Casino de Barcelona
El casino del hotel Arts, la máquina de hacer dinero de la saga Suqué Mateu
"Mientras los crupieres sigan repartiendo las cartas sin competencia, los fondos fluirán a raudales y el balance sonreirá a mandíbula batiente"
El opulento grupo Inverama, de negocios de juego e industriales, afronta una nueva singladura tras la inesperada muerte de Miguel Suqué Mateu, a la temprana edad de 62 años, acaecida el pasado verano. Sus dos hermanos, Javier e Isabel, también en la sesentena, heredaron las acciones y ahora poseen cada uno la mitad del capital.
La corporación nació en 1947, por impulso de Miguel Mateu Pla, prohombre del ramo metalúrgico. Ejerció de alcalde de Barcelona en la posguerra civil y de presidente, entre 1940 y 1972, de la Caja de Pensiones, predecesora del coloso La Caixa.
Tras el óbito de Miguel Suqué, el consejo de administración ha experimentado unos cambios que significan la entrada en liza de la cuarta generación. Por parte de Javier, se incorporan sus hijos Arturo y Borja Suqué Camín. Por parte de Isabel, se suman Mathew y Julia Reger Suqué. Como vicepresidente continúa el director general, Javier Carrasco.
El consorcio desarrolla actividades en los sectores del ocio y la viticultura, que encierran varias características singulares. Una consiste en que el ocio arroja beneficios a carretadas, mientras que los caldos y los espumosos pierden cada año sumas abultadas.
Otra particularidad estriba en que Inverama disfruta desde hace cinco décadas de una suerte de monopolio en el Este peninsular. Gracias a las concesiones que en su día le otorgó el Gobierno de Jordi Pujol, controla tres de los cuatro casinos abiertos en Cataluña. Uno está ubicado en el hotel Arts de Barcelona; otro, en Tarragona; y el tercero, en el municipio gerundense de Peralada.
El del Arts ocupa los bajos y el sótano del rascacielos. Es algo bastante parecido a una máquina rotativa impresora de billetes. Abre todos los días del año y amasa casi tanto efectivo como el edificio entero, integrado por 44 plantas.
Pero hay más. Dicho casino alcanza una rentabilidad de tal calibre, que los 19 millones de ganancias cosechadas en 2024 superan con creces los resultados de las cincuenta filiales directas del grupo Suqué Mateu completo.
Las operaciones relacionadas con el póquer, las ruletas y las máquinas tragaperras no se circunscriben a Cataluña. También explotan salones en Argentina, Chile y Uruguay. Amén de un lucrativo casino digital, domiciliado en Ceuta, que permite a los jugadores lanzar sus envites las veinticuatro horas del día desde dispositivos móviles, tabletas y ordenadores.
A su vez, los quehaceres vinícolas –dedicación inicial de la estirpe– abarcan 800 hectáreas de cultivos y un extenso repertorio de marcas. Son de citar Chivite, Fin de Siglo, Gran Feudo, Peralada y Viña Salceda, entre otras.
El vino y el cava requieren fuertes inversiones y un largo periodo de maduración. Hasta el día de hoy no han sido capaces de obtener utilidades y, año tras año, registran números rojos.
Inverama cuenta, asimismo, con fuertes posiciones en el ramo inmobiliario, que le aseguran rentas recurrentes. Los bienes raíces están tasados en libros en 300 millones. Entre ellos destaca el castillo de Peralada, que pertenece a la saga desde hace un siglo.
El perímetro del emporio abarca otras participaciones de menor fuste. Por ejemplo, el balneario Termes Victoria de La Garriga y los coches superdeportivos Hispano Suiza. Este emblema automovilístico no levanta cabeza y encaja gruesos quebrantos sin remedio. Costará Dios y ayuda que algún día logre el ansiado equilibrio financiero.
Las magnitudes consolidadas del conglomerado son notables. Con cifras de 2024, las ventas suman 780 millones y el excedente, 16. El volumen de activos se cifra en 710 y los recursos propios, en 570.
La formidable contribución del casino del Arts ha sido determinante para acumular el patrimonio que el linaje Suqué Mateu luce hoy.
Desde su inauguración en 1998 le ha aportado unos esplendorosos réditos de 340 millones, limpios de polvo y paja. Pocos locales de la Ciudad Condal han sido tan provechosos para sus arrendatarios.
El juego, el alcohol y el tabaco significan una renta regulatoria opípara para cuantos participan en el festín recaudador. Si además ocurre que el mercado está sometido al dictado de una exclusiva administrativa, la gestión deviene un festival pecuniario.
Inverama se asemeja a un manual práctico sobre cómo un monopolio puede lubricar sin despeinarse un extenso repertorio de subsidiarias renqueantes. Mientras los crupieres sigan repartiendo las cartas sin competencia, el dinero fluirá a raudales y el balance sonreirá a mandíbula batiente.
Un cuarto de siglo después de su inauguración, el casino de marras se mantiene con firmeza como la piedra angular del imperio Inverama. Todo lo demás orbita alrededor de ese centro de gravedad del Puerto Olímpico, capaz de convertir el azar en una exuberante certeza contable.