David Expósito opina sobre el mandato de Salvador Illa
Final de curso: el futuro apremia
"Este año, los periodistas le han pedido a Illa explicaciones. El que viene, le pedirán resultados. Para entonces, el lobo de la ultraderecha ya no enseñará las orejas, sino los colmillos en sangre, y el Govern necesitará un porfolio de mejoras tangibles"
Con el cierre del curso político en Cataluña, llega un cambio de etapa. El president Illa se ha sometido al examen de los periodistas en pleno ecuador de legislatura y con la mirada puesta en septiembre, como el estudiante que supera los exámenes de segundo y pasa a tercero, y que sabe que se le exigirá más porque ya va con los grandes del instituto.
Plumillas y reporteros le han preguntado por el suspenso más reciente del Govern, firmado por el Departamento de Educación y FP, tras trascender que no se podrá escrutar el progreso de los alumnos catalanes por un error en la elaboración de las pruebas PISA, aquellas que sitúan a la educación catalana en niveles inaceptables para las condiciones del territorio.
Pese a que la Generalitat sigue sin dar una respuesta del todo convincente a la tardanza a la hora de explicar el problema —el propio Illa lo ha justificado señalando que Niubó manejaba una investigación que continuará varios meses más por estar aún inconclusa—, a los socialistas no les ha quedado otra que agachar la cabeza.
El abandono de las aulas y de las condiciones laborales de los profesores es herencia de ejecutivos anteriores, tras una década y media de gobiernos de corte independentista que han dejado otras tantas carencias que han urgido al president y a su equipo a arremangarse en la búsqueda de resultados a contrarreloj.
Véase, por ejemplo, los problemas en Rodalies, la crisis de la vivienda, los datos sobre seguridad y el escaso despliegue de las energías renovables.
Pero este no es el caso del patinazo en los exámenes. La responsabilidad empieza y termina en la actual conselleria, cuyos técnicos no elevaron a las instancias políticas un error que hace que colegios e institutos vayan parcialmente a ciegas cuando más luz necesitan para cerciorarse de que no están dando bandazos en los tiempos de las pantallas, las necesidades especiales y la laxitud de los padres en casa.
El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, durante la rueda de prensa de este viernes
Illa mantendrá a Niubó y le ha encargado encontrar las explicaciones oportunas y actuar con contundencia. Lo que se espera es algo que vaya más allá de acometer los cambios procedimentales que eviten la repetición del pecado. Y es que el error tiene difícil perdón, puesto que los próximos resultados equiparables no llegarán hasta la edición de 2029.
Al lector no se le escapará que eso será en la próxima legislatura. Para entonces, si los socialistas quieren revalidar la victoria de 2024 con suficiente holgura como para que nadie les arrebate el Palau de la Generalitat y puedan gobernar esa década a la que aspiran, necesitarán mejoras tangibles de sus políticas. Aprovechando el mantra de su expedición en el sureste asiático: recoger los frutos de lo sembrado durante estos dos primeros años.
Porque las inversiones y los vuelos directos sembrados en Vietnam y Singapur esta misma semana —que este medio ha seguido de cerca— pueden esperar a que maduren, pero las cosas del comer van a un ritmo mucho más alto.
Algunos de esos frutos ya han llegado, como la reducción del número de delitos que se cometen en Cataluña, que continuará con la agilización de los juicios rápidos bajo la llegada de nuevas unidades y el incremento de efectivos de los Mossos d’Esquadra. Los apuñalamientos caen, ya no se roban tantos móviles y relojes, el aeropuerto del Prat es un lugar seguro y a los multirreincidentes se les está poniendo la cosa cuesta arriba.
Pero el control de las mafias balcánicas dedicadas al narcotráfico escapa de la capacidad de los Mossos d’Esquadra y apela a los servicios de inteligencia españoles, así como a estamentos europeos. Muchos de los tiroteos que se producen en Barcelona y que generan tanta mala prensa se explican por ahí, y desgraciadamente se seguirán dando, pese a las medidas que puedan llegar desde los despachos de Illa, Parlon y Trapero.
Más asumible es el cambio de cara de Rodalies.
Si bien es cierto que los retrasos en la provisión de un centenar de nuevos trenes de Alstom, fabricante francés con planta en Santa Perpetua de Mogoda, no ayudan, las profundas obras que hoy tanto molestan, la entrada de la Generalitat en decisiones que hasta ahora dependían solo de Renfe y el importante incremento de las partidas dedicadas al mantenimiento de la red invitan a pensar que las mejoras serán palpables el próximo año.
En vivienda, la necesaria ampliación del parque público no llegará esta legislatura, pero deberían verse más grúas para que los socialistas puedan apuntarse un primer tanto con el plan 50.000. Y al margen de la limitación de la compra especulativa y sus desconocidos efectos, la vuelta de miles de pisos turísticos al mercado permanente podría aliviar en cierta medida la acuciante escasez de oferta que dispara precios y que convierte la firma de un contrato en una odisea.
En la rueda de prensa de este 31 de julio, los periodistas le han pedido explicaciones a Illa. El año que viene, le pedirán resultados.
Las municipales podrían haber sacudido el tablero para entonces, con la eventual entrada de Aliança Catalana en gobiernos municipales a lo ancho y largo del territorio y la consecución de varias alcaldías, seguramente pequeñas. El lobo ya no enseñará solo las orejas, sino los colmillos teñidos en sangre, y el Govern necesitará un porfolio de resultados tangibles para combatir la desafección antes de que el ascenso de la reina gótica en el Parlament haga a Cataluña ingobernable.
“Dos años construyendo el futuro”, reza el lema que ha acompañado al president durante la rueda de prensa. Mal que pueda pesar, el futuro apremia.