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Ramón de España y el cantante Carlos Baute

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Manicomio global

¡Fuera la mona! (y otras groserías)

"Pitar el himno nacional sí es una ofensa con tintes supremacistas y racistas. Se podría haber atajado el tema suspendiendo el primer partido en que sucedió lo de los gritos y los abucheos. ¿No os sabéis comportar en público? ¡Pues no hay fútbol!"

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Hace unos días, en pleno centro de Madrid y ante una multitud antichavista enfervorizada por la presencia de Corina Machado, al cantante venezolano Carlos Baute se le calentó la boca y coreó, vía micrófono, un grito de la muchedumbre dirigido a Delcy Rodríguez, la amiga de Zapatero: “¡Fuera la mona!”.

Enseguida se produjo el habitual rasgado de vestiduras progresista, que tildó el cántico de racista (aunque los exiliados venezolanos aseguran que no le llaman mona a Delcy por racismo sino porque, según ellos, la buena mujer tiene cara de mona). A partir de ahí, claro está, ya se podía echar pestes del cónclave de exiliados antiMaduro y calificarlo de una reunión de fascistas.

Unos días antes, durante un partido de fútbol entre las selecciones nacionales española y egipcia, algunos energúmenos gritaron: “¡Musulmán el que no bote!”, y de nuevo nuestros progresistas vieron racismo y fascismo por todas partes (cuando es del dominio público que los hinchas del balompié casi nunca son licenciados en Ética por la universidad de Cambridge).

Después de esos dos despliegues de grosería, tuvo lugar un partido de fútbol de la Copa del Rey entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de San Sebastián. Como era de prever, el sector abertzale de seguidores de la Real Sociedad se dedicó a abuchear el himno nacional. Y, como también era de prever, nuestros pogresistas lo consideraron lo más natural del mundo. ¿Himno español?: abucheo separatista. No pasa nada. Son cosas suyas. No seas facha y no me lo compares con lo de la mona y el musulmán el que no bote, que eso sí que es grave.

Parece, pues, que hay inconveniencias de primera y de segunda. Y que el pogresismo normaliza el abucheo del himno nacional mientras se escandaliza ante los gritos de una pandilla de energúmenos. O sea, que hay veces que hay que ser educado y veces en las que no hace falta. Igual es normal en un país cuyo presidente habla de España y de Cataluña como si fuesen dos países distintos, aunque hermanados, en vez de reconocer que preside un solo país. Si el pogresismo quiere darle alas a la derecha, eso sí, es indudable que está en el buen camino.

Desde luego, no es bonito llamar mona a la mandamás de un país hermano, sobre todo si te llamas José Luis Rodríguez Zapatero y te has hecho pasar por un mediador internacional en vez de reconocer que eres un simple comisionista del chavismo. No hay que hacerlo, aunque la mona en cuestión sea un personaje moralmente discutible que entregó a su jefe a Donald Trump para conseguir, como el infame visir Iznogud, ser califa en el lugar del califa.

Lo de musulmán el que no bote no llega ni a insulto racista, dado que el término musulmán se queda corto ante epítetos como moraco o moro de mierda, que nadie utilizó durante el partido de marras.

Por el contrario, pitar el himno nacional sí es una ofensa con tintes supremacistas y racistas. Sobre todo, en una competición bautizada como Copa del Rey. Vamos a ver, cenutrios, ¿qué parte no habéis entendido de la expresión Copa del Rey? Con ese nombre, ¿os sorprende que se interprete el himno nacional? Es más, si decís que no tenéis Rey, ¿qué hacéis disputando un galardón que lleva su nombre? Si España es otro país, ¿por qué no os quedáis en el vuestro y dejáis de molestar? Aunque solo fuese por educación, deberíais callaros mientras suena el himno del supuesto país vecino.

Este asunto es otro que se nos ha ido de las manos. Y, lo que es peor, voluntariamente. Se podría haber atajado el tema suspendiendo el primer partido en que sucedió lo de los gritos y los abucheos. ¿No os sabéis comportar en público, gañanes? ¡Pues no hay fútbol!

Por un motivo u otro (casi siempre el mismo: apoyos políticos para el Gobierno), se ha convertido en costumbre aceptada lo que debería haber sido cortado de raíz. Eso sí: a la hora de defender a simios y musulmanes, nuestros pogresistas son siempre los primeros. Espero que Bismarck tuviese razón cuando dijo que España era el país más fuerte del mundo porque ni los españoles habían logrado cargárselo.