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Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, en un acto público en el Ayuntamiento / EFE

Los seis 'patinazos' de Ada Colau con el Mobile World Congress

La alcaldesa de Barcelona tiene una relación controvertida con la mayor feria tecnológica de Europa, que inyecta 473 millones de euros en la ciudad

9 min

Son los seis patinazos de Ada Colau con el Mobile World Congress (MWC). La alcaldesa de Barcelona tiene una relación controvertida con la mayor feria tecnológica de Europa, un evento que, en su pasada edición, dejó 473 millones de euros en la ciudad. La primer edil ha completado una legislatura entera y varios meses de su segundo mandato, periodo durante el cual los organizadores del congreso, la patronal GSMA, han encajado sus críticas e incluso se han planteado buscar una ciudad alternativa por los efectos del órdago secesionista de 2017 y las protestas en la calle, que tuvieron lugar pocos meses después del doble atentado terrorista en Cataluña que también generó cierta inquietud entre los asistentes. 

El último resbalón de Colau para cuidar y retener el macroevento tecnológico ha sido un polémico artículo contra el despliegue de la tecnología 5G, la próxima generación de telefonía móvil en la que el sector tiene puesto el foco. La publicación en una web municipal ha dado aire al gobierno de la Comunidad de Madrid y al ayuntamiento de la capital del país para anunciar que pelearán para atraer el MWC a su ciudad.  El texto ha sido retirado y la primera edil de Barcelona ha cargado contra sus homólogos de Madrid. Con todo, que al gobierno municipal se le haya colado este texto de un activista antiMobile se añade a la lista de pifias que ha cometido con esta feria.

"Insostenible" y una auditoría

1. Colau acusó al Mobile de "no ser sostenible" y pidió auditarlo. La primera embestida de la alcaldesa de Barcelona contra el MWC fue en febrero de 2015. Meses antes de las elecciones municipales que la auparon a la alcaldía, la cabeza de cartel de Guanyem Barcelona-ICV-Podemos aseguró que la feria de telefonía "no era sostenible". Lo hizo desde los micrófonos de RAC1, radio desde la que aseveró que "la política de grandes eventos en la ciudad puede atraer mucho dinero en muy pocos días para sectores muy determinados, pero no es un modelo sostenible para la ciudad". A renglón seguido y como respuesta a si le gustaba o no el evento, Colau soltó un frío "depende".

Argumentó que "se habla de grandes eventos o del modelo turístico actual que aporta beneficios a la ciudad, pero se impone un estudio serio sobre a quién beneficia de forma real". De esta forma, se comprometía con los electores a lanzar una suerte de auditoría al Congreso, y lo hacía en plena negociación entre los organizadores y el consistorio (apoyado por el empresariado catalán) para prolongar su continuidad hasta 2023. 

2. Firmó la renovación con protesta de Pisarello. Esa oposición abierta no duró. En junio de 2015 y tras las elecciones municipales, una Ada Colau vencedora en los comicios acudió a la firma de la prórroga del convenio entre la GSMA y el Ayuntamiento de Barcelona. Lo hizo en calidad de invitada del entonces primer edil en funciones, Xavier Trias (CiU). Todos los partidos con representación municipal excepto la CUP firmaron la propuesta de acuerdo de la patronal de telefonía. No obstante, Gerardo Pisarello, número dos de Colau, dio plantón al acto y se sumó a una concentración de trabajadores de Telefónica ante el Ayuntamiento. En declaraciones a los medios, indicó que el pacto con el organizador del Mobile "no era el que ellos habrían querido". Tras ello, el activista y profesor universitario se convertiría en segundo teniente de alcalde de Barcelona. 

Huelgas inacabables

3. Fichó a activistas antiMobile. El flirteo de Barcelona en Comú con la oposición al MWC no se detuvo en esa protesta. El partido fichó a Sergio Espín y Adrià Rodríguez para su equipo de comunicación, activistas que habían participado en la ocupación de la sede de Telefónica en la ciudad en 2013 durante, precisamente, la feria tecnológica. Se jactaron de ello en las redes sociales y cuando el partido ganó las municipales, se incorporaron a la nómina pública de la ciudad. 

4. Incapaz de parar las huelgas de Metro. En el marco de sus competencias, Colau y su equipo fueron incapaces de parar dos huelgas de Metro durante el evento tecnológico. Ocurrieron en 2016 y 2019, cuando la plantilla de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) paró en demanda de un nuevo convenio, primero, y de mejoras laborales y contra la presencia de amianto en el suburbano, después. En el primer ejercicio, la protesta de los empleados dejó imágenes de andenes a rebosar de pasajeros convencionales y congresistas. El pasado año, una nueva movilización de los trabajadores del suburbano torpedeó el congreso. En esta ocasión, la huelga se unió a la marcha de Uber de la ciudad, ya que la tecnológica se retiró de Barcelona antes del 1 de febrero por un decreto del Gobierno catalán que limita la actividad de los vehículos de transporte con conductor (VTC).

Desaire protocolario

5. Apoyo a los taxistas que amenazan la feria. Ya este año, la coalición que arropa a la alcaldesa de Barcelona, Barcelona en Comú, ha vuelto a poner palos en las ruedas del evento al mostrar su apoyo público a Alberto Tito Álvarez, portavoz de Élite Taxi y líder de los taxistas de Barcelona. Lo ha hecho BComú después de que Tito amenazara con convocar marchas lentas durante la feria de tecnología, lo que complicaría sobremanera la movilidad para los más de 100.000 delegados que acuden a la misma. El asunto no está resuelto y la amenaza de paros y boicot por parte de los conductores aún está presente.

Colau anunciaba el MWC en su Twitter el pasado mes de febrero / TWITTER

6. Plantón al Rey durante dos besamanos. En el plano protocolario, los esfuerzos de la primera edil por retener la feria en la ciudad tampoco han sido completos. En 2018 anunció que no participaría en el tradicional besamanos que ofrece el rey Felipe VI a la organización en el marco de la cena oficial del MWC, que este año tendrá lugar en La Boquería. Argumentó que era un acto "impropio de una democracia del siglo XXI". "Una cosa es el respeto institucional y otra el homenaje. Más en los tiempos que corren", insistió la electa para sumarse al presidente del Parlamento catalán, el independentista Roger Torrent (ERC). Reincidió el pasado ejercicio, cuando la primera autoridad municipal dio plantón al jefe del Estado al considerar que el besamanos "le parecía una cosa rancia, casi medieval". También coincidió con los secesionistas.

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