Andrea Rodés y una imagen del Liceu, en las Ramblas de Barcelona
16 minutos
"Un estudio muestra que ninguna ciudad de Cataluña tiene un tiempo de respuesta tan lento como su capital cuando se trata de emergencias. Desde que alguien llama al 112 o al 061 hasta que llega la primera unidad de asistencia médica, en Barcelona se tarda un promedio de 15,18 minutos"
El martes pasado volví al Liceu. Esta vez, para ver Aci, Galatea e Polifemo, de Georg Friedrich Händel, un oratorio dramático basado en la mitología griega que se estrenó en Nápoles entre mediados de mayo y mediados de julio de 1708.
Mi padre sabe que me gusta mucho Händel (recuerdo que me compró el CD de su Música para los Reales Fuegos Artificiales cuando estudiaba en Londres y lo escuchaba en bucle con mi amiga griega, Christina, una adicta a la música barroca y a la novela negra que me acostumbró a añadir queso feta en cada plato).
Me sobraba una entrada, así que me acompañó mi amigo Albert, que esa noche dejó aparcada en casa su faceta anarcosindicalista para disfrutar de una noche en la ópera y contagiarse de un poco de glamour, además de aguantar mis divagaciones de Bridget Jones senior hasta que se apagaran las luces y sonara el popular “Senyores i senyors, l’espectacle és a punt de començar”.
Así fue como ocurrió todo, excepto que el espectáculo no comenzó. Numerosas personas en primera fila se habían levantado de sus asientos y se escuchó un murmullo in crescendo. Al parecer, alguien estaba tumbado en el suelo y requería asistencia sanitaria.
Los asistentes de sala y de seguridad se encargaron de mantener el orden. Volvieron a encenderse las luces. El murmullo aumentaba. Siete minutos después, nos confirmaron por megafonía que, debido a una emergencia médica, el espectáculo no podía empezar aún y nos pedían paciencia. Había que esperar la llegada del equipo de emergencias (112). ¿Y cuánto tiempo tardó? 16 minutos (la llamada al 112 por parte del servicio médico del teatro se produjo a las 19:37 h, el personal de la ambulancia llegó a las 19:53 h, según fuentes del Liceu).
“Seguro que es por culpa de las obras de la Rambla”, especulaban las mujeres sentadas a mi lado para explicar la tardanza.
Lo cierto es que 16 minutos, sumados a los siete anteriores, en los que acudieron a ayudar el personal de sala y el servicio médico del teatro, me parecieron una eternidad desde mi butaca. Sin embargo, al revisar los datos esa noche, descubrí que ese tiempo no era una anomalía, sino prácticamente la norma en Barcelona.
Según un estudio de investigación de elDiario.es, a partir de todos los registros de llamadas al Sistema d'Emergències Mèdiques (SEM) de los últimos cinco años, en Cataluña (1,8 millones de alertas que requerían ambulancias desde 2019 hasta 2023), los tiempos de espera han aumentado desde 2019, siendo más largos tanto en las áreas rurales de difícil acceso como en Barcelona.
El estudio muestra que ninguna ciudad de Cataluña tiene un tiempo de respuesta tan lento como la capital cuando se trata de emergencias. Desde que alguien llama al 112 o al 061 hasta que llega la primera unidad de asistencia médica, en Barcelona se tarda un promedio de 15,18 minutos. Solo en los municipios con menos de 25.000 habitantes se observa un tiempo de respuesta más largo, ya que muchos de ellos no cuentan con ambulancias en sus centros de salud.
Para mi sorpresa, y para la mayoría de los espectadores del martes en el Liceu, el afectado que se llevaron en camilla por el pasillo central no era una persona de 70 para arriba, como buena parte del público. Era una persona joven, que habría sufrido una caída y no podía moverse. Un caso “poco” grave. Según los estándares de calidad del SEM, el tiempo entre la llamada y la llegada del vehículo debe ser inferior a 20 minutos en casos de máxima prioridad.
Todo quedó en un susto (y en 40 minutos de retraso). La realidad, sin embargo, sigue siendo que Barcelona, según expertos consultados por elDiario.es, sufre una ratio de ambulancias por persona insuficiente (4,37 por cada 100.000 habitantes), lo que, sumado a la mayor actividad en sus calles, y el tráfico denso que hay en el centro a determinadas horas, explicaría el tiempo medio de demora superior con respeto a otras ciudades catalanas. Las obras de la Rambla no pueden ser una excusa.