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Ada se escribe sin hache

Julio Murillo
6 min

El escritor y comediógrafo Enrique Jardiel Poncela sostenía en 'Amor se escribe sin hache' --obra publicada en 1928-- que sólo conceptos y cosas importantes de la existencia son dignas de lucir la hache --humanidad, hermandad, honradez--, y que el resto de palabras representan asuntos menores o de poca enjundia. De ser así, deberíamos concluir que Ada (Colau) se escribe sin hache ya que en el imaginario colectivo las hadas son seres mágicos y benefactores, que reparten paz, concordia y felicidad, en forma de polvo dorado, allá por donde pasan.

Esta abejita 'flower power', que zumbaba feliz libando de escrache en escrache y de agitación en agitación, mutó en dominatrix con verruga de la política municipal

Lamentablemente no es ese el caso que nos ocupa. Lo de nuestra alcaldesa --y sigo con los símiles, que hoy estoy muy sináptico-- es más bien cosa de magia negra, de esa que nace en el lado oscuro de la fuerza; es decir, asunto abracadabrante, o mejor dicho, 'Adacabreante', porque esta abejita flower power, que zumbaba feliz libando de escrache en escrache y de agitación en agitación, mutó en dominatrix con verruga de la política municipal, y en sólo diez meses detentando la vara de gobierno de Barcelona ha conseguido encabritar a casi toda la parroquia.

Como soy de los que peinan canas, he visto pasar a unos cuantos alcaldes por el Ayuntamiento de la Ciudad Condal, pero no recuerdo a ninguno que haya merecido tanta tinta, páginas, titulares, libros e incluso documentales destinados a expandir aún más su inmensurable ego, como Ada 'la fantástica'. Y es que con Colau no existe término medio, o la amas o la aborreces, que odiar es palabra fea y negativa.

Aborrecido "y muy decepcionado" por su gestión acabó John Hoffman, consejero delegado de la empresa organizadora del Mobile World Congress, debido a la huelga de metro acaecida durante la feria de telefonía; hartos de su política downsizing --o "decrece económicamente como puedas"-- están los hoteleros, directivos y accionistas del sector turístico, que ven cómo licencias e inversión se recortan y desploman un 67% en la capital catalana, mientras Madrid toma el relevo; también sacando humo deben de estar los militares, a los que ella veta aquí y allá: ahora os recrimino unas maniobras en Collserola, ahora os pido que os larguéis del Salón de la Enseñanza, porque sois tropa non grata y fachas y franquistas. Y de la Legión ni hablemos, que aquí se arma la de Dios es Cristo.

La lista de agraviados o condenados al ostracismo por Ada, sin hache, es interminable y de lo más heterogéneo. En ella conviven, hacinados como en el camarote de los Marx, los motoristas de las concentraciones Harley Davidson, que durante siete años habían desfilado a lo 'Easy Rider' por las avenidas de Barcelona; los amantes de los toros; los monárquicos --que algunos quedan, digo yo--; los que también se sienten españoles; los constitucionalistas; los escritores catalanes que, Ai, déu meu!, escriben en castellano, y que ella, la más bella, ha vetado a golpe de varita, como al resto de escritores españoles o latinoamericanos, en el Espacio Histórico y Literario del Museo Verdaguer.

Y no sigo, porque se me acaba el punto y coma, que es como se debe puntuar, según la ortodoxia gramatical, una enumeración, incluso en caso de ser una retahíla de despropósitos.

La lista de agraviados o condenados al ostracismo por Ada, sin hache, es interminable y de lo más heterogéneo

Pero no todo ha sido adverso en diez meses de exaltación populista. Algunos están encantados con Ada y se frotan las manos. Son los maridos, novias y hermanos enchufados por la alcaldesa y sus ediles, que pueden ser contratados a dedo y por interés general, aunque para guardar las apariencias se haga de forma indirecta (ya saben: la parte contratante de la tercera parte); exultantes y a sus anchas, campan y seguirán campando los cientos de manteros que ocupan Las Ramblas, desde Canaletas hasta el Mercado de La Boquería; felices se las prometen también los vecinos de toda la ciudad, que podrán dormir plácidamente con las ventanas abiertas, escuchando hasta las tantas y en días laborables el martirio del regatón de bares, pubs y restaurantes; y no olvidemos la alegría de las prostitutas, dragqueens y trabajadores voluntarios de la noche, con el marco normativo que regulará su actividad; o el decidido apoyo del consistorio a las poetisas irreverentes, con Dolors Miquel al frente, que podrán componer odas, epigramas y coplillas a Dios y a la Virgen para refocile de creyentes y devotos...

Hay mucho más, pero aquí lo dejo. Es suficiente. Todo esto está ocurriendo en menos de un año. Siéntense con palomitas, que la cosa promete, porque ella ya ha dicho que de la silla de alcaldesa no la levanta nadie ni con polea.

Personalmente, y con esto termino, no comparto la opinión de Félix de Azúa --¡facha, franquista, machista, botifler!--, cuando le espetó a Ada Colau que una mujer como ella debería estar vendiendo pescado en un mercado.

Pobre colectivo. Con Ada, sin hache, de pescatera, todas esas nobles y dignas señoras, que trabajan quitando espinas hasta partirse la espina, acabarían atizándose unas a otras, a golpe de merluza.

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¿Quién es... Julio Murillo?
Julio Murillo

Periodista, escritor, director creativo y experto en publicidad y comunicación. Formé parte del elenco de periodistas especializados en música y cultura durante los años setenta y ochenta en revistas como 'Vibraciones', 'Ajoblanco', 'Rock Espezial', 'Rock Deluxe' y 'El País'. He sido director de publicaciones mensuales en RBA Revistas y Grupo Godó-La Vanguardia, al frente de la edición española de 'Playboy'. También he sido responsable de innumerables campañas de publicidad para grandes marcas. En los últimos diez años me he dedicado a la literatura, con seis novelas publicadas y una séptima en camino. He sido finalista y ganador del Premio Alfonso X El Sabio de Novela Histórica, en 2005 y 2008 respectivamente. Melómano hasta la médula, yo soy yo y mis vinilos. Asisto con perplejidad y desazón al armagedón social, político y económico de nuestro tiempo.