Optó por una defensa técnica de sus clientes frente al activismo ideológico de sus compañeros. Pero Javier Melero (Barcelona, 1958) también es un hombre político. El abogado de Joaquim Forn y Meritxell Borràs publica libro, El encargo (Ariel), donde explica sus contactos con el mundo independentista y sus experiencias en el juicio celebrado en el Tribunal Supremo sobre la organización del referéndum del 1-O.

Melero afirma que "gobierne quien gobierne" en España "deberá entenderse con los nacionalistas catalanes porque son muchos y todas las gestiones que se están haciendo desde 2012 para salvar a la patria nos han dejado a todos muchísimo peor". No esconde su desencanto con Ciudadanos, en cuya fundación participó.

El libro del abogado Javier Melero 'El encargo'

--Es abogado, boxea, le gusta la música. ¿De donde saca tiempo para escribir?

--El libro lo escribí todo seguido. Julio, agosto y septiembre...

--¿De un tirón? 

--Sí. Como coincidían las vacaciones ha sido mucho más fácil. La historia, como era muy personal y reciente, fluía muy rápido.

--Han comenzado a publicarse muchos libros sobre el procés.

--¡Ay sí, qué horror!

--¿Qué tiene su libro que no tengan los demás?

--Ni idea, porque no he leído los otros.

--¿Los leerá?

--Algunos sí y otros no. Yo explico lo que vi, supongo que los demás explicarán lo que vieron y entre todos quizá hagamos un patchwork que no entiende nadie.

Javier Melero, en su despacho / CG

--A usted se le atribuye una defensa técnica en el juicio del Tribunal Supremo, mientras que la de otros abogados fue más política. ¿Se siente identificado con esa definición?

--Todo lo que se dijo era necesario. Al final se dijo todo lo que tenía que decirse.

-Pero gracias a esa defensa técnica se le considera un abogado profesional.

--Pero hay que ser justo con mis compañeros, cada uno con su tono, con su estilo, con su acento, todo el mundo trabajó en la dirección de la defensa. Eso es completamente compartido.

--¿Le sorprendió el activismo de algún abogado?

--No, les conocía a todos y podía imaginar lo que cada uno de ellos haría.

--¿Cómo lleva la fama? ¿La fama cuesta?

--Esto es ahora, esto es efímero. La fama es la de los que salen en Gran Hermano VIP y los políticos. Esto es una cosa pasajera. Afortunadamente.

--En el libro comenta que quienes participaron en el procés parecían bolcheviques preocupados por las multas. ¿Sabían dónde se metían?

--Creo que ellos de buena fe nunca creyeron que la cosa pudiera llegar a estos extremos. Me consta porque hablaba con muchos de ellos, que su escenario era el del 9N.

--Una consulta que llegó a juicio sin encarcelamiento.

--Creo que ellos, el riesgo de desobediencia lo tenían descontado, pero no más. Aquello iba cambiando, era una situación muy volátil y cada día pasaban cosas. Pero para mí hay una cosa fundamental. El 21 de octubre, fíjese, el fiscal general del Estado dijo que si no se votaba la declaración unilateral de independencia no se interponía ninguna querella. Parecía que todavía había margen para que aquello acabara en poca cosa.

--¿Las penas finalmente impuestas son duras?

--Desmesuradas.

(I-D) El magistrado, Andrés Martínez Arrieta, el presidente del tribunal, Manuel Marchena y el magistrado, Juan Ramón Berdugo, durante la jornada 48 del juicio del 'procés' en el Tribunal Supremo / EP

--¿Qué esperaba?

--Que me hicieran caso, que nos comiéramos las desobediencias, por supuesto. Incluso había un delito que se podía haber atribuido, la incitación a los desórdenes públicos, que según el relato de la acusación, se podía adaptar a lo que ocurrió.

--¿Influyó la presión política o social?

--No lo sé. Puedo especular. Sé que la abogacía del Estado hace lo que le dice el Gobierno, para eso es el servicio jurídico del Estado. Su posición es más clara. La Fiscalía creo que estaba muy vinculada por la querella que presentó el difunto fiscal general del Estado. Y quisieron dejar muy claro que en ellos no interfería nadie, que no eran sensibles a ninguna influencia política. Se aferraron a aquella querella inicial sin desviarse un milímetro. Lo puedo entender. Vox es la típica acusación popular que se va a los procedimientos penales a buscar rentabilidad política. No es un problema de Vox, es un problema del sistema.

--Dice en el libro que los abogados de Vox “eran menos incisivos que un Calippo”

--Eso es una broma afectuosa. Además es evidente, cualquiera que vea los vídeos del juicio.

