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Oriol Junqueras y Carles Puigdemont con una Diada del 11 de septiembre / CG

El independentismo se rompe antes de la Diada

Torra y Puigdemont, con la complicidad de la ANC, buscan cómo aprovechar la sentencia del TS para recuperar la vía unilateral, con ERC ya en un camino opuesto

08.09.2019 23:44 h.
7 min

Llamamientos a la unidad de última hora. Compromisos para no defraudar al “pueblo catalán”, y fotografías que buscan la lágrima, con Carles Puigdemont y la republicana Marta Rovira animando a la participación en la Diada de este miércoles 11 de septiembre. Se trata de "pura retórica”, de una salida a la desesperada para que el proceso independentista no se esconda ya en un cajón. Lo admiten dirigentes soberanistas, del PDeCAT y de Esquerra Republicana, que caminan en una línea totalmente opuesta a la del presidente Quim Torra y a la del expresidente Carles Puigdemont, con la complicidad de la ANC que dirige Elisenda Palauzie. 

La Diada de este año será numerosa, como ocurre desde 2012. Pero el acento es muy distinto. Las peticiones que llegan desde la ANC –se asegura que ya se cuenta con 300.000 inscritos, cuando hace exactamente un año eran 450.000—tienen un objetivo muy real: no perder adeptos. De la idea de “ensanchar la base independentista”, como reclama Esquerra, en los distintos procesos electorales que se presenten a corto y medio plazo, se ha pasado a no perder lo que ya se tiene. El entusiasmo en la propia militancia independentista es menor, y las cúpulas de los partidos lo saben.

El canto del cisne 'indepe'

Lo que ocurre es que todavía queda alguna ventana de oportunidad. Torra lo intentará. Primero, con su probable no presencia en el juicio por desobediencia ante el TSJC. Lo que quiere Torra es que lo inhabiliten, lo que desea es que la justicia española muestre “la represión” que se ha instalado, según una parte del independentismo, en todo el Estado. No le queda otra que buscar esa vía, para que, junto con la sentencia del Tribunal Supremo, dando por descontado que será muy dura con los dirigentes independentistas presos, se genere una gran movilización ciudadana que pueda justificar un momentum unilateral.

Es el canto del cisne, la posibilidad de un último grito independentista, con el juramento de que, en ningún caso, se deberá reconocer el enorme error histórico del independentismo respecto a los hechos de octubre de 2017.

El 'factor' Chacón

La paradoja es que, sin llegarlo a verbalizar, entre otras cosas porque su dirigente Oriol Junqueras está en prisión y podría ser condenado con una pena severa, es Esquerra la que ha cambiado el rumbo. Ya no es táctica. Es estrategia, porque se sabe que sin gobernar, sin hacer caso a las peticiones que llegan desde la sociedad, el independentismo no tendrá ningún futuro. Y quien gobierna, quien tiene la responsabilidad de las finanzas catalanas y recibe cada día la presión de los distintos colectivos sociales, es el republicano Pere Aragonès, el vicepresidente de Economía, y probable candidato de Esquerra a la Generalitat.

Carles Puigdemont y Quim Torra, durante su encuentro de esta semana en Bruselas / EFE
Carles Puigdemont y Quim Torra, durante su encuentro de esta semana en Bruselas / EFE

Esa es la realidad. El Gobierno de la Generalitat está paralizado. Los consejeros de Junts per Catalunya y de ERC están profundamente enfrentados. Pero también existe una clara oposición entre algunos responsables y el presidente Torra. La consejera de Empresa, Àngels Chacón, que no para de entrevistarse con colectivos empresariales y profesionales, ha parado los pies a Torra: ni soñar con una huelga general, ni parcial como respuesta a la sentencia. Y tampoco quiere saber nada de subida de impuestos como pretende Aragonès para buscar un acuerdo con la CUP o con los Comuns para sacar adelante los presupuestos de 2020.

Elecciones cuanto antes

Todas esas diferencias expresan que el independentismo llega roto a la Diada, y que ya no tiene ningún denominador común. Fuentes de Esquerra insisten en que la decisión adoptada es “determinante”. ¿Qué quieren decir con ello? Hay una retórica común, sí, pero se deslizan mensajes para que la parroquia más atenta los descifre. Lo hace el portavoz parlamentario de ERC, Sergi Sabrià, al pedir, este mismo domingo, que es necesario “un gobierno con un amplio apoyo”. Se refiere a que sólo tras unas elecciones, en las que cada fuerza política presente su programa y su horizonte nacional con claridad, se podrán constituir un nuevo Gobierno que gobierne, y que pueda tener detrás una mayoría parlamentaria. En lo que piensa ERC es en abrir el escenario, en jugar un partido distinto, con Junts per Catalunya en un papel secundario, o, incluso, en la oposición.

El vicepresidente de Economía de la Generalitat, Pere Aragonès, de Esquerra (ERC) / EFE
El vicepresidente de Economía de la Generalitat, Pere Aragonès, de Esquerra (ERC) / EFE

Entonces, ¿para qué esa fotografía entre Puigdemont y Rovira? La secretaria general de ERC ocupa ese cargo nominalmente, desde Suiza. Mantiene el contacto con la dirección de los republicanos en Barcelona, pero vive otra situación. A Esquerra ya le va bien, porque el independentismo ha vivido de retórica y de imágenes ilusionantes desde 2012.

La realidad 'republicana'

Pero lo que cuenta es lo que señala cada día Aragonès, junto a Roger Torrent o Sabrià y, eso sí, decidido de forma previa por Junqueras: esperar a la sentencia, protestar sin excesos, provocar elecciones y gobernar. Y esperar a que, cuando llegue el tiempo de la política, la situación pueda mejorar.

¿Unidad de cara la Diada? Sólo una imagen de cara a la galería. El independentismo vive sus últimos días de ilusión colectiva.

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