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Toni Bolaño, con Sílvia Orriols de fondo

Toni Bolaño, con Sílvia Orriols de fondo

Pensamiento

¿Quién ganará los caucus en la derecha independentista?

"Aliança Catalana podría alcanzar las 30 alcaldías y más de 300 concejales. Todo un tsunami en el partido de Puigdemont, que tiene tintes de tragedia griega en unas autonómicas con una Aliança disparada que relegaría a Junts al ostracismo en el Parlament"

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Esa es la gran pregunta ante las elecciones municipales de 2027 que se celebrarán el 30 de mayo. Carles Puigdemont y su tropa de Junts per Catalunya gozaban de una absoluta mayoría desde 2017 en este espacio político hasta que empezó a tener grietas en las municipales de 2023 y autonómicas de 2024.

En ese momento, en Junts consideraron que la Virgen Gótica, como la califica Iván Redondo, era solo una anécdota grotesca y que no representaba ningún peligro.

Como tantas otras veces, se equivocaron. Silvia Orriols solo tiene dos diputados en el Parlament, una alcaldía -la que desempeña ella misma en Ripoll- y representación en un par de ayuntamientos más.

Junts los despreció. Entonces, no solo era la segunda fuerza en el Parlament ganando en el 77% de los municipios -726- en las elecciones de 2024, sino que en el mundo municipal los juntaires gobiernan en 334 municipios catalanes y tienen casi 2.700 concejales.

La mayoría de estos consistorios son pequeños núcleos de población, con las excepciones de Sant Cugat, Olot y Vic. Y ahí radica su principal problema. Aliança Catalana está siendo muy activa en toda Cataluña y hace un especial esfuerzo en el Eix Transversal. La C-25 desde Cervera hasta Girona, pasando por Osona, se está convirtiendo en un caladero de votos para la formación ultraderechista y en un mal de cabeza para los juntaires.

En esta zona, la mordida de Aliança Catalana podría alcanzar las 30 alcaldías y más de 300 concejales. Todo un tsunami en el partido de Puigdemont. Un tsunami que tiene tintes de tragedia griega en unas autonómicas con una Aliança disparada que relegaría a Junts al ostracismo en el Parlament.

En el área metropolitana de Barcelona, y de Tarragona, las perspectivas de las hordas de Orriols no son para tirar cohetes, pero un mordisco de aquí y de allá puede ser letal para Junts per Catalunya, que se ve acosado por los ultraderechistas independentistas e, incluso, por el ascenso de Vox, que reduciría sus posibilidades de obtener representación en poblaciones con mayor densidad de población.

Ante este escenario, Junts no sabe reaccionar. El claro ejemplo es Barcelona, donde han abierto unas primarias en lenguaje oficial y una lucha cainita por el liderazgo de la candidatura en un “todos contra Jordi Martí”. Puigdemont, de una forma u otra, ha apadrinado hasta tres candidatos para descabalgar al candidato de Xavier Trias.

Hay una máxima que dice que primero es lo importante y, luego, lo urgente. La Matriz de Eisenhower recomienda clasificar los temas pendientes según su impacto y tiempo límite. Lo que es importante te acerca a tus objetivos, lo urgente exige atención inmediata. Hay que dedicar todos los esfuerzos a lo importante para evitar que se vuelva urgente.

O sea, lo importante era definir un candidato potente para afrontar lo urgente, que serán las elecciones con la irrupción de Aliança Catalana y un Vox crecido. Orriols ha deshojado la margarita tras varios fiascos en la elección del candidato, con portazos incluidos de candidatos independientes que se han alejado de su cáliz, y ha elegido a Jordi Aragonès, dicen que ideólogo de la cosa, para las municipales. Todavía no conocemos si lo postula el partido o se postula en primera persona.

Sea como fuere, el ungido por la Virgen Gótica tendrá el viento de cola, mientras que Martí, si sale elegido, le segarán la hierba bajo sus pies y, si es otro candidato/a el triunfador, la hierba se la segará él mismo, sin ayuda de nadie, porque Junts sigue altivo navegando en medio de un remolino que lo está arrastrando. Al final, Puigdemont se dará cuenta de que lo urgente se lo comerá -Aliança Catalana- porque no ha sabido gestionar lo importante.

Tampoco parece que los de Puigdemont presten atención al goteo -continuo- de militantes y concejales de Junts que, por supervivencia, se están apuntando, con mayor o menor estruendo, a lo que ya ven como candidatura de referencia, y ganadora.

Junts tiene pinta de ser un enfermo terminal y el equipo médico no acierta con la medicación. En autonómicas caerán en picado, pero con su estrategia tiene pinta que los caucus municipales del mundo independentista de derechas tendrán un nuevo ganador y referente. Por ello su empecinamiento en forzar unas generales antes que municipales. Como no se presenta Aliança podrán sacar músculo y, además, cuentan con el regreso de Puigdemont tras la sentencia del TJUE en julio.

Quién iba a decir que la esperanza de Junts pasa por Madrid.