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Ramón de España y una fotografía del presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder

Ramón de España y una fotografía del presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder

Manicomio catalán

Para cada solución hay un problema

"No sé si el 'lazismo' lo sabe, pero andamos algo escasos de personal médico en Cataluña, y hay que importarlo del resto de España y de Sudamérica. Y su misión es curar, no aprender idiomas"

Publicada

Entre todos los pequeños incordios de la Gran Tabarra nacionalista, últimamente hay uno que brilla con luz propia: las quejas de los habitantes de la Cataluña catalana cada vez que van al médico y se topan con uno que no habla catalán o que, a veces, ni lo entiende porque viene de otro punto de España o de algún país sudamericano.

El resto de los catalanes vamos al médico y le hablamos en lo que nos hable, sin pararnos a pensar si nos está ofendiendo, dado que lo que realmente nos interesa es saber cuántos meses nos quedan de vida. Pero los lazis, si no les hablan en catalán, se sienten humillados y llaman ipso facto a la Plataforma per la Llengua para que se ponga las pilas y le busque la ruina al facultativo castellanoparlante de turno y, si no es mucho pedir, al hospital que le paga el sueldo. Ellos son así.

Y para echarles una mano en su delirio paranoico, la Universidad Pompeu Fabra acaba de publicar un estudio (coordinado por Joana Pena–Tarradelles, investigadora del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje) según el cual, si el paciente se ve obligado a expresarse en un idioma que no es el suyo, tiene más posibilidades de recibir un diagnóstico equivocado que puede llegar a poner en peligro su vida.

La cosa apesta a bulo lazi, no en vano ha sido acogido con júbilo por toda la prensa digital del antiguo régimen, que lo da por bueno sin necesidad de leerlo. O sea, por fe. El informe ha buscado ejemplos en el extranjero y los ha encontrado en Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña, recurriendo a sudamericanos en Nueva York (o Nueva Yol, que dice Bad Bunny), quebequois en Toronto o galeses en Londres (o en el mismo Gales, donde solo un 18% de la población lo entiende, pese al reciente triunfo electoral del Plaid Cymru). Son ejemplos discutibles, ya que el puertorro medio suele saber inglés, el quebequés suele ser bilingüe y el galés suele no saber galés.

En el caso de Cataluña, la cosa resulta aún más inverosímil, dado que todo catalán, en teoría, habla los dos idiomas propios de la comunidad y no tiene problemas en pasar de uno a otro según las circunstancias. Parece que aquí todos somos bilingües, pero unos somos más bilingües que otros. Que me perdone el lazismo, pero todo ciudadano escolarizado en Cataluña debería ser perfectamente bilingüe. A no ser que no le apetezca serlo o que esté negado para los idiomas, por cercanos que sean, o que se divierta utilizando la lengua para crear conflictos donde no los había, que es la intención que adivino entre todos los quejicas que recurren a la Plataforma per la Llengua.

El error lazi consiste, evidentemente, en creer que en Cataluña sólo se debería hablar catalán. No diga que no sea un sueño agradable para cierta gente, pero es eso, un sueño, por lo que nada tiene que ver con la realidad, en la que (casi) todos nos pasamos el día cambiando de idioma y luego no recordamos en qué lengua hablamos con Tal, Cual y Pasqual. Algunos siempre lo tienen presente, y, al parecer, nunca olvidan al médico extremeño o argentino que se dirigió a ellos en nuestro idioma común (que no reconocen como tal, claro está).

Y así es como algo tan normal como responder en el idioma en que nos hablan se convierte en un problema y una fuente de humillación: recordemos a la señora catalana deprimida y con tendencias suicidas que se fue a casa sin la pastilla salvadora porque el psiquiatra se empeñaba en hablarle en español (de camino al hogar, hizo un alto en la Plataforma per la Llengua, evidentemente).

No sé si el lazismo lo sabe, pero andamos algo escasos de personal médico en Cataluña, y hay que importarlo del resto de España y de Sudamérica. Y su misión es curar, no aprender idiomas. Se agradecerá que lo hagan si piensan quedarse a vivir permanentemente aquí, pero no están obligados a ello, sobre todo si tenemos en cuenta que el castellano no es una lengua extranjera (de hecho, se habla más que el catalán en Cataluña).

Suele decirse que los políticos son gente que, para cada solución, encuentran un problema. Ahora parece que esta lacra se ha extendido a la población en general, para alegría de ese gran liante que es Oscar Escuder, mandamás de la plataforma de marras, que debe sentirse en la gloria con tanto catalán de verdad humillado y ofendido cual personaje de Dostoievski.

Se queja Escuder del poco caso que le hace la Generalitat: yo aún le haría menos.