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Bajas indefinidas

"Un fallo en cadena del sistema, aderezado con esa picaresca tan nuestra, ha transformado el absentismo en una bicoca para unos y en un problema de productividad para otros"

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Un fallo en cadena del sistema, aderezado con esa picaresca tan nuestra, ha transformado las bajas laborales en una bicoca para unos y en un problema de productividad para otros. 

Los datos están ahí: el absentismo (el justificado y el injustificado) en Cataluña cabalga ya sobre el 7%, y ya representan el 10,5% del PIB catalán.

Somos líderes en incidencia por enfermedad común –incluida la salud mental–, con 49 casos por cada 1.000 habitantes. Pero lo grave no es el número, sino el qué y el cuánto.

La salud mental —ese cajón de sastre donde caben desde el drama real hasta el hartazgo existencial— se ha convertido en la segunda causa de ausencia en nuestra comunidad.

Con los datos en la mano, las bajas por ansiedad o depresión se han disparado por encima del 100% desde 2017, con una duración media que roza los 100 días.

El hueso suelda, la ciática se va, pero la nube mental es, por definición, elástica y, sobre todo, indetectable para la mutua.

Es evidente que algo falla. En épocas de vacas flacas y miedo al despido, el absentismo cae a mínimos históricos. Lo contrario ocurre en épocas mejores.

Para la pequeña y mediana empresa catalana, el escenario actual es, pues, insostenible.

Mientras el empresario está atado de pies y manos, y el resto de la plantilla dobla el lomo para cubrir el hueco del ausente, la Administración balbucea.

Salut pretende ahora mover ficha para agilizar procesos y evitar que las bajas se queden en el limbo.

Lo hará con pies de plomo, envuelta en la bandera de la sensibilidad, pero el trasfondo es claro: el sistema se está desangrando.

Bajo el paraguas de la hipersensibilización pospandemia, no son pocos los que han encontrado la excusa perfecta para cobrar sin pegar un palo al agua.

La salud mental corre el riesgo de convertirse en el gran negocio de nuestros días. Es una cuestión muy seria, precisamente por eso no podemos permitir que se banalice.

El problema es el diagnóstico a granel. Hoy, muchos médicos de cabecera firman bajas como quien escribe la lista de la compra. ¿Por qué? Por miedo.

Nadie quiere ser el responsable de un mal mayor si el paciente realmente está mal, y ante la duda, receta y a casa.

Como no hay recursos para inspecciones serias ni ganas de abrir el melón de la picaresca, nadie entra al fondo de la cuestión.

Sería tan sencillo —y a la vez tan revolucionario— como analizar caso por caso: volcar todos los recursos en apoyar al que de verdad está roto y tener la valentía de desenmascarar al farsante.

Mientras no lo hagamos, seguiremos pagando entre todos las vacaciones de la picaresca.