El opinador Guillem Bota
Antich el antiguo no se entera de nada
"La lengua catalana es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos, no digamos en manos de quienes no son políticos pero juegan a serlo, como el vetusto Antich"
Ya escribí una vez por aquí que los independentistas catalanes son gafes, basta con que persigan con saña un objetivo, para que suceda justo lo contrario.
Para mí que es un castigo divino, a Dios no le gusta que haya demasiados pueblos que se crean elegidos.
Tanto da que esos independentistas se llamen ANC, Òmnium, caja de resistencia, Casa de la República o aquello a lo que llamaron mayoría soberanista en el Parlament, no hay manera de que nada les salga según lo planeado.
Esta vez ha sido Òmnium Cultural quien llevó hasta los tribunales europeos la aplicación en la escuela del 25% de clases en castellano, esperando que esta medida fuese considerada ilegal, y el resultado ha sido que Europa ha dictaminado que ese 25% debería cumplirse a rajatabla, y no con el actual paripé que tienen montadas las escuelas con el beneplácito de la Generalitat, la cual mira para otro lado ante el incumplimiento de la ley.
O sea, han conseguido lo contrario de lo que pretendían. Lo que se dice ir a por lana y salir trasquilados. Si esos chapuzas forman el Òmnium Cultural, no quiero ni imaginar cómo será el Òmnium Ignorante.
Claro que su presidente se apellida Antich, lo que en catalán arcaico vendría a significar antiguo, y realmente solo a alguien desfasado, obsoleto, vetusto y viejo se le puede ocurrir que al catalán se le defiende con leyes e imposiciones.
Antich es tan antiguo que se encuentra totalmente desconectado de la sociedad actual, al igual que la cuadrilla que dirige, esa momia anclada en el pasado llamada Òmnium. Si los omnibuses -o como se llamen los pobres incautos que pagan religiosamente la cuota- pisaran la calle o las escuelas, se darían cuenta al instante de que la lengua catalana está perdiendo usuarios precisamente como reacción a las políticas que pretenden imponerla.
Cuando esas bandas mafiosas llamadas Òmnium, ANC, Plataforma per la Llengua y otras parecidas, se dedicaban a promocionar el catalán y a organizar cursillos, los jóvenes hablaban esta lengua sin ningún problema, alternándola a veces con el castellano.
Desde que han puesto sus pezuñas sobre el idioma catalán, mediante denuncias, sanciones, escraches y amenazas, su uso está disminuyendo. La razón es muy simple: a los ciudadanos les encanta la libertad.
Tanto da que Europa haya dicho claramente que en Cataluña no se cumple la ley por lo que respecta al castellano en la escuela, eso no supone ningún problema, ya que a la Generalitat le importa un pimiento la legalidad o la ilegalidad de la inmersión lingüística, como ha demostrado con creces desde Jordi Pujol, gobierne quien gobierne.
En ese sentido, las cosas van a seguir igual. Lo que son incapaces de percibir, tanto el antiguo Antich como el flamante Illa, es que eso da lo mismo, que pueden incumplir la ley tantas veces como quieran, porque con ello no solo no van a beneficiar al catalán, sino que lo van a seguir perjudicando.
Pueden poner a los maestros a espiar qué idioma hablan los escolares a la hora del patio, pueden sancionar a los comerciantes que rotulan en la lengua que les da la gana, pueden incluso darle la tabarra al Papa para que diga Pare Nostre en lugar de Padre Nuestro, y hasta pueden exigir a quien opte a plaza de jardinero o de cuidador de cementerio, que disponga de un certificado de catalán. Todo eso será arar en el mar.
La lengua catalana es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos, no digamos en manos de quienes no son políticos pero juegan a serlo, como el vetusto Antich. Con amigos como ese, al catalán no le hacen falta enemigos.