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El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una parada de libros en Sant Jordi

El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una parada de libros en Sant Jordi

Zona Franca

'Salid y disfrutad'

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El título de la columna es una frase atribuida al malogrado exentrenador del Barça Johan Cruyff, antes de la final que disputó el equipo azulgrana en el estadio de Wembley en 1992, y que culminó con victoria ante la Sampdoria (1-0) y la consecución de la primera Copa de Europa para los culers.

Pero Cruyff bien podría haberla pronunciado hoy, o en las últimas horas de ayer miércoles, la noche previa a Sant Jordi, la auténtica Diada de Cataluña, cuando los ciudadanos se echan a la calle a por sus libros y rosas para sus seres queridos. Y para ellos mismos, claro está.

Porque pese al auge de la IA generativa, y el surgimiento de la IA agéntica, el viejo —quizá vetusto— Sant Jordi es aún no solo la celebración del placer de leer y amar, sino además el Día Internacional del Libro.

La fiesta ha conseguido lo que los grandes hitos humanos logran: trascender comunidades e identidades para devenir global. Si el Songkran es una de las aportaciones de Tailandia al patrimonio inmaterial mundial, o el Holi es otro de los obsequios a toda la especie de la tradición religiosa hindú, qué duda cabe que lo más destacable que hemos legado los catalanes es un día de primavera que actúa de palanca para empujar a la gente a leer y a quererse.

Sant Jordi ya se celebra en Cataluña, pero también en Madrid, como explica Crónica Global cada año, y bien se puede celebrar en todas y cada una de las ciudades del mundo.

Porque esta festividad ha conseguido vencer a los dragones endogámicos y se ha abierto a la globalidad para convertirse en una celebración de dos de los elementos mínimos que nos unen: el deseo de amar y ser amado, y el placer de leer, y de aprender durante el acto.

Sí, Sant Jordi se ha masificado. Sí, ha perdido parte de su magia. Es un mal común que aqueja a las grandes celebraciones mundiales. Son víctimas del turismo —internacional y local— de Instagram. La necesidad de convergir todos en el mismo espacio para tomar la misma foto. Que es, también, una pulsión por integrarse y no quedar fuera.

Pero el día en que el humano vence al dragón sigue aportando, y mucho, a la colectividad. Porque abunda en lo que nos une como colectivo y no en lo que nos separa, que ya se trata en otras esferas de la vida, como en la res pública.

Sant Jordi, el masificado, sudoroso, ruidoso y aturullado día del libro, continúa teniendo encanto porque apela a la base común que nos hace mejores personas: quererse y formarse. Y ese intangible, por mucho que nuestra story no quede del todo bien, sigue siendo lo que da sentido a la jornada.

Así que salgan y disfruten. Solo es un día al año, mañana ya encontraremos nueva materia por la que discutir.