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 Jordi Puigneró en una comparecencia en el Parlament / EUROPA PRESS

El humo de la 'NASA catalana': los seis puntos flacos del proyecto de Puigneró

Empresas catalanas del sector aeronáutico dudan de la utilidad de la agencia espacial de la Generalitat

1 min

La Agencia Espacial de Cataluña es el último gran proyecto de la Generalitat. La iniciativa, apadrinada por el consejero Jordi Puigneró, echará a andar con un presupuesto inicial de 18 millones para los próximos cuatro años​. Su primer reto: lanzar dos nanosatélites al espacio en 2021.

Pese al bombo y platillo con que ha sido anunciada la agencia, fuentes consultadas por Crónica Global ven con recelo el diseño del organismo. Estas empresas, punteras en el mercado aeronáutico, dudan tanto del alcance como de la viabilidad de la última aventura del independentismo. Estos son los principales puntos flacos de un proyecto que, además, ha orillado en su genésis a los interlocutores con más trayectoria del sector.

1. ¿Una agencia espacial regional?
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1. ¿Una agencia espacial regional?

Uno de los escollos identificados por el sector es la falta de estatalidad de Cataluña. No solo eso, sino que incluso España confía sus fondos en esta materia a la Agencia Espacial Europea. La colaboración entre las naciones del continente es fundamental para poder competir con los gigantes asiáticos y estadounidenses.

 

En este contexto, la creación de una organización de alcance regional parece innecesaria para algunos actores. Además, señalan que el control del espacio es una atribución nacional, no autonómica. Determinados empresarios auguran posibles conflictos con el Estado si la 'NASA catalana' colisiona con los intereses generales, mientras otros creen que no tiene por qué haber disputas competenciales entre niveles administrativos.

2. Sin capital privado
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2. Sin capital privado

Tampoco convence al sector la denominación de new space utilizada por la Administración autonómica. "Por este concepto se conocen a las iniciativas de capital privado como las de Elon Musk. No conozco ningún proyecto de new space con capital 100% público", indica un directivo.

 

Otro apunta: "Lo que está montando la Generalitat es old space. Para el new space se necesita innovación y enfoque comercial". "Deberían optar por lo que hace el Gobierno americano y comprar cosas sobre planos. No diseñados de páginas web con dibujos muy bonitos pero sin materializar", añade.

3. Tecnología de universitarios
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3. Tecnología de universitarios

Estas consideraciones entroncan con las dudas, cuando no la irrisión, que genera en el empresariado el lanzamiento de dos nanosatélites o cubesats. Un interlocutor compara esta operación con el despegue previsto de 900 cubesats por parte de Airbus en el seno del proyecto OneWeb.

 

"Hablamos de tecnología de universitarios", sentencia un ejecutivo. "Hacer cubesats como todo el mundo... me da vergüenza ajena", suma otra voz. La tecnología de estos pequeños satélites es accesible desde hace años, comentan los expertos en aeronáutica. Aunque lo complicado es ponerlos en órbita --para eso se quiere reutilizar el complejo de Alguaire en Lleida como espaciopuerto--, la tecnología en si ni es disruptiva ni ofrece un cambio de rasante tecnológico.

4. Beneficios para el territorio
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4. Beneficios para el territorio

A este desfase tecnológico se suman las dudas sobre los criterios de elección de las empresas involucradas en esta fase inicial de la agencia.

 

Tanto Sateliot como Open Cosmos son compañías de rango modesto, y la segunda de ellas ni siquiera tiene su sede en Cataluña. "El retorno económico para Cataluña es nulo en este caso. Si se suma que estos nanosatélites, según mis cálculos, solo orbitarán sobre la comunidad catalana un 0,03% de tiempo de vuelo, el proyecto tendrá escasa incidencia sobre el territorio", indica un empresario.

5. Retorno de los dirigibles
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5. Retorno de los dirigibles

Las fuentes entrevistadas lamentan que la Administración catalana no haya apostado por alternativas como los dirigiblesdrones globos atmosféricos. Soluciones englobadas bajo el rótulo de HAPS (siglas en inglés de High-Altitude Platform Systems) y que han tenido desarrollos prometedores en España como el prototipo de un zepelín de energía solar nacido en la Universidad de León.

 

"Las alternativas HAPS no son satélites, porque no orbitan. Se mantienen a 20 kilómetros de altitud y actúan como una torre de vigilancia altísima de alta precisión. Ocupan una banda media entre los aviones, que vuelan por debajo, y los satélites tal y como los entendemos", explica el equipo promotor de la academia leonesa. Estos diseños son más económicos y mantienen una vinculación con el territorio desde el cual despegan. Las empresas catalanas que han hablado con este medio ven más esperanzadoras estas iniciativas, y ponen como ejemplo su puesta en práctica por parte de gigantes tecnológicos como Google.

6. El precedente de BAIE
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6. El precedente de BAIE

Sin embargo, la Generalitat ha optado por una "salida fácil" apostando por una financiación totalmente pública destinada a unos ingenios que ya eran viejos hace años. "Me lo miro en positivo, pero es un proyecto que todavía tiene que evolucionar", concluye una fuente.

 

No es la primera vez que el Ejecutivo catalán se mete en una operación similar. Antes de que Puigneró encabezara esta propuesta, existió la BAIE (Associació Barcelona Aeronàutica i de l'Espai). Esta entidad --que agrupó a representantes tanto del Estado, como de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona, así como una nutrida representación del sector privado-- terminó desarticulándose en 2013 tras un arranque prometedor. Las fuentes cruzan los dedos para que a la segunda vaya la vencida, pero piden que se corrijan los puntos flacos del diseño inicial de la agencia.

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