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David Uclés, ganador del Premio Nadal con 'La ciudad de las luces muertas'

David Uclés, ganador del Premio Nadal con 'La ciudad de las luces muertas' Lorena Sopêna - Europa Press

Manicomio global

El poder de la boina

"Los fascistas en cuestión eran José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, que no habían manifestado la menor oposición a debatir con David Uclés, lo cual da qué pensar acerca de quién es aquí el fascista y el intolerante"

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Arturo Pérez Reverte se las prometía muy felices con su congreso intelectual a celebrar en Sevilla sobre la Guerra Civil española, al que había invitado a un nutrido grupo de participantes en el que figuraban diversos representantes de la izquierda y de la derecha: sociatas, peperos, algún que otro comunista y hasta ciertos mediopensionistas.

La cosa atendía por La guerra que todos perdimos, título al que luego se le añadieron unos interrogantes, convirtiéndose así en ¿La guerra que todos perdimos?

Todo iba bien hasta que el escritor David Uclés, reciente ganador del premio Nadal, alumbró una idea genial bajo esa boina que suele llevar siempre puesta para completar su look neorural y para rendir homenaje, supongo, a aquel grupo señero del pop nacional que fue La charanga del tío Honorio: ¡ahí se han colado algunos fascistas y como yo no estoy para blanquear el fascismo, paso de acudir a ese congresillo al que me han invitado!

Los fascistas en cuestión eran José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, que no habían manifestado la menor oposición a debatir con el hombre de la boina, lo cual da qué pensar acerca de quién es aquí el fascista y el intolerante.

Para Uclés, la presencia de dos políticos de derechas equivalía a bendecir el golpe de Estado del general Franco y, por consiguiente, a dar una visión de la guerra sesgada y derechista.

La visión de Uclés, muy aplaudida por los de Podemos, consiste en que la izquierda fue muy buena y la derecha muy mala, y que las atrocidades sólo las cometieron los fascistas (lo de los anarquistas fusilando curas a mansalva es un pequeño daño colateral).

No se sabe aún cómo, el señor Uclés convirtió su decisión de quedarse en casa en una causa general contra el fascismo a la que se apuntaron progresistas de toda España, que prorrumpieron en amenazas contra la organización del encuentro, hasta el punto de que el banco que lo patrocinaba le aconsejó a Pérez Reverte plegar velas y envainarse la espada y dejar la cosa para mejor ocasión (como así ha sido: ahora se anuncia el congreso para el próximo otoño).

En el logradísimo intento de la izquierda por convertirse en la nueva derecha, este episodio lamentable puede considerarse un hito, como así nos lo han hecho saber los fans de Uclés a través de las redes sociales.

Antes, cuando se hablaba de abordar temas políticos vidriosos, era la derecha la que ponía el grito en el cielo y hasta interrumpía a bofetadas los amagos de discusión pública. Ahora, de ese trabajo se encarga esa nueva izquierda que padecemos desde hace unos años, esos presuntos antifascistas que se comportan como fascistas y se empeñan en no dejar hablar a nadie que les lleve la contraria o se limite a discutir algunos de sus postulados.

Visto desde fuera, el encuentro organizado por Pérez Reverte me parecía una propuesta bienintencionada por abordar un tema que aún no está del todo resuelto. Invitando a gente de distintas sensibilidades políticas, se aspiraba, creo yo, a dar voz a todo el mundo. Y no entiendo cómo esa intención ha sido interpretada por el hombre de la boina como un intento de blanquear el franquismo.

Viendo el cartel, el título y la nómina de participantes, no me pareció que aquello fuese un congreso fascista, la verdad. Y en caso de que quisiéramos colgarles ese sambenito a Aznar y Espinosa de los Monteros, ¿qué mejor oportunidad para cantarles las cuarenta que acudir a la cita? Habría sido más normal y hasta más valeroso por parte de Uclés presentarse a discutir en vez de quedarse en casa creyendo que había efectuado una gran contribución a la sagrada causa del progresismo.

Pero así es esta nueva y deplorable izquierda que lleva años floreciendo a la sombra del PSOE de Pedro Sánchez y sus apósitos como Podemos y Sumar. Si antes era la derechona la que se oponía al debate, ahora es esta presunta izquierda la que no quiere hablar de nada que no sea su visión de las cosas y que cuando detecta algo que le huele a azufre, no para hasta cargárselo.

La boina es poderosa, como acaba de demostrar David Uclés, nuevo héroe del progresismo, ahora que ya no se llevan los majaretas como Willy Toledo. Ahí está el hombre, con su uniforme de La charanga del tío Honorio, marcando el camino a seguir por las fuerzas del progreso. ¡Dios nos asista!