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Gerard Mateo y una 'senyera'

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Zona Franca

Cataluña ‘coloniza’ España

"La Diada es una fiesta usada con fines políticos, gobierne quien gobierne"

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Andan ciertos sectores desubicados con algunos de los movimientos de Salvador Illa. No es para menos.

Mientras unos aprovechan cualquier motivo para hacer una nostálgica reivindicación de la estelada, es este Govern el que lleva Cataluña por España.

Primero fue con el Sant Jordi en Madrid y, ahora, con la Diada en Extremadura. Fuera de fecha, pero Diada al fin y al cabo.

Son las cosas de la globalización… y la supuesta reconciliación entre Cataluña y el resto de España.

Una reconciliación que, por cierto, todavía no se ha producido entre catalanes, aunque la capacidad del tiempo de quitarle hierro a las cosas haya hecho de las suyas.

Sea como sea, cada lugar tiene lo suyo. Y la Diada es de Cataluña. La intención es buena, pero chirría el momento.

Si ya son pocos los catalanes que celebran el 11S, ¿qué va a celebrar un extremeño esta festividad? Pensemos si a la inversa funcionaría el asunto.

Seguramente hay mejores maneras de celebrar la pluralidad de la sociedad que organizar la Diada en Cáceres y Badajoz como agradecimiento a la aportación extremeña a Cataluña.

La operación tiene lógica política. Después de años de confrontación, el Govern quiere proyectar una Cataluña abierta, integradora y dispuesta a recuperar espacios perdidos.

La cuestión es si la reconciliación debe necesitar un calendario de festividades catalanas por toda España.

Tampoco necesita que la Generalitat explique al resto del país cómo debe celebrar Cataluña sus fiestas.

Quizá la mejor forma de normalizar Cataluña no sea convertir cada una de sus tradiciones en una operación institucional de relaciones públicas.

De todos modos, antes de exportar nada, convendría fijarse en algunos ejemplos de éxito.

Gaudí, Dalí, el Barça, Rosalía, el chupachups, Ferran Adrià, el cava, los castells, el pan con tomate… Bueno, el pan con tomate no lo hemos sabido explicar.

Fuera de Cataluña se ofrece una latita de tomate rallado para untar el pan. Es lo mismo. Pero no lo es.

Por lo demás, estos nombres han llevado Cataluña mucho más lejos que cualquier campaña institucional.

Y no porque nadie los haya impuesto, sino porque alguien, en algún momento, encontró algo que merecía la pena compartir.

En el fondo, la Diada es una fiesta usada con fines políticos. Gobierne quien gobierne.

Cataluña no necesita que España celebre la Diada para sentirse integrada en España.

Y España tampoco necesita una Diada para demostrar que se ha reconciliado con Cataluña.