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El catedrático de Historia Medieval en la UAB, José Enrique Ruiz-Domènec, autor de 'Informe sobre Cataluña, una historia de rebeldía' /CG

Ruiz-Domènec: "La izquierda es la gran responsable de lo sucedido en Cataluña"

El historiador señala que en la transición se produjo un duelo entre el PSUC y el nacionalismo que la izquierda perdió, cediendo después esferas de poder que se reflejó en los gobiernos tripartitos

11 min

José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948) se ha dejado ir en su nuevo libro, Informe sobre Cataluña, una historia de rebeldía (Taurus), editado en catalán por Rosa dels VentsExplica cómo se desarrolló Cataluña a partir del condado de Barcelona, y señala que los cuarenta años de democracia sirvieron para que el nacionalismo acelerara un hilo histórico marcado por la rebeldía. Su diganóstico es claro: "La izquierda es la gran responsable de lo sucedido en Cataluña", al entender que no supo plantar cara o proyectar una alternativa al nacionalismo​ en los años clave, a finales de los setenta y principios de los ochenta. Historiador, catedrático de Historia Medieval en la UAB, profesor visitante en numerosas universidades europeas y americanas, autor de obras como Europa, las claves de su historia, Ruiz-Domènec se moja y recuerda algunos episodios que considera decisivos.

--Pregunta: Usted habla de la convicción del ser y no ser España por parte de Cataluña. ¿Ese es el problema de lo sucedido?

Informe sobre Cataluña. Una historia de rebeldía--Respuesta: Se quiere ser y no se quiere ser al mismo tiempo. Y en esa indecisión, resulta que hay un 50% que quiere serlo, y otro que no quiere serlo. Y se niega, como ya había pasado en épocas anteriores, la capilarización del país. ¿De qué país hablan, entonces?, porque suena a cosas ¡muy extrañas! ¿Quieren liquidar al 50%, quieren que se vaya esa mitad? Tampoco estoy a favor de lo contrario. No quiero una asimilación con España. Lo que digo en el libro es que Cataluña es un país con 1.000 años de historia, que viene de lejos, que no es verdad que fuera sólo un condado, que no fuera un reino. Eso también hay que decirlo y evitar los insultos en uno y otro lado.

--La concepción de la nación llega mucho más tarde, en el siglo XIX. Un habitante de la época no sabía si era o no catalán. Pero, ¿un noble, un clérigo, sí?

--Sí, lo saben. Articulan las relaciones de poder. Son conscientes de ello. Y lo son tanto que, con el paso del tiempo, en el XVIII, ven que pueden construir un país y lo hacen, desarrollan la nación española.

--¿Como apuntan historiadores como Marfany?

--Si, buscan esa construcción nacional. Lo refleja un hombre como Antonio de Capmany i Montpalau, cuando habla en las Cortes de Cádiz.

--Eso se explica poco en Cataluña, tampoco se sabe qué decía un personaje como Francesc Canals, sobre 1714, al entender que los botiflers representaban la modernidad, y que por eso él era austracista, porque el austracismo defendía el antiguo régimen, con el gran poder de la Iglesia.

--Es que para construir un país hay que conocer la historia. Lo que se no puede hacer es forzar las cosas. Cataluña tiene una musculatura cultural muy profunda. Pero si distorsionas tu historia, se revuelve contra ti. A Cataluña eso le ha pasado siempre.

--¿Tendrá razón, entonces, Aznar cuando dijo que primero se dividiría Cataluña antes que España?

--Aznar, que es un pillo, que ha leído a los clásicos, como Suárez Fernández, sabe que en los momentos decisivos Cataluña acaba siendo posibilista. La cuestión es que hay una parte callada, que estaba expectante, que no pensaba que esto iba a llegar tan lejos, que el proyecto de Jordi Pujol no llegaría hasta donde hemos visto. Y él ya no puede pararlo, porque quemó todas las naves. Sus hijastros no tienen su sutileza, y estamos en una dirección sin salida. Lo que explica el Informe es que el punto de partida nos lo dará la Historia, la Historia veraz, para ver esa tendencia negativa de esa pulsión rebelde y evitarla.

