Un montaje con una foto de Gonzalo Baratech y de fondo el Hotel Mandarin Oriental, en Barcelona
Descalabro de la andorrana María Reig en Barcelona
“En el ámbito de los negocios, las herencias abren puertas, pero la incompetencia las cierra… a veces con bancarrota incluida”
Terminan las penosas andanzas económicas de la andorrana María Reig Moles por Barcelona. Un auto del Juzgado Mercantil número 3 ha acordado la conclusión del concurso de acreedores que Flikat Invest, ex Reig Capital Group, presentó en 2024.
La misma resolución acuerda el cese del administrador y la extinción de la sociedad. Con semejante providencia, se pone punto final a las actividades de Flikat, que desaparece para siempre del censo de entidades españolas.
Hasta el verano de 2023 fue propietaria del opulento hotel Mandarin Oriental, ubicado en el corazón del paseo de Gracia, de cinco estrellas gran lujo.
El establecimiento abrió sus puertas en 2009, tras unas obras de construcción dilatadas indebidamente. A la sazón, la crisis financiera e inmobiliaria arreciaba con intensidad.
María Reig hubo de suplicar moratorias a sus acreedores bancarios varias veces durante el siguiente decenio, para aligerar las cargas embalsadas. Pero su capacidad de resistencia se agotó y el hotel acabó en manos del grupo saudita Olayan.
En los casi tres lustros que permaneció bajo control de Reig, el Mandarin nunca ganó dinero. Por el contrario, encajó un aluvión de resultados deficitarios.
Este es uno de los botones de muestra de los avatares vividos por Flikat.
Otro lo brinda una infausta inversión realizada en un complejo turístico sito en Puerto Rico. La mala suerte se ensañó con el proyecto. Se hallaba en plena ejecución cuando un terremoto destruyó por completo las instalaciones. La secuela fue un boquete de 120 millones de euros en las cuentas de Flikat.
Los quebrantos que Reig acumuló en sus desventuras barcelonesas y caribeñas se cifran en la fuerte suma de 300 millones. Esta cantidad constituye un récord histórico, pues hasta ahora ningún empresario o cacique del Principado vecino había sufrido un descalabro de tanto bulto.
Reig Capital Group cambió su nombre fundacional por el de Flikat Invest poco antes de llevar sus estados contables al juzgado de la Ciudad Condal, para declararse en quiebra y solicitar la liquidación de sus escasos bienes.
Tal camuflaje es una práctica relativamente habitual en este tipo de lances corporativos, cuando se pretende pasar lo más inadvertido posible. Se confía, con grandes dosis de candidez, en que el simple cambio de rótulo permita bajar la persiana sin demasiado ruido y sin suscitar preguntas incómodas.
A la vez que se mudaba de denominación, cesó el administrador Carlos Enseñat Reig, hijo único de María Reig. Carlos abandonó el barco familiar en pleno naufragio para centrarse en el desarrollo de sus quehaceres políticos en Andorra. Ejerce desde 2023 de Síndic General, figura equivalente a la de presidente del Congreso. Asimismo, es conseller general o diputado desde 2009.
María Reig conserva un grueso lote de inmuebles y predios en su tierra natal. También figuró entre los principales accionistas del banco Crèdit Andorrà, conocido como Creand, líder del sistema financiero del país.
Cuando arribó a Barcelona en los albores de este milenio, lo hizo envuelta en los aromas de una pubilla acaudalada y con ambiciones de escaparate. Siempre creyó que la urbe mediterránea no era una simple extensión natural de los valles pirenaicos, sino una realidad mucho más trascendental e influyente. Ella venía dispuesta a jugar en la liga de los grandes. Sin embargo, acabó firmando una colección de despropósitos que ni el más entusiasta de sus asesores habría sido capaz de maquillar.
Quiso codearse con la élite y terminó subsidiando pérdidas. Apostó por planes “estratégicos” que se revelaron ruinosos antes de cortar la cinta inaugural. Y, por si faltaba algo, confió las tareas de la gestión a un círculo de aduladores cuyo talento era un bien escaso.
Entre un hotel convertido en un pozo sin fondo, un resort volatilizado y unas deudas de órdago, el emporio hispano articulado por María Reig se deshizo con la misma velocidad con la que se había inflado.
La dama deja tras de sí una estela de guarismos mareantes y de acreedores esquilmados. La lección es bastante terrenal. Se resume diciendo que en el ámbito de los negocios, las herencias abren puertas, pero la incompetencia las cierra… a veces con bancarrota incluida.