Montaje con una imagen del director general de la Policía, el 'Major' Josep Lluís Trapero, con una imagen de la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Miriam de Saint-Germain
El pecado de Trapero: saber demasiado de la policía
"El gravísimo pecado de Josep Lluís Trapero para ocupar la Dirección General de la Policía es saber demasiado de policía"
Un ambientólogo puede dirigir la policía catalana. ¿Sabe de policías? En principio, lo mismo que un policía de ciencias ambientales (es decir, nada). Pero no pasa nada. Puede ocupar la Dirección General de la Policía, sentarse en la cúspide política de los Mossos d'Esquadra y tomar decisiones sobre el futuro de un cuerpo del que nunca ha formado parte.
Ahora bien, que un policía haga de político para dirigir políticamente a la policía... Eso, por lo visto, es una barbaridad. Al menos, para Oriol Junqueras.
Y es que el presidente de ERC ha vuelto a reclamar la cabeza de Josep Lluís Trapero con un argumento difícil de tomar en serio: “El director general de la policía debe cambiar: un policía no puede hacer de político”.
Trapero no pretende ser conseller de Agricultura ni secretario de Estado de Turismo —y aunque tampoco pasaría nada—, resulta que es el director general de la Policía. Y resulta que, además, es policía. Más concretamente, Major de los Mossos d'Esquadra, la máxima categoría profesional del cuerpo después de haber recorrido durante décadas prácticamente todo su escalafón.
Es decir, el gravísimo pecado de Trapero para ocupar la Dirección General de la Policía es saber demasiado de policía.
Curiosamente, ese problema no existía con su predecesor, Pere Ferrer, licenciado en Ciencias Ambientales y hombre de confianza de los anteriores gobiernos republicanos. Pere Ferrer sabía de policías, cuando asumió el cargo, probablemente lo mismo que Trapero de ciencias ambientales. Y eso no lo inhabilitaba.
De hecho, por aquel entonces Oriol Junqueras no parecía especialmente preocupado porque quien ocupaba uno de los principales cargos políticos de Interior no hubiera patrullado una calle, dirigido una investigación criminal o formado parte de la estructura policial que debía gestionar.
Pero los republicanos llevan meses reclamando su cabeza después de que trascendiera la infiltración de agentes de los Mossos d'Esquadra en una asamblea de profesores durante las protestas educativas del pasado mes de mayo. La actuación fue polémica, desproporcionada y difícilmente defendible teniendo en cuenta los antecedentes y el nivel de conflictividad que se esperaba.
Pero incluso Trapero lo reconoció.
El director general compareció junto a la consellera de Interior, Núria Parlon, dio explicaciones públicamente y admitió que aquella operación “no era oportuna”.
También explicó que el objetivo de los agentes era obtener información sobre los movimientos previstos por los huelguistas y posibles cortes para tratar de anticipar incidentes posteriores. Y estos, por cierto, terminaron produciéndose.
Los Mossos no pudieron prever algunos movimientos de los manifestantes y se registraron cortes e incidentes durante las protestas.
¿Justifica eso la infiltración? No necesariamente. ¿Impide criticarla? En absoluto. Una democracia debe poder preguntarse dónde están los límites de las actuaciones policiales y exigir explicaciones cuando estos se ponen en duda.
Pero las explicaciones llegaron. Y llegaron, además, de boca del propio Trapero.
ERC puede considerarlas insuficientes. Puede exigir responsabilidades políticas. Puede reclamar cambios en los protocolos e incluso pedir el relevo del director general si considera que aquella actuación quebró definitivamente su confianza en él.
Lo que resulta bastante más difícil de sostener es que de aquel episodio se desprenda que “un policía no puede hacer de político”. ¿Dónde se estipula esta premisa?
Cuesta evitar la sensación de que a ERC no le molesta tanto que un policía haga de político como qué policía está haciendo de político y quién lo ha colocado ahí. Pere Ferrer, votante republicano, puede llegar a la Dirección General sin saber ni papa de policías, pero Trapero, que sabe y mucho, parece molestarles bastante más.
¿Pensaría Oriol Junqueras lo mismo si el director general fuera un conocido excomisario afín a las políticas de los anteriores gobiernos indepes?
La trayectoria policial de Trapero no lo convierte en intocable. Tampoco significa que todas sus decisiones sean acertadas ni que deba permanecer eternamente en el cargo. Fiscalizarlo es sano, criticarlo es legítimo y exigirle responsabilidades forma parte de las obligaciones de la oposición.
Pero convertir su profesión como policía en una especie de incompatibilidad sobrevenida resulta bastante más complicado de defender. Y más, si hablamos del director general de la POLICÍA.