Pásate al MODO AHORRO
Montaje en el que aparece la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Miriam St.Germain, y de fondo el president de la Generalitat, Salvador Illa, en el Museo Marítimo a 14 de septiembre de 2026

Montaje en el que aparece la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Miriam St.Germain, y de fondo el president de la Generalitat, Salvador Illa, en el Museo Marítimo a 14 de septiembre de 2026

Zona Franca

El futuro está aquí. Ahora queremos verlo

"Cataluña vuelve a hablar de escuelas, trenes, vivienda, seguridad, sanidad, infraestructuras, empresas e inversión. Bien: ahora toca resolverlo"

Publicada

Salvador Illa llegó hace dos años a la Generalitat con una promesa que, después de todo lo vivido en Cataluña durante la última década, parecía casi revolucionaria por su sencillez: normalidad.

Dos años después, hay que reconocerle que buena parte de aquella promesa se ha cumplido. Pero también hay que empezar a decirle algo que este lunes se ha escuchado, con mayor o menor contundencia, entre representantes de la sociedad civil y económica catalana: la normalidad ya no es suficiente.

El empresariado valora la estabilidad recuperada. Agradece la valentía de algunas decisiones adoptadas por Illa y observa con buenos ojos que Cataluña haya abandonado la excepcionalidad política en la que estuvo instalada durante los años del procés. Incluso parece dispuesto a avalar, aunque sea con reservas, que esta etapa política tenga continuidad.

Pero no es un cheque en blanco. Y quizá sea este el mensaje más importante que debería llevarse el president del ecuador de la legislatura: quienes le reconocen haber estabilizado Cataluña empiezan también a exigirle que la haga funcionar.

Para quienes consideramos que los años más intensos del procés supusieron un enorme paréntesis político, económico y social, recuperar cierta normalidad institucional tiene un valor indiscutible. El independentismo sigue existiendo —la Diada de este 11 de septiembre volvió a demostrarlo— y tiene todo el derecho a defender su proyecto. La diferencia es que ha dejado de monopolizar el debate público.

Cataluña vuelve a hablar de escuelas, trenes, vivienda, seguridad, sanidad, infraestructuras, empresas e inversión. Bien: ahora toca resolverlo.

La primera fase de la puesta en marcha de Cataluña ya está bastante bien resuelta: hay acuerdos parlamentarios, presupuestos aprobados y reducción de la tensión política.

La segunda se mide de una manera bastante menos sofisticada, pero profundamente más eficaz: en si una empresa decide invertir, si un ciudadano consigue una vivienda, si un alumno aprende, si una administración responde o si un tren llega a su hora.

Illa ha dedicado buena parte de su conferencia de este lunes en el Museu Marítim a dibujar la Cataluña de los próximos años. Gobernar exige planificación y sería irresponsable reclamar soluciones inmediatas para problemas que llevan décadas enquistados.

Pero tampoco se puede gobernar permanentemente 'en el futuro'. Los catalanes viven en septiembre de 2026.

Por eso el empresariado reclama políticas más concretas y cortoplacistas. Después de dos años de estabilidad, quiere empezar a percibir sus resultados.

Hay un momento en cualquier legislatura en el que los anuncios deben convertirse en resultados más tangibles, no solo en propuestas de despacho.

Uno de sus principales exámenes está en las aulas. Los resultados educativos de Cataluña son suficientemente preocupantes como para dejar de tratarlos como una mala estadística que reaparece periódicamente.

Los alumnos que hoy tienen dificultades en matemáticas, ciencias o comprensión lectora serán quienes mañana levanten nuestras empresas, administren justicia, enseñen a la siguiente generación o redacten las leyes que tendremos que cumplir todos.

Si ellos suspenden, de alguna manera, suspendemos todos.

Illa ha anunciado un gran acuerdo político sobre educación, el objetivo de avanzar hacia el 6% del PIB y una importante inversión para modernizar los centros. Bienvenido sea. Pero Cataluña necesita preguntarse qué está fallando y atreverse a cambiarlo, aunque las respuestas sean incómodas.

También necesita que Rodalies funcione y que acceder a una vivienda deje de ser una carrera de obstáculos. Podemos discutir sobre décadas de desinversión ferroviaria o sobre planes de vivienda a diez años. Pero el pasajero necesita llegar hoy a trabajar y el joven que no puede pagar un alquiler necesita independizarse hoy.

Ese es el salto que se reclama al Govern.

A Illa se le reconoce el cambio de clima, se le concede crédito y existe disposición a que este ciclo político tenga recorrido, siempre y cuando ese crédito empiece a dar los resultados que se han planteado en los despachos.

La primera mitad de la legislatura podía consistir en recuperar la normalidad institucional. La segunda debe demostrar para qué sirve.

Illa ya no puede gobernar contra el recuerdo de lo anterior. Tiene que gobernar sobre el presente.

Salvador Illa ha titulado su conferencia El futur és aquí.

Tiene razón.

El futuro está aquí. Ahora queremos verlo.