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El presidente de la Generalitat, Salvador Illa (d), la consellera de Territorio, Sílvia Paneque (i), y el líder de ERC, Oriol Junqueras (c), durante un acto de impulso de la Línia Orbital Ferroviària

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa (d), la consellera de Territorio, Sílvia Paneque (i), y el líder de ERC, Oriol Junqueras (c), durante un acto de impulso de la Línia Orbital Ferroviària

Zona Franca

Por fin llegó la hora de los presupuestos

"Hay quienes están más pendientes de alimentar trincheras ideológicas que de asumir que detrás de unos presupuestos hay hospitales, escuelas, jueces, policías, viviendas, servicios, empresas. Y, sobre todo: ciudadanos"

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Parece que ya los tenemos aquí. O al menos un poco más cerca. Sí, obviamente, hablamos de los presupuestos que deben sacar a Cataluña de la eterna prórroga.

Para ponernos en contexto: este lunes, el PSC y Esquerra Republicana (ERC) escenificaron el acercamiento, esperemos definitivo, para desbloquear las cuentas de 2026.

Tras semanas —o más bien años— de tensión política, amenazas veladas y negociaciones interminables, todo apunta a que Cataluña tendrá, por fin, unos presupuestos dignos, pactados y aprobados. Y, oye, ya era hora, ¿no?

Y es que, mientras algunos se han dedicado a convertir el bloqueo en estrategia y la confrontación permanente en su forma de hacer política, Cataluña seguía esperando. Y, por supuesto, los catalanes también: esperando inversiones. Esperando estabilidad. Esperando que alguien levantara la vista del titular fácil para pensar, aunque fuera por una vez, en el conjunto de la sociedad.

¿Nadie se ha dado cuenta de que esto es can pixa?

Pero, al fin, estamos ante algo prácticamente histórico; y, tras años de lacitos, urnas y sueños delirantes de independencia, estas se presentan como las cuentas que deben permitir desplegar el tercer acuerdo del Institut Català de la Salut (ICS), con miles de profesionales sanitarios esperando mejoras salariales y laborales prometidas desde hace meses.

Son también los presupuestos que llegan en pleno pulso con el sindicato Ustec, en un momento de máxima tensión educativa tras semanas de protestas y movilizaciones docentes por todo el territorio.

Serán también los presupuestos de la vivienda, la gran bandera política de esta legislatura y, probablemente, la principal preocupación de toda una generación expulsada del mercado inmobiliario.

Y serán, además, las cuentas de la descongestión judicial. Así, de hecho, las definió el propio conseller de Justicia, Ramon Espadaler, que aspira a adaptar el sistema catalán a la llegada de 91 nuevos jueces tras años de colapso estructural en los juzgados.

Y sí, también serán los presupuestos de la seguridad. Más Mossos d'Esquadra, más inversión policial y más recursos públicos para intentar responder a fenómenos que preocupan cada vez más a la ciudadanía, desde la multirreincidencia hasta la violencia con armas blancas y armas de fuego.

En definitiva: sanidad, educación, vivienda, justicia y seguridad. Las bases de cualquier país serio, sin delirios de grandeza y con unas pautas de convivencia política mínimamente aceptables.

Por eso, cuesta entender —o quizá se entiende demasiado bien— el empeño de algunos en bloquear cualquier avance durante años. Porque una cosa es negociar. Otra muy distinta es instalarse permanentemente en el “no” mientras los servicios públicos se deterioran y Cataluña pierde competitividad, estabilidad y capacidad de respuesta.

Hay quienes parecen sentirse más cómodos en el conflicto eterno que en la construcción de soluciones. Más pendientes de alimentar trincheras ideológicas que de asumir que detrás de unos presupuestos hay hospitales, escuelas, jueces, policías, viviendas, servicios, empresas. Y, sobre todo, ciudadanos.

Cataluña no podía seguir eternamente instalada en la prórroga. Tres años de sequía presupuestaria son demasiado para cualquier Administración que aspire a funcionar con normalidad.

Cataluña se estaba volviendo inviable, imposible y desesperante.

Ahora, al fin, parece que la luz empieza a verse al final del túnel. Y aunque el acuerdo llegue tarde, con demasiado show político de por medio, y aunque todavía quede el último trámite parlamentario, la conclusión es evidente: Cataluña necesitaba estos presupuestos. Por el bien de quienes están a favor y, fíjate tú, también por el bien de quienes dicen estar en contra.

Y, sobre todo, los necesitaba mucho más que cualquier otro espectáculo absurdo de bloqueo político.