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Ramón de España opina sobre Toni Comín

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Manicomio catalán

Toni Comín, ¿tocado y hundido?

"Todo parece indicar que la carrera política del señor Comín se acerca a su fin, y es poco probable que haya mucha gente que lo lamente. El hombre ha sido un oportunista toda su vida y siempre se ha situado bajo el sol que más calentaba"

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Aunque en su condición de chaquetero profesional es capaz de encontrar una nueva fe que le rente, tras haber transitado del socialismo al independentismo, pasando por el soberanismo de boquilla del beato Junqueras, Toni Comín se está convirtiendo en un político redundante, ya que no amortizado (nunca ha hecho nada reseñable para justificar el sueldo).

A Puigdemont ya no le sirve de nada, pues ocupa a medias un escaño europeo que solo podría confirmar yéndose a Madrid a jurar el cargo, en cuyo caso sería peor el remedio que la enfermedad, ya que igual nos lo enchironan.

Desde que se descubrió su muy creativa manera de jugar con los dineros de la Casa de la República (financiarse vacaciones y cosas así), Puchi ya no le tiene tanto aprecio como antes, por lo que las acusaciones de un asesor de que le acosaba sexualmente, le proponía tríos con otros hombres y lo amenazaba con el despido si no atendía a sus deseos pueden ser la excusa perfecta para sustituirle por el proactivo Aleix Sarri, que lleva varios años haciendo méritos al respecto.

Eso sí: no es fácil deshacerse del correoso Comín, que se engancha a los sillones con Super Glue y siempre niega las acusaciones de las que es objeto.

Con lo de la sisa vacacional, tuvo una buena oportunidad para tirarse por el escotillón de manera digna pero, en vez de eso, lo negó todo y siguió cobrando cada mes, porque hace mucho frío en el mundo real.

Ahora vuelve a hacer lo mismo, y asegura que las acusaciones de acoso sexual de su asesor son cuentos chinos, ya que él nunca tuvo ningún comportamiento impropio y, no contento con eso, tiene testigos de que su conducta con éste siempre fue impecable (también hay otros testigos que afirman justo lo contrario, y el Parlamento Europeo se está tomando muy en serio sus testimonios, hasta el punto que recomienda llevar el asunto a la justicia ordinaria y pagar los gastos que de ello se deriven).

Todo parece indicar que la carrera política del señor Comín se acerca a su fin, y es poco probable que haya mucha gente que lo lamente. El hombre ha sido un oportunista toda su vida y siempre se ha situado bajo el sol que más calentaba en cada momento. Pasó del PSC a ERC y luego a Junts sin despeinarse, en una carrera adelante (o una fuite en avant, como dirían los francófonos) que parece estarse acercando a su final.

Como independentista, ha sido de lo más vehemente, pero nunca se ha sabido muy bien si sentía lo que decía o si solo estaba interpretando un papel remunerado, como cuando parecía el más fiel servidor de Pasqual Maragall. De su obra política, no se recuerda nada reseñable. El hombre ha optado siempre por el Qui dia passa, any empeny y por el Caixa cobri, cambiando de hábitat cada vez que le parecía que con el nuevo se podía medrar más que con el anterior.

Su imagen de inútil inofensivo se quebró cuando supimos que se financiaba las vacaciones con dinero de la república que no existe. Y ha quedado definitivamente manchada por el trato presuntamente recibido por ese secuaz que no estaba por la labor de tener un lío con él (y con los que se sumaran al jolgorio sexual).

Lo mejor, lo más digno que podría hacer el señor Comín sería desaparecer de manera voluntaria, pero es poco probable que lo haga si tenemos en cuenta que la dignidad es algo que considera sobrevalorado. Puchi va a tener que echarlo con agua hirviendo si quiere librarse de él, que ya debe estar pensando en qué chiringuito patriótico podría albergarle (y pagarle un sueldo, claro).

¿Le echará una mano su amigo Lluís Llach con algún carguito de la ANC en el extranjero? ¿Se acordarán de él en Omnium? ¿Le echará algo la matamoros de Ripoll? ¿Le caerá una columnita en Can Partal? A los partidos que podrían acogerle, los ha quemado a todos, y siempre ha sacado de ellos más de lo que les ha dado, lo cual lo convierte en un apestado de la política catalana. ¿Será capaz de reinventarse nuevamente? Lo tiene difícil, pero me temo que no imposible: los arribistas de su nivel son muy malos de matar.

Algo me dice que, cuando Puchi consiga quitárselo de encima, el trepa de Comín nos sorprenderá a todos con un nuevo cargo, por imposible que parezca: ya solo queda preguntarse cuál.