Junts encara el último año de legislatura inmerso en una guerra con ERC por ver quién se hace con la hegemonía del independentismo en las próximas elecciones autonómicas. Pero también en un conflicto interno a raíz de las denuncias por acoso de dos de sus diputadas, Cristina Casol --ya en el grupo mixto-- y Aurora Madaula, que se mantiene como secretaria segunda del Parlament.

Consciente de que el ruido mediático no ayuda en la recta final del mandato, el secretario general, Jordi Turull, intenta apaciguar las relaciones en el grupo parlamentario, pero los enemigos del núcleo de Laura Borràs no están dispuestos a fumar la pipa de la paz contra alguien que les acusó de “violencias silenciosas por parte de compañeros y compañeras". Tienen un as en la manga para provocar la marcha de Madaula.

El secretario general de Junts, Jordi Turull, y la presidenta de Junts, Laura Borràs EUROPA PRESS

Los antecedentes

El inicio de la crisis interna se remonta a noviembre de 2023, cuando Casol y Madaula denunciaron acoso entre sus filas. En estos momentos, uno de esos casos ya se ha resuelto con la expulsión de la primera después de que el órgano de la Cámara determinase que no hubo acoso, aunque sí crispación interna. Pero el caso de Madaula no se resolverá de forma tan simple, pues aparte de su condición de diputada también es secretaria segunda de la Mesa del Parlament. Y no sólo eso: lleva ventaja en la resolución del conflicto frente a su excompañera de filas.



La presidenta de Junts, Laura Borràs, se abraza con la secretaria segunda de la Mesa del Parlament, Aurora Madaula EUROPA PRESS

Según apuntan diversas fuentes a este medio, las conclusiones del informe del Parlament podrían ir en una línea distinta al de Casol, cuyas denuncias no pudieron ser probadas. Es decir, que Madaula podría tener más suerte en su periplo parlamentario poniendo al descubierto el presunto acoso al que habría sido sometida en las últimas semanas.

Objetivo: amnistía

De este modo, una resolución favorable a Madaula no haría más que agitar las aguas en Junts y dejar en evidencia la “mala gestión” del asunto por parte del presidente del grupo parlamentario, Albert Batet, de cuya capacidad se viene dudando a la hora de gestionar conflictos internos.

A todo esto, cabe recordar que el principal objetivo de Junts en la actualidad es el de negociar la amnistía para el prófugo Carles Puigdemont, por lo que generar turbulencias ahora “no conviene a nadie”. Eso explica que, en las últimas semanas, Jordi Turull haya buscado un equilibrio para evitar nuevas salidas del grupo parlamentario. O lo que es lo mismo: evitar que otra de sus dirigentes siga los pasos de Casol y se dirija al grupo mixto del hemiciclo, desde donde podrían torpedear las votaciones en el último --y más crucial-- año de mandato.



Las mismas voces señalan que el secretario general de los neoconvergentes estaría buscando un acuerdo con Madaula para que la sangre no llegue al río, pero ven complicado que esta se conforme “con cualquier cosa”. Reconocen que a Cuevillas “le ofrecieron pagarle minucias que le debían desde sus inicios de los juicios, y así fue. Le pagaron importes pendientes por su trabajo como abogado, pero ella es más difícil de conformar”, agregan.

El presidente del Consell de la República, Carles Puigdemont, interviene durante la constitución de la Asamblea Territorial del Consell de la República, a 2 de marzo de 2024 GLÒRIA SÁNCHEZ - EUROPA PRESS

Resucitan el caso de Eduard Pujol

Pero mientras Turull busca zanjar la polémica en un año electoral, otro sector del partido no quiere enterrar el hacha de guerra. En declaraciones a este medio, aseguran que, si la Oficina de Igualdad del Parlament se pronuncia en el mismo sentido que con el caso Casol, activarán la artillería para dejar caer a Madaula.

En concreto, los críticos buscan un correo electrónico en el que "se demuestra" que la diputada “hizo una mala gestión” de las denuncias de acoso sexual contra Eduard Pujol. Recuerdan que Madaula, Borràs y la entonces líder de Junts en Barcelona, Elsa Artadi, promovieron su suspensión tras las acusaciones. Una suspensión que ahora se ha revelado como “inmerecida” para no pocos dirigentes del partido.



El diputado en el Congreso cayó en desgracia después de que dos mujeres lo denunciaran por acoso sexual. Fue suspendido de militancia en 2020 y obligado a renunciar a su escaño en el Parlament. En junio de 2021, cuando las supuestas víctimas renunciaron a presentar denuncia judicial, fue rehabilitado por Junts, que le devolvió la militancia y le colocó como número tres en el Congreso en compensación por su “calvario político y judicial”.

El diputado de Junts Eduard Pujol I Bonell, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados EUROPA PRESS

A estas alturas, pocos se aventuran a hacer un pronóstico de los resultados de Junts en las próximas elecciones autonómicas. Pero todos coinciden en que el partido se ha convertido en una olla a presión donde las guerras de poder y las venganzas personales se han convertido en mera rutina.

Noticias relacionadas