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Núria González opina sobre los juicios por violencia de género

Núria González opina sobre los juicios por violencia de género

Pensamiento

Por qué no funciona nada de lo que se hace contra la violencia machista

"Si los jueces, juezas y fiscales se niegan en redondo a dar órdenes de protección porque consideran muy lesivo coartar el derecho de movilidad del agresor, es porque no están ponderando que lo que es muy lesivo es dejar a una víctima desamparada"

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Los feminicidios son un delito de cifra negra.

Entendido como “feminicidio” el asesinato de una mujer perpetrado por un hombre con el único móvil criminal de que la víctima es una mujer. Lo acuñó la maestra mexicana Marcela Lagarde.

Y entendiendo como “delito de cifra negra” aquel en que la cifra de los ilícitos conocidos y tipificados, en este caso como feminicidios, es mucho menor de la real. Esta semana, en un día, tuvimos 4 feminicidios y 6 huérfanos.

En la primera parte de la respuesta a la cuestión planteada de inicio, del porqué del fracaso de las políticas contra la violencia machista se encuentran todos aquellos mamelucos y mamelucas negacionistas para los que las 31 asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de 2026 deben ser una mera casualidad.

Estas y las decenas y decenas de mujeres asesinadas año tras año en el ámbito de las relaciones de pareja. No olvidar tampoco el montón de niños a los que su propio padre ha dejado huérfanos. Coincidencias, porque en realidad la violencia machista no existe.

Lo llaman “violencia doméstica” como si no fuera un problema público y hasta de salud pública.

¿Qué hacer con ellos?. Yo por mi parte, los señalo y los expondría en cualquier círculo social. Simplemente hay gente que no puede vivir en sociedad y estos (y estas), son de esos.

Los reconocerá porque siempre conocen a un pobre chico sobrino de una prima lejana o el amigo de la vecina de enfrente, al que su exmujer le puso una denuncia falsa para quitarle la casa y los niños.

Es curiosa la cantidad de víctimas inocentes de denuncias falsas que todo el mundo conoce, cuando las denuncias falsas son un 0,01% del total de denuncias, mientras que las víctimas de maltrato se cuentan por miles, pero nunca nadie conoce a ningún maltratador. O si le conocen, se callan.

Esta es una parte de la respuesta a la pregunta del título. Una gran parte de la sociedad ignora el problema. Prueba de ello es que las noticias sobre asesinatos machistas son la sexta o la séptima noticia de los informativos, si es que salen.

Pero ahora vamos a la parte política y judicial del fiasco de la lucha contra la violencia machista en la que absolutamente nadie da pie con bola y así lo demuestran las cifras.

Lo primero que está mal hecho es la propia Ley contra la Violencia de Género 1/2004, ya que sólo reconoce víctimas de violencia machista dentro de las relaciones de pareja actuales o pasadas.

De ahí que los feminicidios sean un delito de cifra negra porque, por ejemplo, el asesinato de Diana Quer, no está considerado violencia machista por esta ley.

Ya de entrada, mal, porque ese concepto no se diferencia en prácticamente nada del concepto “violencia doméstica” que teóricamente se quería superar con esta ley, algo que curiosamente todas las feministas juristas hemos venido advirtiendo hace años, pero que jamás ha habido la voluntad política real de cambiar.

Con esta ley, por ejemplo, todas las víctimas de violencia sexual “fortuita” prácticamente están fuera de protección y, paradójicamente, todas las víctimas de violencia sexual dentro de la pareja también están fuera de esta ley, por el problema judicial que les paso a explicar.

El asunto del fracaso absoluto y rotundo de los juzgados de violencia de género es la piedra angular de toda esta historia.

Una herramienta bien creada, pero pésimamente ejecutada, y más allá de la saturación de los mismos, el problema radica en los jueces, juezas y las y los fiscales que no se quieren enterar de donde están ni de lo que hay que hacer, lo cual acaba resultando muy frustrante.

En los juzgados de violencia de género se aplica el derecho penal, pero de manera especial.

Se aplica más rápido y con instrumentos especiales de protección, como la orden de alejamiento o los juicios rápidos, especialmente creados para salvaguardar la integridad física de la víctima y sus hijos e hijas en caso de hacerlo.

Sobre el papel, todo el derecho penal de aplicación a la violencia de género está más centrado en la víctima que en el agresor.

Y eso es lo que lo diferencia de la aplicación del resto del corpus iuris del derecho penal, donde la víctima no tiene prácticamente ningún papel, y donde se busca el castigo del reo y no la prevención del delito, puesto que en el derecho penal “ordinario” se juzgan, exclusivamente, hechos consumados.

Pues esto es lo que los jueces, juezas y fiscales de violencia de género no han entendido en el 90% de los casos. Obvio, todos ellos vienen de la jurisdicción penal, y todos vienen con el principio de la “mínima intervención del derecho penal” y de las mayores garantías para el acusado.

Y eso está bien en la aplicación pura y dura del derecho penal, cuando se está juzgando un delito ya cometido, un robo, una estafa, un hurto, unos hechos consumados.

Pero no es lo que se pretende con los juicios rápidos ni con las medidas de protección legal previstas en el ámbito de la violencia de género.

Si los jueces, juezas y fiscales, tal y como están haciendo, se niegan en redondo a dar órdenes de protección porque consideran muy lesivo coartar el derecho de movilidad del agresor, es porque no están ponderando que lo que es muy lesivo es dejar a una víctima desamparada y sólo actuar hasta que se haya cometido un delito de lesiones o un feminicidio, tras los hechos consumados, en tal caso la orden de protección ya vale para limpiarse el culo.

Cataluña es la comunidad autónoma en la que menos órdenes de protección se dan y, dentro, Barcelona es la provincia que menos protege a las víctimas. Cataluña fue el territorio con más asesinatos machistas en 2024 y la segunda en 2025.

Y tiene mucho que ver con la actuación judicial porque al tiempo que no se dan órdenes de protección, lo que sí se da es un mensaje muy claro a las mujeres, que es que denunciar no sirve para nada porque lo más que probable es que te tengas que volver a casa con tu agresor. Sí, como ha pasado siempre.

Y eso no se arregla con “cursillos de sensibilización sobre violencia de género”.

Los jueces, juezas y fiscales ya saben que la violencia machista existe y que es una mala cosa, pero, simplemente, están trabajando en otro registro, en el penal, donde los derechos del investigado están muy por encima de la protección de la víctima y de la prevención de la violencia, que es lo que se buscaba con la ley. Cortar el ciclo de la violencia para que no acabe en feminicidio.

Y eso no pasará mientras no haya doctrinas claras sobre para qué tienen que servir estos instrumentos jurídicos y mientras no les entre en la cabeza que la víctima de violencia machista que acude a un juzgado no pide solo castigar al agresor, sino salvaguardar su vida. Mientras esto no les entre en la mollera, nada de lo que hagamos y gastemos servirá.

El siguiente paso sería que los testimonios de las mujeres no fueran invalidados desde el minuto cero, no creídos, o como mínimo escuchados con cierta perspicacia por los juzgadores, sin no vas con el ojo morado o una puñalada en la pierna. Pero eso ya, para otra columna.