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Ursula von der Leyen recoge el testigo de Jean-Claude Juncker como presidenta de la Comisión Europea / EFE

¿Quién se arriesgará a romper la Unión Europea?

Italia y España presionan para mutualizar la deuda y los economistas reclaman la vía de los llamados “coronabonos”, pero el norte de Europa no quiere precipitarse

8 min

Las respuestas incorporan un latiguillo final: “Es la última oportunidad”. Es una afirmación categórica, pero la ha pronunciado también, aunque no en esos términos estrictos, el expresidente de la Comisión Europea y uno de los grandes defensores de una Europa más unida: Jacques Delors, para quien “la falta de solidaridad europea puede dar un golpe mortal a la UE”. ¿Pero quién romperá el proyecto de Unión Europea? Las dudas aparecen porque España e Italia presionan para lograr la mutualización de la deuda, mientras que los países del norte no quieren precipitarse y ya advirtieron en la crisis de 2008 que no habría, en ningún caso, eurobonos.

El profesor Nuno Fernandes, del IESE, es directo. Tras un análisis en el que señala que el parón económico supondrá una recesión más seria y severa en función de lo que dure la pandemia del coronavirus --entre un 5% y un 10% del PIB--, Fernandes incide en que se avecina una “crisis global, profunda, que no tiene precedentes”. Y que, en el caso de los países europeos, sólo se podría paliar con nuevos instrumentos: “El BCE ha comprado mucha deuda, los tipos de interés ya no pueden bajar más, o muy poco, y lo que se debe plantear es una salida conjunta, que proteja mucho el empleo”.

¿La UE, un chivo expiatorio?

¿Qué salida? Fernandes tiene claro que debe ser algo similar a los eurobonos. “Habría que mutualizar la deuda, y es verdad que se plantea un problema con los países del norte de Europa. Pero hay que recordar que Alemania no ha emitido deuda desde hace cinco años.  Es decir, las situaciones son muy distintas, y el hecho es que no creo que un país en solitario pueda salir por sí solo”.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde (izq.), y la de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen / CG
La presidenta del BCE, Christine Lagarde (izq.), y la de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen / CG

Sin embargo, conociendo esa realidad, y el precedente de la crisis de 2008, cuando Alemania, Holanda, Finlandia y Austria constataron que no se iba a mutualizar la deuda, la actitud ahora de España, Italia o Portugal puede llevar a otra interpretación. Es la que formula el politólogo Manuel Arias Maldonado. Su idea es que puede ser el mejor argumento de los países del sur para responder ante sus electorados, con el peligro de forzar esa ruptura de la UE. “No habrá eurobonos, quizá alguna solución intermedia. Tiene su lógica que no los haya, y sobre todo que no los haya ahora; y el daño que eso pueda infligir al proyecto europeo dependerá mucho de la manera en que reaccionen a esa circunstancia los Estados que los exigen: si usan la UE como chivo expiatorio, pidiéndole lo que no puede dar, pueden perjudicarla mucho y con ello a sí mismos. Naturalmente, amenazan con ese daño para torcer la voluntad de sus socios norteños: es un juego peligroso”.

"Planes de recuperación"

Es una estrategia arriesgada, si se toma en cuenta ese punto de vista. ¿Se romperá la Unión Europea si Alemania y Holanda se niegan a mutualizar la deuda, en la que incurrirán España e Italia para poder paliar los efectos del coronavirus, o se romperá porque los ciudadanos alentados inicialmente por los gobiernos de los dos países que lo piden --España e Italia-- se distancian del proyecto europeo votando a partidos populistas?

Surge una especie de advertencia por parte de los expertos, un seamos serios, con la necesidad de saber realmente qué es y no es posible en Europa. Lo señala el investigador principal del Real Instituto Elcano, Miguel Otero. Su idea es que no habrá “coronabonos”, ni mutualización de la deuda, y que se deberá caminar hacia planes de rescate, por países, como ocurrió con la crisis de 2008. Será el Mede, el fondo de rescate, con una condicionalidad, la que se precise y que se podrían llamar “planes de recuperación”. Pero es una fórmula que, por ahora, no quiere ni escuchar el Gobierno italiano que preside Conte, ni tampoco el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, porque la reminiscencia es clara: la culpabilidad de los países del sur por una mayor deuda acumulada.

Una UE para salvar los muebles

El economista Josep Oliver insiste en esa cuestión. En su análisis no figura la posibilidad de los eurobonos. Lo que ha permitido la Unión Europea es que cada Estado pueda gastar hasta un 2% del PIB por encima de los objetivos de déficit, fijados en el 3%. Eso equivale, por tanto, a un 5%, que será mayor con la caída de los ingresos públicos por impuestos y el aumento del desempleo. Lo que seguirá preocupando a los países centrales de la UE es qué pasa con la deuda pública, aunque Italia ya haya dejado claro que no tiene ninguna intención de que los eurobonos se ocupen de la deuda anterior a la que se pueda producir por el parón económico del coronavirus. Con esa negativa de Alemania, Holanda y sus países satélites, sólo quedará lo que pueda hacer el BCE y esos planes de “reconstrucción” a través del Mede.

Pero la implicación social puede ser enorme. Lo explica el historiador italiano Steven Forti, que anuncia el posible avance del populista Salvini. “El riesgo a una ruptura de la UE es real si no interviene con decisión. Es cierto que los llamados coronabonos serían la mejor solución, pero también es verdad que Alemania no cederá. Y, aunque todo dependa de la posición de otros países, como Francia, creo que se habilitarán otras vías, que podrían ser parcialmente satisfactorias, al menos para salvar los muebles”.

Pero, si todo eso no es suficiente, si no se percibe que la Unión Europea está haciendo todo lo posible, “mucha gente puede comprar el discurso de los nacionalpopulismos y Salvini y compañía ya están frotándose las manos”. Lo más certero es pensar, a juicio de Forti, en una Europa que perderá mucho fuelle con esta crisis. Quedará una Unión Europea sin capacidad, con un repliegue hacia los Estados, como “una cáscara medio vacía”, según Forti.

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