El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una imagen de la fiesta del Gremi de Restauració en la sala La Paloma
El oasis del Gremi
"Las dos efemérides del Gremi --la corporativa y la de su director general-- son, además de ineludibles, ejemplo. En una Barcelona y una Cataluña que han vivido la polarización más extrema en años recientes, las dos festividades son oasis de calma y un espacio para explorar los tan anhelados consensos"
Barcelona ha ganado recientemente dos tradiciones más: la Festa de Santa Eulàlia del Gremi de Restauració y la celebración anual de cumpleaños de su director general, Roger Pallarols.
La primera tiene lugar a principios de año y la segunda, en verano. Ambas reúnen a una buena parte de la sociedad civil de Barcelona. Acuden empresarios, directivos, abogados, jueces, fiscales, periodistas, socialités, artistas y, por supuesto, restauradores.
Lo más interesante es que en ambas citas, la invernal y la de estío, la diversidad ideológica y de pareceres es norma. Personalidades que apenas comparten visiones del mundo comunes se presentan con sus mejores galas para apoyar al sector de los bares, restaurantes y fondes de la capital catalana.
Y lo mejor, no discuten, no es llencen els plats pel cap --si me permiten la expresión--, sino que abrigan al maltrecho sector, felicitan a los organizadores y dan cuenta de un ágape mientras hacen uno de los networkings más multitudinarios que existen en la Ciudad Condal.
Sí, en esta última ocasión vinieron a Santa Eulàlia desde gente de Vox al independentismo más furibundo. De algunos pesos pesados de los Comunes a la derecha de máximo orden. De empresarios con un opíparo portafolio de negocios a algún activista de anabolizadas causas.
En definitiva, el buen comer y el buen beber, pero sobre todo la misión fundacional del Gremi de Restauració, que es la de apuntalar al sector de la mesa, concitan el abanico de apoyos más diversos de toda la urbe.
Pocos agentes pueden presumir de extender invitaciones a tanta variedad de visiones de ciudad. Sin embargo, todas esas miradas de óptica discrepante se juntan bajo un mismo techo dos veces al año para apoyar a una de las industrias más sufridoras --resilientes, dirían ahora los cursis-- de Barcelona.
Las dos fechas del Gremi --la corporativa y la de su director general-- son, además de ineludibles, ejemplo. En una Barcelona y una Cataluña que han vivido la polarización más extrema en años recientes, las dos festividades son oasis de calma y espacio para explorar los tan anhelados consensos.
Los restauradores consiguen que la heterogeneidad converja en un mismo tiempo y lugar y, además de honrar a los emprendedores, repase asuntos pendientes, y se cite para futuras ocasiones.
Solo falta que los implicados quieran. El Gremi pone el lugar, las dos fechas y la causa --que es la de sostener restaurantes y bares, y que es más que noble, vital--, con lo que solo resta que los interpelados pacten mínimos.
Cataluña, pero sobre todo Barcelona, precisa de grandes acuerdos que terminen de relanzar la urbe. Para mejorar la vida de los ciudadanos, sí, pero también para que vuelva a competir de tú a tú con otras aglomeraciones urbanas similares.
Aprovechemos —todos— estas ocasiones. Apoyemos la industria local de la restauración. Felicitemos cuando toque a Roger. Y preparémonos para escuchar al que piensa diferente para hacer de Barcelona una ciudad mejor en la que vivir. Entre tentempiés y cañas, seguro que antojará más fácil.