Menú Buscar

Cercas es el anticristo

Ramón de España
5 min

Si Joan Maria Piqué, jefe de prensa del conseller Buch --exacto, el que rima con ruc, ¡y no por casualidad!-- se apunta de boquilla a la lucha armada en Twitter, como modesta sugerencia para alcanzar la independencia, aquí no pasa nada, sin novedad en el frente procesista: lo único que ha hecho el badulaque del flequillo, la sombra de barba al estilo Pedro Picapiedra y las gafas Titanlux es acogerse a la libertad de expresión --los mossos le afean la conducta, su jefe los ignora y aquí paz y después gloria--. Pero si Javier Cercas, en una entrevista en El Periódico, expresa una percepción particular en la que se declara más afectado por los hechos de octubre de 2017 que por la pandemia del coronavirus, que califica de tragedia, todos los filisteos del régimen se rasgan las vestiduras al unísono y se muestran moralmente escandalizados: ¡Cercas prefiere que mueran 10.000 catalanes antes de permitir un referéndum de independencia!

Evidentemente, no es eso lo que ha dicho el novelista, que solo expresa una opinión personal no especialmente descabellada: a fin de cuentas, el coronavirus es un imponderable --a no ser que se demuestre la teoría de Trump sobre el posible origen de la pandemia en un laboratorio chino--, una desgracia imprevisible, mientras que el prusés obedece a un plan para destruir la convivencia diseñado por personas concretas convencidas de que la mala fe es la mejor forma de patriotismo. Pero de lo que se trata es de cargar, una vez más, contra un tipo que les desagrada profundamente y que, junto a Salvador Oliva, es el gerundense más odiado por los procesistas. Al profesor Oliva se le ha premiado con el ostracismo por no ser de la parroquia, aunque se haya pasado la vida dando clases de filología catalana y se haya traducido al vernáculo toda la obra de Shakespeare. De Cercas molesta que se gane muy bien la vida con lo que escribe y que no necesite, a diferencia de quienes lo denigran, la sopa boba del régimen nacionalista, que con tanta munificencia se distribuye entre Colominas, Raholas, Partales y demás aparejadores de la patria en construcción. Si su comentario es amplificado por Miquel Iceta, ¡miel sobre hojuelas!, ¡dos pájaros de un tiro! Por el mismo precio, puedes insultar a un escritor que te revienta y a un político que también; ¿qué más quieres, procesista a sueldo?

Los que viven obsesionados por separar a Cataluña de España acusan a Cercas de una obsesión por la unidad de España. Los que viven del erario público manifiestan su asco hacia alguien que depende exclusivamente de su trabajo. Los vasallos de un régimen nacionalista que los alimenta acusan de vasallaje a la corona española a un señor que siempre ha ido por libre y que, a diferencia de ellos, nunca ha medrado a la sombra del generoso aparato de agitación y propaganda de la Generalitat, para el que siempre hay presupuesto con el que engrasar diarios digitales para los Partales, fundaciones turbias para los Colominas, soflamas en TV3 para las Raholas y chiringuitos varios para la colocación de esbirros de segunda en general.

No creo que consigan nada linchando a Cercas, más allá de hacerse el santurrón y, sobre todo, acumular méritos con quien les echa de comer. Que vea el señorito que siempre están dispuestos a competir entre ellos por ver quién ladra más fuerte contra el disidente y se lleva el hueso más jugoso en el próximo reparto. Baratos no salen, pero hay que reconocer que se ganan hasta el último euro de dinero público que les cae.

Artículos anteriores
¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.