Menú Buscar
Los negociadores de la investidura de Sánchez; Illa, Ábalos y Lastra (PSC-PSOE), y Rufián, Vilalta y Jové (ERC) / EFE

Primeros nervios en el PSOE por la estrategia de ERC para investir a Sánchez

Los socialistas toman el modelo de Rajoy, y Sánchez se negará a ir a un pleno de investidura sin asegurar antes todos los votos con la vista puesta en una alternativa

8 min

Una mesa de negociación con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el otro lado. Con Josep Maria Jové, el hombre de la Moleskine, el que diseñaba los planes para lograr la independencia de Cataluña, sentado enfrente del secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos. Demasiado descarnado. En el PSOE han comenzado a aparecer los nervios, no tanto por esa fotografía, que ha irritado a los más veteranos, como Josep Borrell, sino por la estrategia de ERC, que se quiere tomar las cosas con calma. ¿En dos semanas la investidura? No es ese el plan de los republicanos.

¿Qué quiere realmente Pedro Sánchez? Esa es la pregunta que se formulan muchos cuadros y dirigentes socialistas, que entienden que el paso del líder socialista ha sido brusco, que vulnera la política en su concepción más noble. De considerar que en Cataluña hay un problema de “convivencia” a la existencia de un “conflicto político”, porque así lo reclama Esquerra. 

Josep Maria Jové, diputado de ERC investigado en la causa del 1-O, en la entrada en el TSJC / EFE
Josep Maria Jové, diputado de ERC investigado en la causa del 1-O, en la entrada en el TSJC / EFE

"Hacer un Rajoy"

Pero el PSOE quiere comenzar a acotar el terreno. Si en la reunión de este jueves en el Congreso entre las delegaciones de los dos partidos se apuntaron avances --aunque sin ningún resultado--, emplazándose para otro encuentro el próximo martes, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, señaló que Sánchez no irá a “una investidura fallida”. ¿Qué quiere decir? Sánchez, como admiten, incluso, fuentes del PP, podría estar pensando en “hacer un Rajoy” --lo hizo en 2015-- y no aceptar la designación, por parte del Rey Felipe, de ser el candidato a la presidencia del Gobierno para convocar un debate de investidura en el Congreso. Sin asegurar todos los votos --esto es, la abstención de ERC--, Sánchez no pronunciará su discurso en la Cámara parlamentaria.

Eso implica que los deseos del líder del PSOE de constituir un nuevo Gobierno antes de Navidad se verán frustrados. Y que, con un clima enrarecido, sin una vía clara para tener una mayoría parlamentaria detrás, los socialistas pensarán en una alternativa. ¿Cuál? Los nervios en las filas del PSOE se producen porque se pensaba que los independentistas no debían contar en la ecuación. “Es una imagen difícil, es la política y se debe negociar, pero ERC puede dar al traste con todo, y el esfuerzo realizado generaría una imagen muy negativa”, señalan fuentes socialistas, al entender que a Sánchez no le quedaría otra que girar de nuevo --otra vez--, desandar el camino, con el desgaste que ello supone, y buscar otros socios.

Esquerra y sus fotografías

ERC, mientras, se mira la fotografía de este jueves en el Congreso con cariño. Tiene lo que perseguía. ¿Es suficiente? No todavía. Se puede estirar. Las necesidades internas del partido, --debe proyectar a Pere Aragonès como nuevo hombre fuerte y como candidato a la Generalitat-- obligan a ganar algo más de tiempo. “No tenemos ninguna prisa, al contrario que ellos”, señalan fuentes republicanas, que añaden que el objetivo es “encontrar una solución al conflicto” y no tanto solucionar o no la investidura de Sánchez. Esquerra se juega las cosas de comer en Cataluña, con las elecciones catalanas a la vuelta de la esquina, y no tanto en Madrid.

Borrell en una intervención ante la Eurocámara / PARLAMENTO EUROPEO
Josep Borrell, en una intervención ante la Eurocámara / PARLAMENTO EUROPEO

¿Eso lo sabía la dirección del PSOE? Sí y no. La necesidad de formar Gobierno, de cerrar lo antes posible un acuerdo, provocó que se viera más fácil de lo que está siendo la negociación con ERC. El PSC, que aparece en algunos círculos políticos y económicos de Madrid como el partido que manda en el PSOE, es más prudente. Sus dirigentes mantienen un ilustrativo silencio. Si bien Miquel Iceta siempre aparece más optimista, como el hombre que juega siempre sobre lo posible y lo necesario en la política, Salvador Illa, que forma parte de la delegación negociadora del PSOE, es más cauto. ¿Pensar en que a Esquerra le conviene ese pacto y que acabará facilitando la investidura con una abstención? Para nada. Mejor pecar de pesimista.

Ciudadanos entra en escena

Ante eso, se dibujan dos alternativas. O bien Ciudadanos ejerce de Manuel Valls, y da sus votos a un Gobierno de Sánchez con Unidas Podemos para que el PSOE no dependa de ERC --Valls hizo eso mismo respecto a Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona en detrimento del republicano Ernest Maragall--, o bien Sánchez renuncia al apoyo de Unidas Podemos, y acuerda un Gobierno con Ciudadanos con la abstención del PP.

En este último caso, Pablo Casado no se negaría. Ante un Gobierno de 130 diputados, con el PP ofreciendo sus apoyos en cada ocasión que sea necesaria, el PP gozaría de una posición envidiable: imprescindible, pero resguardado en el Congreso, ejerciendo al mismo tiempo como oposición.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Pablo Casado / EP
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Pablo Casado / EP

Casado, aprendiendo de Junqueras

Curiosamente, quien protagonizó ese papel fue ERC con el Gobierno de Artur Mas tras las elecciones de 2012. El entonces líder convergente perdió 12 diputados en aquel momento, y acordó un Gobierno con Esquerra Republicana. Oriol Junqueras decidió apoyar al Govern colaborando, pero como “líder de la oposición” en el Parlament. Es decir, se ponía un sombrero u otro en función de las circunstancias. Y eso mismo podría hacer Pablo Casado.

¿Sería negativo para Pedro Sánchez? Peor sería si se ve en la necesidad de convocar, de nuevo, unas terceras elecciones generales. Por eso, los nervios han comenzado a aflorar. Los republicanos protagonizan todas las fotos, hasta el punto que el dirigente socialista más combativo con el independentismo en los últimos años, Josep Borrell, ha aparecido para criticar que se considere a ERC como un partido de izquierdas, como señaló la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo.

La paradoja se ilustra con el propio caso de Borrell, que critica esa aproximación, mientras que su pareja, Cristina Narbona, como presidenta del PSOE, controlaba los vídeos para animar a la militancia a votar a favor del acuerdo con Unidas Podemos que, de forma casi directa, implica también la abstención de ERC para dar luz verde a la investidura de Pedro Sánchez.