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Los componentes de una mesa electoral este 14F en Cataluña / EUROPA PRESS

La falta de tensión por la ruptura explica la abstención del 14F

El comportamiento electoral se acerca al que se había producido antes del inicio del proceso soberanista, agravado por el cabreo por la gestión de la pandemia

8 min

La retórica inflama los espíritus, pero en ocasiones sirve de muy poco, porque ya no es creíble. La falta de tensión, de percibir que el enfrentamiento político y la defensa de un proyecto rupturista había acabado en nada, ha provocado una enorme abstención en las elecciones del 14F. Una abstención que se ha producido en el campo independentista, pero también en el flanco de las fuerzas constitucionales, que se han repartido en el seno del bloque los distintos apoyos. Hay otros factores, pero los expertos señalan que el principal, el que explica una participación del 53,55%, es la falta de tensión si se compara con las elecciones de 2017 y de 2015.

Las elecciones autonómicas en Cataluña han tenido, históricamente, una participación baja, con una media del 60%, y con picos a la baja en 1992, con el 54,87%, y en 2006, con el 56,77%. El inicio del proceso independentista, a partir de 2012, provocó una polarización que alcanzó en aquel año el 67,76%; en 2015 el 77,46% y en 2017 el 79,09%, el máximo desde 1980, con la recuperación de la Generalitat, algo que se considera "totalmente excepcional".

Decepción por la gestión

El politólogo Juan Rodríguez Teruel señala que la pandemia del Covid ha permitido a los analistas introducir un argumento serio para no evidenciar y decir de forma clara que Cataluña ha vuelto a registros de cierta ‘normalidad’. Aunque Rodríguez Teruel no niega que en ciertos sectores de la población “ha habido miedo por la pandemia”, y que llovió, lo que ha sido determinante es la “caída de la percepción de riesgo”, sobre el choque político entre el independentismo y el no independentismo, y “la decepción por la gestión de la crisis”, por parte del Govern de la Generalitat.

Colegio electoral de Mataró preparados para la votación de ciudadanos con positivo por Covid / CG
Colegio electoral de Mataró preparados para la votación de ciudadanos con positivo por Covid / CG

Y es que el independentismo, los dos grandes partidos que podrían renovar la formación del Govern, Junts per Catalunya y Esquerra Republicana, se han dejado por el camino 712.490 votos. La abstención, a diferencia de otras ocasiones, ha afectado “de forma transversal” a todos los partidos y bloques, aunque dos formaciones han aguantado más el tirón, porque han estado más movilizadas: la CUP y el PSC, que ha ganado las elecciones con un aumento de votos respecto a 2017, aunque de forma muy pequeña, de los 606.659 votos de 2017 a los 652.858 de las elecciones del pasado domingo.

Estado de ánimo

¿Habría entrado la política catalana en una senda de normalización, en la que prime la gestión sobre el debate identitario? La politóloga Berta Bartet considera que se podría haber superado una fase de enfrentamiento, y el que el efecto clave de esa enorme abstención se debe a esa falta de cuestiones vitales en juego. Aunque Bartet añade también un “miedo real” a salir a votar, a la lluvia, que siempre incide cuando se presenta en un día electoral, y a un “estado de ánimo” en referencia al malestar por la gestión del Govern con toda la crisis sobre la pandemia en los últimos meses.

Lo que ocurre es que tampoco se ha vuelto a las participaciones medias de otros años, cuando todavía no había aparecido la división por la independencia. Los expertos consultados señalan que unos 15 puntos porcentuales, entre el casi 80% de las elecciones de 2017, se explican por esa falta de tensión, porque la cuestión principal ahora es la gestión de la crisis por la pandemia y no el debate identitario. Pero unos siete puntos, los que faltarían para una participación del 60%, se deberían a los factores que ha marcado el propio virus.

Los medios y los epidemiólogos

Sin embargo, el bloque independentista ha tenido una influencia en esa baja participación, al jugar con la fecha electoral, cuando el Govern decidió trasladarla al 30 de mayo. Y han influido también algunos medios de comunicación, los públicos de la Generalitat y algunos otros que han reiterado todas las posibles dificultades para votar el pasado domingo, con entrevistas constantes a epidemiólogos y a la necesidad de no convocar los comicios. También los propios debates televisivos. Según el politólogo Gabriel Colomé, esos debates “que se han seguido con interés, no invitaban, sin embargo, a la participación, porque no hubo mensajes claros sobre qué se pretendía hacer desde el próximo Govern de la Generalitat”.

Todos los candidatos en el debate televisivo de las elecciones catalanas
Los principales candidatos en el debate televisivo de las elecciones catalanas de La Sexta

Ahora bien, si se camina hacia un Govern que ponga el acento en la gestión, con el proceso soberanista ya en un cajón, las participaciones electorales se podrían normalizar en ese 60% de media, propia de una elección de “segundo orden”, como señala Rafael López. Se trata de un concepto que se utiliza en los países con diferentes niveles administrativos, en los que las elecciones importantes son las “confederales o federales”. En el caso de España son las elecciones generales, que siempre han contado con participaciones más altas que en las autonómicas.

Todo en manos de ERC

Pero, ¿Esquerra Republicana y Junts per Catalunya garantizan ese paso atrás o volverá la tensión? Es lo que apunta López, al considerar que Cataluña está en un “stand by”. El proceso independentista puede acelerar, con el nuevo mantra de que los partidos independentistas --incluyendo al PDECat, que se ha quedado sin representación-- han superado el 50% de los votos. “Dependerá de la posición de Esquerra, de lo que pretenda hacer, para saber si se camina o no hacia esa normalización”, indica López, con la posibilidad de que si se juegan cosas determinantes la polarización se incremente y se vuelva a pasar el 70% de participación.

En lo que todos coinciden es que la evolución del voto nacionalista o independentista no ha sufrido grandes cambios y medio en relación al censo, se trata de porcentajes muy pequeños. Ese voto, sobre censo, tuvo su pico en 2017, con un 38% sobre el censo; y ha caído ahora al 26% sobre el censo, todos aquellos catalanes que tienen derecho a voto. El incremento se produjo en 2010, con el 27%, para pasar al 33% en 2012; el 36% en 2015; el 38% en 2017, y el 26% en las elecciones del pasado domingo.