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La filóloga menorquina Aina Moll, impulsora de la inmersión / YOUTUBE

El legado de Aina Moll

La filóloga menorquina, recientemente fallecida, fue clave en la implantación de la inmersión lingüística escolar obligatoria en catalán que actualmente aplica la Generalitat en contra de la justicia

18.02.2019 00:00 h.
12 min

El pasado 9 de febrero falleció la filóloga menorquina Aina Moll (1930-2019) y desde entonces ha recibido todo tipo de alabanzas por parte del nacionalismo y del catalanismo por su contribución a la “normalización lingüística” de Cataluña y Baleares.

Pero su aportación más trascendente en ese ámbito se concreta en el establecimiento de las bases de la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán, primero en la comunidad catalana y posteriormente en las islas. Un modelo que todavía aplica la Generalitat de Cataluña --y, en menor medida, el Govern de Baleares-- a pesar de que la justicia ha dictaminado en reiteradas ocasiones que no se ajusta a la legalidad.

Franquismo y transición

Nacida en Ciudadela e hija del también filólogo Francesc de Borja Moll --con el que colaboró en la elaboración del Diccionari català-valencià-balear--, durante la dictadura franquista se dedicó con intensidad a la promoción de la lengua catalana, tanto en Baleares como en Cataluña. Y participó en la realización del Atlas lingüístico de la península Ibérica.

En 1962, fue cofundadora de Obra Cultural Balear, entidad hermana de Òmnium Cultural en las islas. En 1978, formó parte de la Comisión de Traspasos Estado-Consejo General Interinsular de Baleares y al año siguiente presidió el primer tribunal de profesores agregados de catalán de bachillerato en Cataluña.

Fichada por Pujol

En junio de 1980 fue nombrada primera directora general de Política Lingüística de la Generalitat de Cataluña, bajo el gobierno de Jordi Pujol y con Max Cahner como consejero de Cultura.

Fue desde este cargo, que ejerció hasta septiembre de 1988, desde donde pudo aplicar gradualmente pero con todo vigor sus planes para hacer del catalán la única lengua vehicular de las escuelas con la justificación de la citada “normalización lingüística”. Y para ello no dudó en hacer suya la táctica pujolista de avanzar sin pausa en sus objetivos pero, a la vez, apelar públicamente al “respeto de los derechos de todos”.

Desactivación del PSC

En su primera etapa como directora de Política Lingüística, Moll se mostró especialmente preocupada --también por consejo de Pujol, como reconoció posteriormente-- por lograr un “consenso general” de los partidos políticos que evitase resistencias a su proyecto.

Así, logró desactivar de forma eficaz los planteamientos que la pedagoga y diputada del PSC Marta Mata venía defendiendo desde la dictadura franquista en defensa de la enseñanza en lengua materna a través de la Escuela de Maestros Rosa Sensat. De hecho, la influencia de Moll en Mata fue tal que con el paso del tiempo la socialista acabó apoyando abiertamente la inmersión lingüística obligatoria y el PSC la asumió como un modelo propio del que se declara introductor e impulsor. El pretexto fue no separar a los alumnos por motivo de la lengua, un criterio que, sin embargo, los detractores consideran que se podía haber salvado con una educación bilingüe, conjugando catalán y castellano como lenguas vehiculares en proporciones razonables.

El ‘Manifiesto de los 2.300’

En marzo de 1981 se hizo público el Manifiesto de los 2.300 por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña, promovido por un grupo de profesores, intelectuales y sindicalistas, en el que se mostraba la preocupación por la discriminación hacia los castellanohablantes que suponía la política lingüística que empezaba a aplicar la Generalitat, especialmente en la escuela, como parte de un proyecto de construcción nacional. Moll citó inmediatamente a los impulsores del manifiesto en la sede de la Dirección General de Política Lingüística y les trasladó un cuestionario en el que les reclamó el nombre de todos los firmantes, les reprochó que hubieran difundido el texto en la prensa antes de que ella lo conociera, les interpeló sobre cómo habían sido recogidas las firmas, por qué el manifiesto estaba fechado dos meses antes de su publicación, por qué se había publicado en un medio de Madrid --Diario 16-- y no de Cataluña, qué documentos aportaban para justificar su denuncia y otras cuestiones como “¿Qué creen que debe preocupar más al Gobierno de la Generalitat, la hipotética y muy improbable discriminación futura de los niños castellanohablantes o la discriminación real presente de los catalanohablantes, que perpetúa una injusticia histórica?”.

