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Gonzalo Baratech opina sobre la OPA de Bondalti a Ercros

Gonzalo Baratech opina sobre la OPA de Bondalti a Ercros

Zona Franca

OPA polémica: Barcelona pierde

“Lo verdaderamente lamentable es que ni el Gobierno de Pedro Sánchez ni el de Salvador Illa han dado un paso al frente para denunciar semejante gatuperio”

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La firma portuguesa Bondalti está a un paso de hacerse con el timón del gigante químico catalán Ercros. La OPA que tiene en marcha ha logrado atraer al 77% del capital. El precio ofrecido es un fuerte incentivo para que los fondos y los pequeños ahorradores privados se animen a transferir los títulos que poseen. Ahora, habrá de lanzar una segunda OPA, con el propósito de excluirlo del mercado bursátil.

Sin embargo, el trasiego ha tropezado con rechazos relevantes. Me refiero a que tanto el consejo de administración de Ercros como un nutrido lote de inversores consideran que la suma prometida es insuficiente. Supone tasar la totalidad de la compañía en solo 320 millones: es decir, una cantidad similar al importe de los recursos propios, cuando en realidad su valor es muy superior.

Sea como sea, la operación encierra mucha miga. Ercros, con sede en Barcelona, no es un ente cualquiera, sino uno de los principales de su ramo. Sus títulos se intercambian en la Bolsa desde hace décadas. Ocupa posiciones de liderazgo en varios renglones. Exporta el grueso de la producción. Y la plantilla de su decena de factorías abarca 1.350 trabajadores.

El intento lusitano de conquista, todavía no concluso, bate récords en los anales bursátiles. Casi iguala la batalla campal que estalló en 2005 para apoderarse del coloso de la electricidad Endesa.

Esa reyerta titánica, en la que hubo de todo y nada bueno, implicó a Gas Natural, a la constructora Acciona y a las energéticas Eon, alemana, y Enel, italiana.

El asalto de Bondalti es más reciente. Arrancó dos años atrás. Durante la refriega, la transalpina Esseco articuló una contraopa. La Comisión de Valores le impuso condiciones tan duras que acabó en agua de borrajas, y solo quedó sobre la mesa la papeleta lusitana, que ahora está a punto de triunfar.

La historia de Ercros, líder de la química básica hispana, es apasionante. Arranca de la fusión entre la veterana catalana Cros y la madrileña Unión Explosivos Río Tinto, acaecida en 1989. Su cuartel general se fijó en el paseo de Gracia, esquina calle Aragón, en el señorial edificio que venía albergando las oficinas de Cros desde tiempo inmemorial, y que hoy acoge una tienda de la marca de moda Burberry.

A la sazón, el accionista de referencia de Ercros era el consorcio Kuwait Investment Office (KIO), precursor de la oleada de inversiones que, lustros después, arribarían a estos lares impulsadas por los jeques petroleros del Oriente Próximo.

En 1992 ocurrió un hecho inesperado. El dictador iraquí Sadam Hussein invadió el emirato de Kuwait. El emporio que KIO había erigido en España, cifrado en miles de millones de euros, quedó colgado de la brocha, y cayó en barrena. Ercros no fue la excepción. Aquel año protagonizó una suspensión de pagos de enorme bulto.

En plena debacle, uno de sus altos directivos, Josep Piqué, hubo de asumir la presidencia. “No tenían a nadie disponible”, dijo humildemente años después. Como primer ejecutivo se fichó a Antonio Zabalza, exsecretario de Estado de Hacienda con Felipe González.

La dupla Piqué-Zabalza logró darle la vuelta a la situación y colocó a la sociedad otra vez en la senda del crecimiento. Tras este eficaz desempeño, José María Aznar encumbró a Piqué a ministro de Industria de su primer Gobierno.

Ercros vivió desde entonces un largo período de tranquilidad, solo truncado en los últimos tiempos durante el bienio 2024-2025, cuando sufrió pérdidas de 64 millones.

La cesión a Bondalti deja un sabor amargo. Que la mayoría de los socios haya sucumbido a los cantos de sirena no implica necesariamente que el precio sea justo. Más bien indica que muchos de ellos —sobre todo, los cortoplacistas— han optado por asegurarse el devengo de plusvalías en un entorno de máxima incertidumbre y volatilidad.

Evaluar un conglomerado de esta envergadura en el mero importe de su patrimonio neto evidencia un burdo menoscabo de su acervo fabril y su potencial futuro.

Por desgracia, no es la primera vez que el parquet hispano asiste a la almoneda de activos descollantes, en parte por la fragmentación del cuerpo de socios, y en parte por la inexistencia de núcleos duros que ejerzan de escudo protector.

Es deprimente que el centro de decisión de Ercros se vaya a trasladar fuera del país. Aunque el domicilio permanezca formalmente en nuestras latitudes, Lisboa llevará el control y, por tanto, asumirá la capacidad de determinar el volumen de las inversiones y el empleo. Este tipo de operaciones plantea un dilema crucial: ¿hasta qué punto España se halla dispuesta a ceder el mando sobre sectores medulares por falta de mecanismos de defensa sólidos?

Ya se observó en episodios bursátiles pretéritos que el problema no es tanto la entrada de asaltantes foráneos, como el modo de materializarse. Lo verdaderamente lamentable es que ni el Gobierno de Pedro Sánchez ni el de Salvador Illa han dado un paso al frente para denunciar semejante gatuperio.