--Usted se queda con una imagen. Manifestación de la Diada de 1977, en Paseo de Gràcia. El PSUC y el nacionalismo miden sus fuerzas. Y dice, “uno de los dos iba a perder. Eso estaba claro”. Perdió el PSUC. ¿Eran unos emboscados nacionalistas, dentro del PSUC, que no ofrecieron demasiada resistencia?

--No, lo que pasa es que el PSUC se fracturó en dos partes y fue liquidándose. No se dio cuenta de que la renuncia a los valores de la izquierda, para absorber los valores nacionales, a la larga iba a ser un problema serio para la clase obrera. Porque la clase obrera existe, con mono azul o con camisa blanca. Y abandonaron 60 años de lucha. ¿A cambio de qué? No controlan el sistema, y hay una rabieta de los que se sienten huérfanos.

--¿La mayor responsabilidad es de la izquierda? 

--Para mí la izquierda es la gran responsable. Yo me vine a Cataluña porque era un referente de la izquierda. Y hemos visto lo sucedido.

--¿Se siente traicionado?

--No, me sentí en los años setenta. Luego vi por dónde iban las cosas. Es cierto que todo sucedió muy rápido. En tres años, entre 1977 y 1980, hasta la victoria de Pujol. Y hubo una gran responsabilidad de historiadores y académicos.

--¿Josep Fontana?

--Fontana, por ejemplo. Él tenía los mejores enlaces con la academia, fuera de España. Pero no supo afrontar una buena selección de personal, no aguantó las presiones, dio bandazos. Lo lamento sinceramente. Le tenía mucho afecto, compartimos un curso, los dos nos habíamos divido el temario y colaboramos de forma estrecha. Luego llegó la victoria de Pujol, la cesión de Joan Reventós…Porque se dijo que hubo presiones de Estados Unidos. No, lo que pasó es que no se presentó una alternativa, o no se quiso. El PSC abrazó la municipalidad, y organizó los Juegos Olímpicos, que fueron triturados.

--¿Considera que aquel episodio de los jóvenes convergentes que quisieron boicotear los Juegos, con la campaña Freedom for Catalonia, fue decisivo? 

--Fue una muestra clara de lo que pretendían. Todos están ahora al mando del proceso independentista (Josep Rull, Jordi Turull, Joaquim Forn, que están en prisión, junto a Oriol Pujol, David Madí o Francesc Homs), y hay que recordar quién llevaba la bandera española en el desfile olímpico: el ahora Rey de España. Todo es muy coherente.

--¿Estaba todo pensado desde entonces?

--Totalmente. Pujol ejerció de estratega. Pensaba que se requería tiempo, cambios generacionales, y aprovechar la debilidad en algún momento del Gobierno central. Con Felipe González era difícil, porque tuvo mayorías absolutas. Aunque hizo alguna cesión, y se enfrentó a Alfonso Guerra, que defendía un partido socialista propio en Cataluña, a partir de la federación catalana del PSOE. González se dejó convencer para que hubiera solo un partido, el PSC. Eso se debería estudiar más a fondo.

--¿Traicionó el PSC a sus propios votantes?

--Creo que sí, aprovechando el voto cautivo, porque Felipe González llegaba y decía: tenéis que votar a tal candidato, que era del PSC, con una orfandad intelectual total.

--El otro momento crucial, a su juicio, tras el de los Juegos Olímpicos, es la cesión de la cartera de Cultura a ERC, en el primer tripartito, con Pasqual Maragall de presidente.

--Me pareció gravísimo. Conculca el principio gramsciano, que aboga por la hegemonía en el campo cultural. Y ya hemos visto que ha pasado: todos los que apostaron por ello, se han pasado con armas y bagajes al independentismo, como el hermanísimo (Ernest Maragall, como candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona). Esa es la prueba.

--¿Qué puede representar Manuel Valls en Barcelona?

--Valls va a remover el fundamento de poder crear un centro izquierda sólido, que Maragall no creó. Puede hacerlo.

--¿Se traicionó Maragall a sí mismo, cuando gobernó con ERC?

--Lo que pasó es que Maragall hacía muchas cosas. Es como la figura de Kennedy, que se ensalza y se odia. Creó un clúster, como se dice ahora, y dejó demasiados nodos aislados. Eliminó el movimiento ácrata, que era muy creativo. Como político fue muy disperso. Pero en gran medida todo fue producto de los equipos que él configuró, y se diluyó el proyecto inicial.