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Cataluña y España (o al revés, como prefieran) en la era de Sánchez e Iceta

Sánchez se conjura con Iceta para restarle argumentos al independentismo

El Gobierno, con la ministra Batet, buscará el acomodo de leyes recurridas por el Constitucional y mejorará las inversiones, siguiendo la estrategia del PSC

7 min

Pedro Sánchez ha adoptado una estrategia, la que defiende el PSC, y que tiene un claro objetivo: restarle argumentos al independentismo. Con ese propósito, quiere que el Govern de Quim Torra comience a gobernar, con todas las contradicciones que ello supone para el propio bloque independentista, situando una frontera incuestionable: el rechazo a un referéndum de autodeterminación. En caso contrario, Sánchez tiene claro que no habrá dudas para instaurar un nuevo 155, si el independentismo fuerza otra vez la situación.

El Gobierno del PSOE ya ha comenzado a caminar y sabe que no podrá culminar buena parte de los proyectos que se han dibujado. Son conscientes de las grandes dificultades que tendrán en el Congreso, con una geometría variable que se antoja imposible, y con el horizonte de las elecciones autonómicas y locales del próximo año. Pero el problema central, del Ejecutivo español y de toda la política española, lo constituye Cataluña. La recomposición de las relaciones institucionales con la Generalitat supondrá, para los socialistas, un problema para el propio independentismo. Y, con la estrategia del PSC, Sánchez está dispuesto a iniciar ese camino.

Control a posteriori

Sánchez se apoya en Miquel Iceta y en Meritxell Batet, la ministra de Administraciones Territoriales, que ya ha afirmado que el proyecto de fondo debería ser una reforma constitucional en clave federal, que en estos momentos no se puede abordar. Ese es el deseo. Pero, mientras no se dan las circunstancias, lo que se pretende es que el independentismo no tenga ninguna excusa para gobernar la autonomía catalana. ¿Qué el independentismo quiere otra cosa? No podrá ser, porque en el debate de fondo figura el derecho de autodeterminación, y eso no está, ni puede estar, sujeto a ninguna negociación.

La primera medida ha sido la de no mantener el control sobre las finanzas de la Generalitat. En realidad era una medida que estaba ligada al artículo 155, que cayó, como se acordó en el Senado, cuando se constituyó el nuevo Govern de Quim Torra. El control de los pagos de la Generalitat ya no será antes de producirse, con la transferencia directa de la administración central o previa autorización, sino que se realizará a posteriori, mes a mes. Un control al que están sujetas todas las autonomías que reciben recursos del Fondo de Liquidez Autonómica, el FLA. Es un gesto, una muestra de confianza en el Govern, que ya ha sido criticada por Ciudadanos.

Foros autonómicos

La otra pata de esa estrategia es recuperar las leyes que fueron recurridas ante el Constitucional, y que tienen un carácter social, en la mayoría de casos. Una fórmula es integrar esas demandas en leyes de ámbito estatal. También se pretende abordar todos los 45 puntos que reunió Artur Mas y que trasladó en su momento a Mariano Rajoy, la mayoría de ellos centrados en inversiones y recursos que habían quedado congelados sobre distintas materias. El objetivo, de nuevo, es que el independentismo “se quede sin argumentos”, como inciden fuentes socialistas.

Uno de los objetivos es que el Govern vuelva a participar en foros autonómicos, como el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que debe negociar de inmediato el nuevo sistema de financiación autonómica.

Entre ERC y Puigdemont

¿Qué se quiere conseguir con esa estrategia que no le será fácil al PSOE, con críticas que ya se han comenzado a lanzar desde Ciudadanos y el PP? La idea de fondo, que ya ha comenzado a producirse, es que el independentismo muestre sus discrepancias.

Mientras Esquerra Republicana está dispuesta a asumir ese camino, --gobernar, mejorar la situación, sin dejar de denunciar la situación de los políticos presos ni su proyecto de república catalana a largo plazo-- el núcleo de dirigentes que siguen atados a Carles Puigdemont, ya reclaman que el presidente Quim Torra, en su próxima entrevista con Pedro Sánchez plantee el derecho de autodeterminación.

Municipales y 155

El propio Torra lo ha verbalizado. Querrá hablar de muchas cuestiones de “ámbito y de derechos sociales”, pero también del “derecho de autodeterminación”. La portavoz del Govern, Elsa Artadi, ha manifestado lo mismo, con el punto de partida en el 1 de octubre y en la declaración de independencia del 27 de octubre. La CUP ya se ha desmarcado de todo el Govern de Junts per Catalunya y de ERC al entender que se ha apostado por la “vía autonómica”. Pero queda, y eso será fundamental en las próximas semanas, el papel del PDeCAT, que ha logrado desmarcarse de Puigdemont con decisiones como la propia votación en el Congreso a favor de la moción de censura de Pedro Sánchez.

En eso, la estrategia del PSOE enlaza con la del PSC, interesado en que en las próximas elecciones municipales --serán autonómicas en el resto de comunidades, salvo País Vasco, Galicia y Andalucía-- el independentismo no vaya unido en listas comunes. Lo que quiere el PSC es recuperar espacio, es competir, pero al mismo tiempo colaborar con otras siglas. 

Apoyo de Sánchez

Y para ello, al margen del convencimiento de que el proyecto independentista no lleva a ninguna parte, lo que no desea es encontrarse con listas unitarias independentistas, como se pretende, precisamente, en Barcelona.

Con todo eso, Iceta y Batet tienen el apoyo del Gobierno de Pedro Sánchez, siendo conscientes todos de que si las cosas no funcionan, se buscará aplicar, de nuevo, el 155, con todas las consecuencias.