--¿Que el juicio fuera televisado añadía tensión?

--No, te olvidas. Luego me he visto poniendo unas caras rarísimas porque no eres consciente de que se está retransmitiendo.

--Sostiene en el libro que, en otras circunstancias, Jordi Pujol podía haber parado todo esto.

--Seguro, era el único que tenía autoridad moral suficiente en el movimiento independentista hasta que se produjo su caída (confesión de las cuentas en Andorra).

--¿Cómo ve aquellos convulsos días de octubre de 2017?

--Veo que nadie fue capaz de llegar a un acuerdo, que el discurso público era absolutamente crispado, que todo el mundo mantenía posiciones inamovibles y maximalistas. Se gestionó todo con una extraordinaria torpeza. Recuerdo discursos de unos y otros en aquella época y me parecen surrealistas. Todos eran flamígeros e incendiarios.

Una urna usada en el referéndum del 1-O / EFE

--¿Hay vuelta atrás? ¿Es optimista?

--Soy optimista porque no creo que nadie sea aquí de la secta del reverendo Jones y vayan a suicidarse en masa en la Guyana. Creo que finalmente se acabará recomponiendo. Costará más o menos. A todo el mundo le falta un poco de empatía, ponerse en el lugar del otro. Y, sobre todo, no hablar con esa estúpida virulencia y con esa petulancia tan desagradable.

--Ahora estamos en un proceso de diálogo entre ERC y PSOE, que es una forma de desbloquear.

--Que la gente hable me parece bien, pero aquí estamos en lo mismo. Ellos son los que tienen que hablar, pero uno le dice al otro que es un desgraciado y un fracasado, que él pone y quita Gobiernos como le da la gana, y el otro amenaza, si no se pone firme, con atizarle un 155 en la cabeza que le va a dejar fino. No sé cómo gente que dice eso en público después se reconcilia en privado.

--A lo mejor es postureo.

--Se dice que no puede haber ningún acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Casado porque Casado dijo que se podía pactar con el PSOE, pero no con Sánchez. Y el otro se ofendió mucho. Si se ofenden por eso… Lo que se está diciendo de los independentistas catalanes es mucho peor.

--¿Una gran coalición es la única fórmula de Gobierno estable?

--Gobierne quien gobierne deberá entenderse con los nacionalistas catalanes, porque son muchos y todas las gestiones que se están haciendo desde 2012 para salvar a la patria nos han dejado a todos muchísimo peor. Espero que alguien reflexione y se pare a pensar que lo que ha hecho, además de nutrir a Vox y cargarse a Ciudadanos, no ha conseguido gran cosa más.

--¿El Tribunal Constitucional (TC) pudo parar esto?

--Pudo. El 6 y 7 de septiembre se esperaba una reacción. Cuando el TC apercibió con penas de multa a la sindicatura electoral catalana, ésta se deshizo. Me parece que nadie tenía un plan y cada uno modificaba su táctica sobre la marcha.

--En el libro explica su decepción con Ciudadanos, partido al que perteneció.

--Yo tuve una relación con los fundadores, no fui ni al congreso de 2006. La verdad es que en los últimos tiempos no los reconocía, me molestaba bastante. Por los cambios de discurso, por el tipo de liderazgo, me parecía sonrojante. Luego se ha visto, cuando un partido está construido en torno a un líder, cuando quiebra el líder, no queda nada.

--La victoria de Cs en Cataluña no sirvió para nada, dice.

--Para nada, a la vista está. Ni siquiera dio visibilidad a la gente que defendía el constitucionalismo aquellos días.

Albert Rivera durante una comparecencia en el Congreso / EP

--¿Prepolítica?

--No sé si es política o prepolítica, pero me parece bastante inmadura.

--¿Su receta para desencallar la situación?

--He pensado mucho sobre eso. El problema catalán es muy grande e inabarcable en este momento y lo único que se puede hacer es subdividirlo en pequeños problemas e irles dando solución. Hay un problema con los presos, pues vamos a ver qué pasa y nos ponemos de acuerdo. Hay un problema en infraestructuras y Cercanías, pues vayamos arreglando algo.

--No empezar por un gran pacto…

--Igual vamos solucionando pequeñas cosas, al final es más fácil desencallar ese monstruo negro, gordo y viscoso.

--Los independentistas dicen que España no es un país democrático.

--España es un país razonable desde el punto de vista democrático, con todos los problemas que tienen las democracias de nuestro tiempo. Es más, creo que si Cataluña fuera independiente mañana, el tipo de democracia que habría sería más o menos igual. Nadie iba a descubrir la sopa de ajo una vez satisfecho el aspecto identitario.