Por su parte, el nacionalismo radical respondió con más contundencia: unos días después nació la Crida a la Solidaritat en Defensa de la Llengua, la Cultura i la Nació Catalanes --que contó entre sus miembros destacados con Jordi Sànchez (posterior presidente de la ANC), Àngel Colom (que llegó a ser líder de ERC) y Carles Riera (actual portavoz de la CUP)--, que no dudó en intimidar a todo aquel que se opusiese al nacionalismo lingüístico; y el 21 de mayo, Terra Lliure secuestró, ató a un árbol, disparó en una pierna y abandonó al entonces profesor Federico Jiménez Losantos, uno de los promotores del manifiesto. Tras lo cual, él y buena parte de los impulsores del texto --que recibieron múltiples amenazas-- abandonaron Cataluña. En los años siguientes, cerca de 14.000 docentes siguieron el mismo camino.

Aina Moll, impulsora de la inmersión lingüística obligatoria en catalán / EUROPA PRESS

Aina Moll, impulsora de la inmersión lingüística obligatoria en catalán / EUROPA PRESS

Implantación de la inmersión

A partir de 1983, con la aprobación de la primera Ley de normalización lingüística y con el nombramiento de Joaquim Arenas como jefe del Servicio de Enseñanza del Catalán (Servei d’Ensenyament del Català, SEDEC) --procedente de Òmnium Cultural y muchos años después, en 2016, promotor del Manifiesto Koiné, por la oficialidad única del catalán--, de la mano de Moll se inició la implantación del modelo de inmersión lingüística obligatoria exclusivamente en catalán.

Moll y Arenas se centraron en extender el sistema a toda la comunidad. Aunque la falta de profesores con la formación adecuada de catalán marcó el ritmo de su implementación. Así, se pasó del 9,17% de las escuelas en las que se aplicaba la inmersión en 1983, al 62,8% en 1987, al 72,2% en 1990 y al 88,8% en 1992. A partir de entonces --ya sin Moll al frente de la Dirección de Política Lingüística, que dejó en 1988--, un decreto (el 75/1992) universalizó la inmersión en toda Cataluña. Como muestra de rechazo a esta política surgieron diversas entidades de la sociedad civil, entre las que destacan la Asociación por la Tolerancia, Cadeca, Profesores por el Bilingüismo y el Foro Babel.

Vuelta a Baleares

El Gobierno de Pujol premió los servicios de Moll concediéndole la Creu de Sant Jordi de la Generalitat en 1989. Ingresó en la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans (IEC) en 1993. Y en 2011 fue galardonada con el premio Ramon Trias Fargas de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC).

En 1990 asumió el cargo de coordinadora de la Campaña Interinstitucional de Normalización Lingüística de las Islas Baleares, hasta 1995, en que fue nombrada asesora lingüística del Gobierno autonómico balear por un año. Desde allí, trató de implantar en Baleares el mismo modelo de inmersión lingüística que había impuesto en Cataluña, aunque no logró propagarlo a toda la comunidad. Pese a ello, en 1997 recibió el Premio Ramon Llull del Govern Balear.

Pancatalanista inflexible

En sus declaraciones públicas, Moll se mostró inflexible ante cualquier atisbo de recuperación de un sistema escolar bilingüe equilibrado entre catalán y castellano, e incluso reclamaba ir más allá. Por ejemplo, en 1988 subrayaba: “No creo que sea preciso enseñar en castellano ahora”. En 1996 aplaudía las campañas “coercitivas” para avanzar en la “normalización lingüística” y pedía nuevas leyes que obligasen a las empresas a etiquetar en catalán y a los medios de comunicación privados a usar esta lengua. En 2010, al conocerse las sentencias del Tribunal Supremo que ordenaban restablecer el bilingüismo escolar, rechazó rotundamente “volver a introducir” el castellano como lengua vehicular en la educación junto al catalán. Y en 2012, al ser investida doctora honoris causa por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), reclamó una política lingüística “más exigente”.

Por otra parte, Moll siempre reivindicó la figura de los Países Catalanes, denominación utilizada por el nacionalismo pancatalanista​ para referirse al territorio formado por Cataluña, Baleares, la Comunidad Valenciana, Andorra, la Franja de Aragón, el Rosellón (Francia), Alguer (Italia) y el Carche (Murcia). De hecho, ella misma, aunque era balear, se consideraba a sí misma “catalana” y así se presentaba en sus intervenciones públicas.

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