Gonzalo Baratech opina sobre el 'expresident' Pere Aragonès
Pere Aragonès, un magnate hotelero multimillonario
“Desembarca sin experiencia en la próspera Golden, una maquinaria bien engrasada donde su aportación inmediata resulta irrelevante”
Marchan viento en popa las actividades de la cadena Golden Hotels & Experiences, perteneciente a la familia del expresident Pere Aragonès. Este se alistó en la entidad cinco meses atrás, después de abandonar la esfera pública. Su carta de despedida reconoció que no tiene la menor idea sobre los negocios hoteleros y que empieza la flamante singladura corporativa “desde cero”.
El cuartel general de Golden radica en el municipio barcelonés de Pineda de Mar. Controla ocho grandes complejos que reúnen dos millares de habitaciones. Se trata de Bahía de Tossa y Mar Menuda, en la Costa Brava; Taurus Aquapark Resort, en Pineda de Mar; más Port Salou, Donaire Beach, Costa Salou, Avenida Family Suites y Acqua Salou, en la Costa Daurada.
El fundador fue el abuelo José. Era un personaje muy despierto, que compaginó sin problemas sus tareas particulares con las de servidor público. Ejerció de alcalde de Pineda durante el dilatado período comprendido entre 1966 y 1987, primero como cacique franquista y después como capitoste de la Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne.
Sus quehaceres abarcaban, asimismo, el opulento sector textil, por medio de Industrial Aragonès (Inar). Esta, al igual que ocurrió con infinidad de emporios del mismo ramo, fue de mal en peor, cerró una tras otra sus fábricas en Cataluña, despidió a cientos de trabajadores y en 2002 bajó la persiana para siempre.
Antes de la debacle total, Inar había sido durante las décadas de la dictadura autárquica, una fuente ubérrima de ganancias, que José aplicó a financiar el montaje de sus primeros hoteles.
Además, tuvo la feliz ocurrencia de situar sus caudales a buen recaudo. Con tal fin escrituró en el paraíso fiscal de Curazao (Antillas Holandesas), una firma titulada Phedra Hotels Holding, que era la dueña en última instancia del entramado completo.
Al fallecimiento del pionero, heredaron Phedra sus hijos Pere, Enric, Josep y Eva Aragonès Poch, padre y tíos del exmandatario republicano.
En 2013, el cuarteto de marras aprovechó a fondo la amnistía tributaria decretada por el Gobierno de Mariano Rajoy. En efecto, procedió a repatriar a España su dorada instrumental caribeña, que domicilió en Pineda, sede histórica del centro de mando del conglomerado turístico.
Huelga añadir que durante el medio siglo que permaneció con su fortuna oculta discretamente en Curazao, la saga Aragonès eludió un dineral en impuestos a Hacienda.
Phedra es propietaria de cinco sociedades que, a su vez, son titulares de los bloques residenciales. Sus magnitudes agregadas de 2024 revelan unos activos por valor de 105 millones. Los recursos propios alcanzan los 52. La facturación se cifra en 61 y el beneficio neto, en 12,3. Los socios se repartieron un dividendo de casi 5. La plantilla fija conjunta es de 460 colaboradores.
La ascensión de Pere Aragonès a la cúpula dirigente de Golden reviste un carácter simbólico. Él mismo admite carecer de conocimientos y de experiencia alguna. Pero sobreviene en una organización de características singularmente positivas, pues está provista de una maquinaria bien engrasada de generar excedentes y disfruta de una holgada posición patrimonial. Semejantes circunstancias hacen poco relevante el aporte específico que pueda realizar Pere Aragonès.
A sus tempranos 43 años todavía tiene una larga vida profesional por delante y dispone de tiempo para aprender el duro oficio hostelero. Con todo, no es lo mismo arrancar de la nada, que emprender el camino en el puente de mando de una compañía exuberante del propio padre, que ya acumula gruesos acervos y navega con la corriente a su favor.
En los países más avanzados, quienes se dedican a la política suelen llegar a ella tras haber hecho antes carrera en el sector privado. En cambio, Pere Aragonès optó por el trayecto inverso de sus personales puertas giratorias. Con apenas 21 años ya se encaramaba a la ejecutiva de ERC tras esquivar los rigores del mundo laboral. Mutatis mutandis, ahora desembarca en Golden con el apellido como máximo aval y la destreza como gestor todavía por demostrar.