionar el problema político de fondo –pendiente de forma determinante del juicio a los políticos presos—es ganar tiempo, e intentar agotar la legislatura. Gobiernos en Madrid y en Barcelona, tiempo para acercar posiciones, bajar la temperatura, y esperar la sentencia del juicio, y ver qué se podrá hacer a partir de ese momento. ¿Quiere el independentismo jugar a esa carta?

quiere buena parte de la dirección del PDeCAT. Sí lo desea la mayoría de Esquerra Republicana, con su consejero de Economía, Pere Aragonès, intentando convencer a todos sus diputados en el Congreso cada semana. Los presupuestos del Estado son necesarios para la Generalitat, y, a su vez, podrían facilitar la aprobación de las cuentas de la Generalitat en el Parlament, con un PSC dispuesto a ello. Pero hay dificultades serias. El independentismo no se atreve a aterrizar del todo, teme a su núcleo duro, y, principalmente, a Carles Puigdemont, que necesita una salida política y personal, y no la tiene desde que huyó a Bruselas. Ese es el principal escollo.

Los 'neocon' acechan

La baza de Sánchez, sin embargo, es contundente y gráfica. Hay un abismo, hay una España que no quiere acercarse a ningún postulado del independentismo, que cree que, en realidad, se ha ido demasiado lejos con el estado de las autonomías. Y puede llegar al poder con cierta facilidad: el PP de Pablo Casado ha recuperado el ideario ‘neocon’ de José María Aznar; Ciudadanos busca el poder, y Vox aprieta, como el ala de extrema derecha que el PP tenía en su seno. Todo eso no es una quimera. Puede organizarse y gobernar, como lo hará ahora en Andalucía.

El vicepresidente del Parlament, Roger Torrent, una de las promesas de Esquerra Republicana, considera que nadie en el independentismo es partido del “cuanto peor mejor”, pero el miedo a aterrizar rápido, y dejar de decir que se está construyendo la República es demasiado grande.

¿Tramitar y ya está?

Está en manos de PDeCAT y de ERC, que pueden, por ahora, llegar a una primera conclusión: permitir la tramitación de los presupuestos, que se abordará el 12 y 13 de febrero en el Congreso. Eso se llamaría comprar tiempo, para todos, aunque luego el voto será contrario.

Para Sánchez y para el independentismo puede ser el mejor guion. Porque lo que viene es malo para los dos. Y lo saben.

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