Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
El periodista Ramon Pedrós, fallecido, fue jefe de comunicación de Jordi Pujol / EFE

Ramon Pedrós, la sombra de Jordi Pujol

Fallece el que fuera jefe de comunicación del 'president' en su etapa más internacional, conocedor de los secretos de los negocios de sus hijos

7 min

El cargo le permitió acceder a momentos poco honorables para el expresidente Jordi Pujol. Y, aunque los pudo conocer gracias a ser el jefe de comunicación en la Generalitat --con el supuesto deber de guardar el secreto profesional--, Ramon Pedrós se atrevió a explicar algunas escenas que indicaban cómo el comportamiento de los hijos y de la mujer de Pujol no casaba con la honestidad que quería proyectar el dirigente político. Nacido en Lleida en 1947, el periodista falleció este martes en el hospital Sant Joan de Reus tras una larga lucha contra el cáncer.

Periodista de larga trayectoria --fue el primer corresponsal de ABC en Moscú y ocupó la delegación de TVE en la capital soviética en los inicios de la Transición y la corresponsalía de la agencia EFE--, Pedrós supo distinguir, sin embargo, las facetas de Jordi Pujol. Como jefe de prensa entre 1988 y 1998, experimentó y contribuyó a ello. A la proyección internacional del expresidente de la Generalitat, capaz de algunas tretas habilidosas en campo enemigo. Pero supo ver (y lo señaló) que su esposa Marta Ferrusola y algunos de sus hijos aprovechaban esos viajes internacionales para negocios privados, advirtiendo unas prácticas que los medios de comunicación buscaban, sin pruebas concluyentes, o preferían ignorar.

Puertas abiertas de la Generalitat

Pedrós lo señaló en el libro La volta al món de Jordi Pujol, que al expresident no le gustó nada. Se trataba de una especie de relato no autorizado sobre los viajes internacionales en los que constataba las difíciles relaciones entre la secretaria de Pujol, Carme Alcoriza --le acompañó desde el caso Banca Catalana, en 1984, hasta el final de la trayectoria política, en 2013--, y su esposa Marta Ferrusola. Alcoriza veía cosas poco comunes con hijos de Pujol en esos viajes a Israel, Túnez, Davos, México, Chile, Argentina o Portugal, y sabía que no podían beneficiar en nada a su jefe. Así sería, años después, sin que Pujol supiera parar ni a su mujer ni a su hijo Jordi Pujol Ferrusola, el principal inculpado ahora en el caso de la familia Pujol, que se encuentra en vísperas del inicio del juicio oral.

Pedrós, duro en las formas, pero que sabía ser afectuoso y atento con los periodistas que acompañaban al presidente catalán en sus viajes, tenía claro que determinadas cuestiones podrían derivar en un problema judicial para el expresident. Lo corroboró en la comisión de investigación en el Parlament que se abrió tras la confesión del exlíder catalán sobre fraude fiscal en julio de 2014. Ante la Cámara catalana, Pedrós verbalizó lo que había apuntado en el libro. “Las puertas de los departamentos de la Generalitat las tenían perfectamente abiertas”, señaló, en relación a la mujer de Pujol y sus hijos. Otros exconsejeros también habían admitido, ante las preguntas de los periodistas, que habían avisado al entonces president sobre llamadas constantes de sus hijos, interesados en contratos públicos y en proyectos de la Generalitat para poder tener influencia en esos negocios. Algunos de ellos fueron forzados a dimitir. 

Jordi Pujol Ferrusola, en una imagen de archivo
Jordi Pujol Ferrusola, en una imagen de archivo

Pedrós fue más allá, al considerar a Marta Ferrusola como “la animadora” de los negocios de sus hijos. “Todo el mundo que trató a Marta Ferrusola y conoció la situación sabe que ella se vanagloriaba de actuar como animadora, impulsora, de las actividades empresariales de sus hijos”, aseguró en sede parlamentaria.

Francés en Amberes

El jefe de comunicación, convertido en la sombra de Pujol en sus años más expansivos --que llevarían a éste a protagonizar el acuerdo del Majestic, en 1996, con José María Aznar--, también dio cuenta de la potencia del expresident en el extranjero, aunque a veces era más de cara a la galería. En una de esas escenas, aparece Pujol hablando en francés en Amberes, con silbidos y bronca por parte del auditorio, para constatar su enfado porque acababa de perder una votación en la Asamblea de las Regiones por culpa del nacionalismo flamenco. El mismo en el que se apoya ahora Carles Puigdemont. Pujol, coqueto y eufórico, se dirigía a los periodistas para preguntarles por los efectos de su discurso. “¿Qué os ha parecido mi discurso? ¡Hacía más de 150 años que no se hablaba francés en esta plaza!”.

Pero Pedrós ofrecía también la imagen que Pujol no daba de cara al público. La del expresidente jugando con los cubiertos en la mesa, antes de una cena, o rascándose la nuca con el mango del cuchillo.

Otras cuestiones, más acordes con la carrera estrictamente política del expresidente, las dejó escritas en otros libros, como Jordi Pujol a les Espanyes, o De Madrid al Tròpic de Capricorni, o Jordi Pujol, cara y cruz de una leyenda. Y otros muchos más secretos que Pedrós ya no podrá explicar después de una extensa y larga carrera profesional.