David Expósito reflexiona sobre la pérdida de poder económico de Cataluña con la OPA de Bondalti sobre Ercros
Ercros mira al Atlántico
"Tras el folleto de la OPA de Bondalti, aparece la radiografía de 30 años de política económica con el piloto automático puesto en Cataluña"
La OPA sobre Ercros parece, a primera vista, un asunto de analistas: cloro, múltiplos, primas, ventanas de aceptación, fondos especializados.
Pero si uno mira un poco más allá del folleto, lo que aparece es la radiografía de 30 años de política económica con el piloto automático puesto.
Otra página --decisiva, como lo son todas-- del manual práctico de cómo ir deshaciendo una economía industrial sin que nadie asuma haberlo decidido.
El rey del cloro es el heredero de un conglomerado químico que llegó a ser el mayor grupo industrial de España.
De aquella criatura queda hoy una empresa mucho más modesta, sí, pero todavía relevante: diez fábricas, más de 150 productos y una presencia exportadora nada despreciable.
Sobre ese activo, cae ahora la oferta de Bondalti, el campeón portugués del sector.
La operación se cuenta con la asepsia habitual: 3,505 euros por acción, una prima razonable sobre la cotización previa, 320 millones de valorización implícita.
Se subraya que los trabajadores mantendrán empleo y condiciones, que las plantas seguirán donde están, que el negocio encaja en la estrategia de crecimiento del comprador.
Pero Cataluña perderá, de facto, la última gran compañía industrial cotizada con centro de decisión propio; y la región pasará de ser matriz a convertirse en filial.
El coste político de aceptar esto es bajo, casi inexistente.
La Generalitat podrá exhibir que se preserva empleo y producción, evitándose así la foto de manifestaciones sindicales que manchan toda imagen.
El Gobierno se acogerá a la neutralidad. Y todos darán la bienvenida a la inversión extranjera como muestra de confianza y atractivo en el tejido catalán.
No deja de ser paradójico que se celebren compromisos que blindan el presente a costa de hipotecar el futuro estratégico. La paz social se canjea hoy por un pedazo más de irrelevancia.
La lenta conversión en economía de servicios subalterna, muy expuesta al turismo y a la subcontratación de bajo valor añadido, relegará la otrora potente industria química a una nota al pie.
Cuando toque decidir dónde se invierte el próximo euro, qué fábrica se moderniza y cuál se congela, la conversación se producirá mirando al Atlántico, lejos del Mediterráneo.