Al fondo: el abogado Emilio Cuatrecasas Wikimedia Commons
Éxitos e infortunios del abogado Emilio Cuatrecasas
“A estas alturas, más que acrecentar la fortuna, toca deshacer el entuerto. Con 71 años cumplidos, ya no está para esperar otra década a que una inversión le salga rana”
El veterano jurista barcelonés Emilio Cuatrecasas está de enhorabuena. En 2025, por segundo ejercicio consecutivo, su holding personal consiguió amasar gruesos beneficios, tras un sexenio de quebrantos a mansalva. En esta ocasión, las ganancias han sido de 20 millones, que se destinaron a fortalecer las reservas.
Conviene subrayar que la quinta parte del excedente no correspondió a la actividad ordinaria, sino a la venta de un par de viviendas con las consiguientes plusvalías.
La corporación desarrolla un quehacer principal, a saber, la compra de bloques de oficinas para su arrendamiento a terceros. Sigue así la estela de otros opulentos empresarios catalanes de variado pelaje, que dedican sus dineros a inversiones en ladrillos, porque confían en su seguridad y rentabilidad a largo plazo.
Cuatrecasas posee, además, un pequeño lote de inmuebles residenciales y naves logísticas. El valor en libros del conjunto de los bienes raíces que alberga el balance asciende a la respetable suma de 280 millones, entre los terrenos, las construcciones existentes y las instalaciones técnicas.
Una de sus posesiones más singulares es el Empordà Golf Resort, sito en el municipio de Gualta, de la comarca del Baix Empordà, que adquirió un decenio atrás por 20 millones. Dispone de dos campos para la práctica de dicho deporte, amén del hotel de cuatro estrellas Terraverda.
El establecimiento celebra algunos actos sociales, promovidos por el propio Cuatrecasas. El pasado mes de enero, por ejemplo, acogió una charla amigable con Sílvia Orriols, presidenta del partido ultra Aliança Catalana, fundado en Ripoll en 2020.
Todas las encuestas electorales publicadas durante los últimos meses revelan que la formación se está “merendando” a pasos agigantados a Junts y a su líder, el prófugo Carles Puigdemont.
Al margen de los menesteres en el ámbito patrimonialista, Cuatrecasas dedica algunos recursos financieros a tomar participaciones en firmas de sectores diversos. El propósito de tales actuaciones reposa en impulsar su crecimiento y, a la primera oportunidad, propinar el consabido pelotazo mediante la cesión al mejor postor.
El grupo contabiliza al cierre del pasado ejercicio unos activos consolidados de 250 millones y un patrimonio de 165. Siete años atrás, tales guarismos eran el doble de los actuales.
La radical merma se debe a una incursión funesta realizada en Elior, gigante francés de la restauración colectiva. Su evolución en bolsa ha sido un desastre. Cuatrecasas hubo de desprenderse de las acciones en sucesivas tandas, a cuál más lesiva. El postrer paquete lo enajenó el año pasado.
La aventura parisina se resume en un quebranto acumulado del orden de los 200 millones. Constituye, sin duda, el envite más ruinoso que ha experimentado el jurisperito durante su casi medio siglo de actividades.
El cuartel general de la corporación se halla en un edificio de su propiedad, sito en avenida Diagonal esquina calle Numancia, en cuyos bajos está alojada la firma H&M, de prendas de moda y complementos.
El magnate administra el emporio como gerente único. Sus haberes se limitaron el curso pasado a un sueldo de 210.000 euros.
Hace un par de años designó como consejera delegada a su hija Inés. Aunque ésta disfruta de plenos poderes en el consorcio familiar, se trata de un cargo interno, pues no consta inscrito como tal en el Registro Mercantil.
Previamente, Inés había hecho sus pinitos en el proceloso mundo de los negocios. Lanzó en España la marca de moda femenina sudafricana Mille Collins. La iniciativa tuvo un recorrido efímero y desembocó en quiebra en los juzgados de Barcelona.
El potente conglomerado patrimonial de Emilio Cuatrecasas recupera la calma y afronta ahora una época más plácida.
Un bienio de resultados positivos permite dar por clausurada la etapa anterior de calamidades. Eso sí, el agujero de Elior todavía proyecta una sombra inquietante sobre el balance, pues recuperar los 200 millones esfumados no será tarea fácil.
A estas alturas, más que acrecentar la fortuna, toca deshacer el entuerto. Con 71 años cumplidos, don Emilio ya no está para esperar otra década a que una inversión le salga rana. Y después de las siniestras peripecias de Elior, quizá se conforme con que las próximas operaciones sean menos onerosas.